Es difícil creer que el grupo municipal de Vox en el Ayuntamiento de Alicante así como el grupo parlamentario en Les Corts tenga autonomía suficiente como para poner en marcha una cacería contra el alcalde de Alicante, el popular Luis Barcala, sin el visto bueno de la central de Madrid presidida por Santiago Abascal, el mismo que es capaz de aprobar los presupuestos del partido por whasap, sin debate alguno: a la búlgara. Me refiero al mayúsculo escándalo de las viviendas protegidas en Playa San Juan. Estos días ya ha dejado claro quien manda en el partido es la dirección a propósito de la expulsión de Ortega Smith. Y la dirección es Él y solo Él.
Alicante, y la Comunidad Valenciana por extensión, es plaza fuerte para los ultras. En el Consistorio alicantino disponen de cuatro ediles encabezados por Carmen Robledillo. Y en Les Corts son 13 comandados por José María Llanos. En ambos casos son imprescindibles para que Barcala sea alcalde y para que Juanfran Pérez Llorca sea jefe del Consell. Parece que la formación ultra le ha tomado la delantera a las formaciones de izquierda no solo ya con lo de las comisiones de investigación (sobre todo en Les Corts), sino con reclamar machaconamente la dimisión de Barcala. Parece; pudiera ser que los periodistas lo destacamos más ya que ambas formaciones son amiguitas y aprueban conjuntamente los presupuestos. A Barcala se le ha retorcido un poco el tema tras publicar el diario.es que su esposa compró en 2006 una vivienda protegida destinada, sí o sí, para un alquiler tasado. Un poco, de momento.
¿Por qué no incluyen en el lote del escándalo a la consellera de Vivienda y vicepresidenta del Consell Susana Camarero cuyo departamento expidió los visados para el resort de Les Naus? Al final lo pagará el técnico de los servicios territoriales de Vivienda en Alicante que es el que repartió el bacalao y selló las visas, adjudicando de paso un pisazo a su esposa, arquitecta municipal, bajo el obsceno pretexto de que convivían en régimen de separación de bienes.
Los ultras necesitan desesperadamente trofeos: uno de ellos es ponerse del lado de los más humildes que han tenido que alucinar con el selecto club que se lanzó a las viviendas protegidas de Les Naus en modo de abordaje. Un club de “jetas” en expresión empleada por el presidente de la Generalitat. Quedan así como defensores de los currantes (y de un sector más grande o más pequeño de votantes del PSOE), una capa social de la que cada vez más extraen votos; los 'fachapobres' como los llama Jorge Bustos. Y de paso, o de manera simultánea, marcan distancias con el PP tomando como referencia una de las capitales más importantes de España como es Alicante.
No hay que ser un genio del análisis político de que todo está entramado con vasos comunicantes: es un aviso también para la ganadora de las elecciones extremeñas, María Guardiola, para que trague con todo lo tragable. Ahí tenemos a la doña, con humos rebajados, hablando del “feminismo de Vox”, paradoja donde las haya. Los ultras no son feministas por la sencilla razón de que niegan taxativamente el dominio histórico del hombre sobre la mujer: un rol dominante y un rol pasivo. Una construcción cultural (que en el ámbito académico se llama “género”) tejida a lo largo de los siglos. Y eso es lo que cree Guardiola y la mayoría de mujeres del PP. Pero bueno, pulpo como animal de compañía.
Abascal, y su selecta camarilla, están ebrios de poder. Como en su día lo estuvo Albert Rivera cuando creyó que iba a dar el sorpasso al PP de Mariano Rajoy, y sobre todo el de Núñez Feijóo. Rivera, envalentonado como estaba por el Ibex-35 y algún que otro aliado exótico como el diario El País. Todo se deshizo como un azucarillo en una taza de café porque adelantar a los populares era una mera ensoñación al no disponer de unas bases sólidas. En la formación naranja entraba cualquiera, incluidos algunos analfabetos funcionales.
A Vox no le va a pasar lo que a Ciudadanos porque la derecha extrema y extremada es un fenómeno alcista en toda Europa, gobiernan en Hungría, Italia (aunque Meloni es firme europeísta), y Eslovaquia (el presidente ultra, Peter Pellegrino, cohabita con un gobierno socialdemócrata), van a ser decisivos en Reino Unido, en Francia, y lo han sido en Países Bajos y Polonia (bueno, en Polonia pasa lo mismo que en Eslovaquia ya que el jefe de Estado, Nawrocki, es populista ultra-conservador). Es un fenómeno alcista, decíamos, lubricados todos con sumo regusto por el autócrata Donald Trump.
Abascal quiere entrar a saco en el Gobierno extremeño como lo va a querer hacer en el Gobierno de España si se confirman las encuestas que apuntan a una horquilla entre 60 y 70 diputados. C's llegó a 57, desperdiciando en abril de 2019 la oportunidad histórica de una gran coalición con Pedro Sánchez; la animadversión era recíproca. Y eso les costó, a los de Rivera, cualquier ápice de credibilidad.
¿Y que tiene que ver todo esto con las escandalera de las VPP de Playa San Juan de Alicante?. Pues tiene que ver todo. Vox se encuentra en búsqueda activa de nichos de mercado para atenazar a Feijóo. También a Guardiola, a Azcón en Aragón (con menos bullicio que en Extremadura) y a Fernández Mañueco en Castilla León con elecciones autonómicas en tres semanas.
CODA: La evolución de la economía española es positiva y se debe en buena parte a la inmigración que es imprescindible. No lo digo yo, lo ha dicho en un foro en València Luis de Guindos vicepresidente del Banco Central Europeo y exministro de Economía con Rajoy.