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TRIBUNA LIBRE

Plantar árboles (y dejar que den sombra)

Publicado: 19/03/2026 ·06:00
Actualizado: 19/03/2026 · 06:00
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"Alguien está sentado hoy a la sombra porque alguien plantó un árbol hace mucho tiempo". La frase, atribuida a Warren Buffett, suele citarse en el mundo de la inversión para explicar el valor del largo plazo. Pero también sirve para entender uno de los debates fiscales más recurrentes en la España actual, el de la legitimidad de la herencia.

En los últimos años, algunos partidos situados en posiciones muy a la izquierda han planteado que la transmisión patrimonial es, esencialmente, un mecanismo de reproducción de desigualdades. Bajo esa premisa, el debate público suele centrarse en cuánto debe gravarse la herencia o hasta qué punto debería limitarse.

Sin embargo, esa discusión suele pasar por alto una cuestión económica básica que hay que responder en primer lugar: ¿por qué existe la herencia?

Desde el punto de vista microeconómico, una parte significativa del ahorro de las familias responde a lo que los economistas llamamos bequest motive, el deseo de dejar algo a los hijos. Ese motivo influye directamente en decisiones que afectan a toda la vida económica de una persona: cuánto ahorrar, cuánto invertir o qué riesgos empresariales asumir.

Cuando las personas saben que el patrimonio que construyen puede beneficiar a su siguiente generación, el incentivo a acumular capital aumenta. Cuando esa expectativa se debilita, también lo hace la disposición a ahorrar durante décadas. La respuesta no es irracional, es una reacción lógica a los incentivos.

El efecto no se queda en el ámbito individual. A nivel macroeconómico, la transmisión intergeneracional del patrimonio contribuye a sostener procesos largos de acumulación de capital. Parte del stock de capital de una economía —empresas, patrimonio inmobiliario o ahorro financiero— se construye precisamente bajo esa lógica de continuidad entre generaciones.

Esto se observa con especial claridad en el caso de las empresas familiares, que constituyen una parte muy relevante del tejido productivo valenciano. Muchas de ellas se han construido durante décadas bajo la expectativa de que el proyecto empresarial pueda mantenerse dentro de la familia. Cuando esa continuidad se rompe, no es extraño que aparezcan procesos de fragmentación del capital o venta de activos.

Nada de esto significa que el debate fiscal sobre la herencia carezca de sentido. Ese debate es legítimo. La transmisión patrimonial tiene implicaciones distributivas y su tratamiento fiscal puede discutirse. Pero reducir la herencia únicamente a un problema de desigualdad ignora algo esencial, su papel en la estructura de incentivos que sostiene el ahorro y la inversión a largo plazo.

Porque las economías no acumulan capital de forma automática. Lo hacen cuando millones de decisiones individuales de ahorro e inversión se mantienen durante décadas.

La metáfora de Buffett, en ese sentido, es bastante precisa. Las sociedades prósperas suelen ser aquellas en las que muchas personas están dispuestas a plantar árboles cuyos frutos quizá no disfrutarán plenamente.

Y lo hacen porque saben que alguien cercano —sus hijos o sus nietos— podrá sentarse algún día a la sombra.

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