Opinión

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Periodistas queman su credibilidad en las Fallas

Publicado: 17/03/2026 ·06:00
Actualizado: 17/03/2026 · 06:00
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Hay fotos que huelen a pólvora y otras que huelen a la carcoma del paso del tiempo. La imagen de estas Fallas, con periodistas y la plana mayor del PSPV posando bajo el sol de València, huele a algo peor: a claudicación. Muchos en redes sociales se preguntaban cómo iban a ser independientes esos mismos informadores que se codeaban con los dirigentes a los que tenían que auditar. No era una escena fortuita, improvisada o imprevista; estaban posando. Parecían un grupo de amigos pasando el día, uno de tantos de los que peregrinan estos días a la capital del Turia: unos queman en la hoguera sus malos sentimientos; otros, su credibilidad.

 

No veo mal que los periodistas charlen con los políticos, incluso que se tomen cafés con ellos; al final, no dejamos de ser humanos y somos seres sociales por naturaleza. El problema está en el alarde, en la ruptura pública de la cuarta pared, en la demolición de la ventana discreta entre gobernantes y el cuarto poder. No podemos caer en los remilgos de periodistas como Carlos Alsina, que rechaza ir a galas y eventos sociales para proteger su figura de contaminaciones políticas, pero tampoco es de recibo regodearse en la amistad con el diputado de turno. Es ahí cuando las filias personales bloquean la labor fiscalizadora que debe tener todo periodista. Hay compañeros de profesión que me han reconocido sentir vértigo al entrevistar a un político con el que tienen buena relación. Es como si el árbitro de fútbol no pudiera arbitrar cada vez que audita un partido del equipo de un amigo; seguro que hay colegiados que tienen relación con futbolistas, pero nunca hemos visto a Mateu Lahoz hacerse una foto con ninguno. Si saliera publicada una estampa de un árbitro posando con el delantero centro del Real Madrid, sería un escándalo. Lo mismo tendría que suponer encontrarnos escenas de periodistas acaramelados con la delegada del Gobierno. Cuando un colegiado pose con un futbolista y no produzca sonrojo, será motivo de pensar que los partidos de fútbol no están auditados por nadie y no nos sorprenderá que se tomen decisiones discrecionales a favor del equipo del delantero de la foto. No nos supone una sorpresa que Javier Ruiz pose con los pesos pesados del socialismo valenciano, porque damos por hecho que hay periodistas de izquierdas y de derechas.

 

Aplaudimos a profesionales de la información cuando aprietan a unos y masajean a otros en función de su afinidad política. Ojalá en el gremio periodístico tuviesen el mismo recelo con los activistas que son licenciados en periodismo que con los que hacen periodismo sin tener la carrera. No sé con cuál prefiero quedarme. La sociedad ya ha elegido: si los canales de YouTube y las redes sociales están quitando adeptos a los medios de comunicación tradicionales es porque en la nube tenemos a periodistas independientes como David Jiménez y en la televisión tenemos a hooligans como Sarah Santaolalla. No verán nunca una foto de verbena del exdirector de El Mundo con un político.

 

Las amistades peligrosas entre políticos y periodistas están cargando ideológicamente informaciones para el uso y disfrute del partido político de turno o, más bien, para los intereses creados. A nivel nacional, es curioso cómo diferentes medios están creando un relato, en ocasiones cargado de manipulación, que busca derrocar al Gobierno de Pedro Sánchez; réplica que se hace para el otro bando en la Comunitat Valenciana con el fin de desgastar al gobierno del PP. No quieren informar, sino servir. Esa sumisión de "mayordomo del poder", que diría Javier Marías, es lo que provoca la amnesia de que al periodismo no se viene a hacer amigos; que se deben fotografiar las vergüenzas de los gobernantes, no nosotros con ellos.

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