En los últimos años he asistido —y también he impulsado— decenas de encuentros de networking femenino. Salas llenas, agendas completas, talento evidente.
Y, sin embargo, cada vez me hago más una pregunta incómoda: ¿cuánto de ese networking se convierte realmente en poder?
Porque si algo hemos conseguido, sin duda, es visibilidad. Las mujeres estamos más presentes, más conectadas, más preparadas. Pero cuando uno observa con cierta distancia los espacios donde realmente se toman decisiones —consejos de administración, comités ejecutivos, alta dirección— la realidad sigue siendo otra.
Y ahí es donde aparece la disonancia.
El problema no es que el networking no funcione; el problema es que no está diseñado para producir ese salto cualitativo hacia los espacios donde se define la estrategia empresarial"
Hemos construido ecosistemas muy activos de networking, pero no siempre diseñados para generar acceso real a los espacios de influencia. Hemos confundido visibilidad con capacidad de decisión. Estar no es lo mismo que decidir.
El networking actual, en muchos casos, es horizontal, cómodo, incluso necesario. Nos conecta, nos apoya, nos hace visibles. Pero el poder funciona con otras reglas. Es más selectivo, más estratégico y, sobre todo, más exigente en términos de preparación y posicionamiento.
El problema no es que el networking no funcione. El problema es que no está diseñado —al menos no siempre— para producir ese salto cualitativo hacia los espacios donde se define la estrategia empresarial.
Y ese salto no es menor.
Porque liderar no es solo gestionar equipos o participar en foros. Liderar es tomar decisiones con impacto, interpretar información compleja, negociar en contextos de presión, entender la lógica financiera de una organización y sostener el criterio en entornos de alta exigencia.
Ese es el verdadero punto de inflexión.
No queríamos organizar otro espacio de networking. Queríamos construir un espacio de preparación real para el liderazgo"
Por eso, si queremos avanzar, necesitamos evolucionar también la forma en la que entendemos el desarrollo del liderazgo femenino. No basta con generar espacios de encuentro. Es imprescindible profesionalizar esos espacios, dotarlos de objetivos claros y, sobre todo, conectar el networking con el acceso real a oportunidades.
Pasar del contacto a la recomendación.
De la visibilidad al posicionamiento.
Del networking al sponsorship.
Porque no necesitamos más agendas llenas. Necesitamos más mujeres sentadas en las mesas donde se decide.
Por eso, este año hemos decidido ir un paso más allá.
No queríamos organizar otro espacio de networking. Queríamos construir un espacio de preparación real para el liderazgo.
Un programa que no se queda en la conversación, sino que trabaja lo que de verdad marca la diferencia: visión estratégica, toma de decisiones, negociación, liderazgo de equipos, lectura financiera o gestión en entornos de alta exigencia.
Porque el salto no es de visibilidad. Es de criterio.
Y ese salto exige algo más que contactos: exige preparación, enfoque y una posición clara en la mesa donde se decide.
Hoy, cuando quedan las últimas plazas, la reflexión es sencilla: no se trata de estar en el entorno… Se trata de estar preparada para liderarlo.
Si esta reflexión te interpela, puedes escribirme a isabelm.martinez@um.es
Empezamos en breve.
Isabel Martínez Conesa
Catedrática de Universidad
Directora de la Cátedra de Mujer Empresaria y Directiva