Las fechas de las fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy vuelven a dividir a la ciudad. Mucho antes de la histórica crisis del calendario de 1997, en 1964 la Asociación de San Jorge ya planteó trasladar las fiestas al fin de semana. El objetivo entonces era atraer a más visitantes -"los espectadores también cuentan", se decía por aquel tiempo-. Para 2027 el Ayuntamiento ha acabado proponiendo que los festejos se celebren en fin de semana, después de haber defendido inicialmente las fechas tradicionales. Pero el motivo ya no es el mismo: permitir que puedan participar los alcoyanos que residen fuera, muchos de ellos obligados a emigrar por la falta de oportunidades en su ciudad. La diferencia entre ambas justificaciones, separadas por 62 años, retrata por sí sola la evolución económica, laboral y social de Alcoy.
Vaya por delante mi postura personal sobre las fechas de las fiestas de San Jorge. Ya la expuse hace más de diez años, en un artículo titulado "La tercera vía". Defendía un acuerdo en el que todas las partes cedieran y las fiestas se celebrasen en fin de semana únicamente cuando la trilogía coincidiera íntegramente con días laborables. Es decir, cuando los dos festivos locales fueran insuficientes para cubrir los tres días de celebración. O lo que es lo mismo, casi todos los años. Pero no siempre.
Ese mismo espíritu quedó recogido en el actual estatuto de la Asociación de San Jorge, en cuya redacción me honra haber participado. El artículo 14 del reglamento establece: "Se celebra [la fiesta] como es tradición los días 22, 23 y 24 de abril, salvo que la Pascua de Resurrección lo sea en fecha muy retrasada, alguna circunstancia extraordinaria lo aconseje o los tres días festivos caigan entre semana".
En aplicación de ese precepto, la Asociación de San Jorge hace cada año lo mismo cuando la Pascua no obliga a modificar el calendario: propone al Ayuntamiento celebrar las fiestas los días tradicionales. Por tanto, es falso que para 2027 la institución haya formulado una petición extraordinaria por el cierre del 750 aniversario del patronazgo de San Jorge. La Asociación no ha cambiado de criterio, pese a lo que algunas voces sostienen, ya sea por desconocimiento o por mala fe. Quien sí lo ha hecho es el Ayuntamiento.
Durante los últimos años, el Consistorio nunca ha aceptado la propuesta de la Asociación. Siempre ha apostado por trasladar las fiestas al fin de semana. Y lo ha hecho respaldándose en el Consejo Económico y Social (CES), que sistemáticamente ha rechazado las fechas tradicionales y, en sintonía con el Gobierno local del PSOE, ha propuesto un calendario alternativo que posteriormente ha sido aprobado por el pleno.
Sin embargo, para 2027 el alcalde y el Consejo Económico y Social cambiaron inicialmente de criterio. Antonio Francés aseguró que el 23 de abril sería festivo con motivo del año jubilar concedido por el Vaticano con ocasión del 750 aniversario. El CES, apelando también al carácter excepcional de la efeméride, respaldó que las fiestas se celebrasen los días 22, 23 y 24 de abril. Qué casualidad.
Menos de un mes después, el alcalde ya no se ha atrevido a llevar esa propuesta al pleno y algunas voces destacadas del Consejo se han mostrado contrarias a las fechas que el propio órgano había aprobado. Habrá una nueva reunión para pronunciarse sobre la última propuesta del Ayuntamiento: celebrar las fiestas los días 24, 25 y 26 de abril, renunciando además a que el 23 de abril sea festivo en Alcoy. Todo apunta a que el Consejo volverá a asumir el papel que viene desempeñando desde hace años: el de mero títere del Gobierno municipal.
Resulta preocupante que una parte de la sociedad no acepte decisiones adoptadas democráticamente. Se argumenta que en la primera votación del Consejo no hubo unanimidad. Lo que no se explica es si la unanimidad que se pretende es la que caracteriza a regímenes como el de Corea del Norte.
La realidad es que, mientras los defensores de las fechas tradicionales -habitualmente tachados de carcas, cavernícolas o prehistóricos- han aceptado desde 2013 que las fiestas se celebren en fin de semana, quienes se presentan como adalides de la modernidad no han sido capaces de asumir que un año excepcional puedan celebrarse del 22 al 24 de abril. Al parecer, las decisiones solo son democráticas cuando coinciden con los propios intereses. Si no gustan, se cambian. Eso tiene un nombre: intolerancia. Y, con independencia del asunto que esté en discusión, resulta profundamente inquietante.
Es evidente que organizar las fiestas entre semana resulta más complejo que hacerlo en fin de semana. Ahora bien, tampoco conviene exagerar las dificultades. Centenares de músicos valencianos piden días libres para participar en las procesiones de Semana Santa que se celebran en Andalucía durante jornadas laborables en la Comunitat Valenciana. Lo mismo sucede con los carroceros, que aparentemente no encuentran dificultades para atender las miles de cabalgatas que cada 5 de enero recorren las calles de ciudades y pueblos de toda España.
En el otro lado, los defensores de las fechas tradicionales apelan a una cuestión de identidad. Recuerdan que las grandes fiestas españolas no modifican su calendario. Citan San Fermín, las Fallas o las Hogueras. Cambiar las fechas en Alcoy supondría, según ese razonamiento, rebajar el rango de la fiesta. Es un argumento potente. Pero no del todo consistente.

- Uno de los ballets del desfile de la Entrada Cristiana de 2026. -
- Foto: MIGUEL ÁNGEL VALERO
Alcoy constituye referente de un modelo festero singular: tres días de frenética actividad prácticamente ininterrumpida que comienzan a las cinco de la madrugada del primer día y concluyen bien entrada la noche del tercero. Difícilmente puede compararse con celebraciones que se prolongan durante más de una semana, con escasos actos matinales o con actividades dedicadas a un público específico, principalmente infantil. Basta con consultar los programas de Fallas o San Fermín para comprobar hasta qué punto responden a modelos completamente distintos.
También es cierto aquello de que hace más quien quiere que quien puede. Ahí está el ejemplo de Banyeres, que cada año celebra sus fiestas de San Jorge del 22 al 25 de abril. En 2017, el municipio decidió mediante referéndum mantener el calendario tradicional. En Alcoy, el PSOE llegó a plantear una consulta similar en 2014 que incluso fue autorizada por el Gobierno central. Nunca llegó a convocarla. Y, como tantas otras veces, nunca explicó por qué. Al PSOE de Alcoy le resulta más rentable responsabilizar a la Generalitat por no declarar festivo autonómico el 23 de abril que ejercer las competencias que sí le corresponden.
Después de reabrir el debate sobre el calendario y de la polémica generada, quizá haya llegado el momento de cerrarlo definitivamente mediante un referéndum. Que la decisión responda a un pronunciamiento democrático y no al criterio del alcalde de turno o al de una élite política, empresarial y sindical. Si la fiesta es del pueblo, que decida el pueblo. Y que todos, sin excepción, acepten el resultado.
En 1964, la Asociación de San Jorge proponía que, si las fechas cambiaban, las fiestas se celebrasen siempre en domingo, lunes y martes. Se buscaba llenar las Entradas y permitir que las fábricas de aquella Alcoy industrial, capaz de ofrecer trabajo tanto a sus vecinos como a quienes llegaban de fuera, cerrasen únicamente los dos festivos locales. En pleno siglo XXI, la propuesta pasa por celebrarlas siempre en sábado, domingo y lunes. El objetivo ya no es atraer visitantes, sino facilitar el regreso de los alcoyanos que viven fuera y permitir que una ciudad cada vez más dependiente del sector servicios pueda disfrutar plenamente de su trilogía.
Ese cambio de motivos debería preocuparnos mucho más que la fecha concreta en la que se celebran las fiestas. Porque el esplendor de la Nostra Festa dura tres días. Pero la decadencia de la ciudad resuena, incesante, durante los otros 362.
Juan Enrique Ruiz es periodista y profesor