Opinión

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En la frontera

Las bestias

Publicado: 05/04/2026 · 06:00
Actualizado: 05/04/2026 · 06:00
  • Lamine Yamal durante el partido contra Egipto
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Bochornoso el espectáculo que se pudo ver el otro día en Barcelona en un partido amistoso entre la selección española y la de Egipto: un sector del graderío a grito pelado con lo de “bote, bote, bote, musulmán el que no bote”. Los descerebrados en el fondo no querían decir “musulmán” sino moro, pero resulta que los egipcios no son moros, acepción reservada para los árabes del Magreb, Marruecos y Argelia, también Mauritania que es el país del que se deriva (Maur) la palabra moro. O tal vez sí: los exaltados lanzaron una proclama anti-musulmana en un acto de sentimiento hiperbólico de catolicismo. Es irrelevante esto último. Al final lo que se produjo fue un “magnífico” cóctel de racismo y xenofobia.

 

Sea como fuere, todos los partidos políticos condenaron la salvajada, incluido Junts, a excepción de uno: Nox, en expresión certera y muy socarrona de Santiago Segura. El caso es que Ignacio Garriga  no abrió la boca.  Los de la ultraderecha están más entretenidos estos días en cómo taponar y minimizar la sangría de purgas que está llevando a cabo Abascal, a la manera de Stalin.  Y borrando el careto de Espinosa de los Monteros, de Ortega Smitch, Ignacio Camuñas, del murciano Antelo y de ciento y la madre. Hay mucho ruido con esto hasta el punto de que ya se baraja que los rebeldes monten su propio partido con Macarena Olona de madrina motera. Y Espinosa, el único que tiene dos dedos de frente, de líder.

 

Como no soy futbolero he tenido que empollarme lo que ocurrió en el encuentro amistoso. En la primera parte ya comenzaron los energúmenos a vomitar lo suyo. Pero resulta que el árbitro era búlgaro y no lo entendía, a pesar de que los árbitros auxiliares le avisaron (supongo que en inglés). Los reglamentos marcan que en un caso así hay que parar el partido. En el descanso bramaron por megafonía, y a través de la videocámara, que los insultos estaban fuera de lugar en tanto en cuanto entran en la categoría de delitos de odio. Segunda parte: las bestias volvieron a la carga y el búlgaro se  hizo de nuevo el búlgaro; fue incapaz de suspender el  partido y eso que una buena parte de la hinchada abucheó a las alimañas, “ignorantes y racistas” como proclamó luego en sus redes Lamine Yamal, confesándose musulmán (su padre es de origen marroquí y su madre de Guinea Ecuatorial, donde los musulmanes son minoría absoluta...).

 

“Qué nivel Maribel” exclamó por su parte Luis de la Fuente matizando al mismo tiempo que a esta gente hay que apartarla cuanto más lejos mejor”. Indignación generalizada en el mundo del fútbol y del deporte en general. No quiero resultar sermonero ni soltar una homilía, pero no podemos dejar pasar la gravedad de los hechos: no debemos permitir que las bestias campen a sus anchas con proclamas xenófobas en un espacio público, conscientes de que eso lo van a ver y escuchar millones de personas. Que se vayan a un descampado solitario. Por lo menos. O a las Chafarinas. 

 

Tampoco sirven los discursos atenuantes del tipo “joeer, es un partido y la gente se calienta, tampoco es para tanto”. No y no. La atenuación es en este caso la antesala directa de la complicidad. Es como cuando un acosador baboso le toca el culo a una mujer en la barra del bar y ésta le da un manotazo. Siempre hay un machirulo de guardia dispuesto a quitarle hierro al asunto, “joerr, si solo fue una palmadita”.  No.

 

El efecto colateral más grave es que la imagen de España ha quedado por los suelos en toda la prensa internacional. Vergüenza. Ya pueden emplearse a fondo los Mossos de Esquadra e identificar a los bárbaros para ponerlos a disposición judicial. Incluyamos al búlgaro.

  • El alcalde de Elche, Pablo Ruz, durante un pleno -

 El alcalde de Elche, el popular Pablo Ruz, está en todo su derecho de reclamar la abolición del aborto, en contra del sentir de la mayoría del PP que proclama su respeto por la llamada ley de plazos. Lo que no está en su derecho es en arrastrar a todo el grupo municipal ya que varios de los concejales opinan distinto. Todo por contentar una iniciativa de Vox donde se incluye al KKK local. Y el día de autos (el pasado lunes)  el portavoz del PSOE, Héctor Díez sin abrir la boca: uffff, qué duro. Le enmendaron la plaza rápidamente desde Alejando Soler hasta varias ministras. Y ahora el señor Díez quiere un pleno extraordinario para corregirse a sí mismo. Una tomadura de pelo, estimada María Pomares. Lo de Ruz ya lo he escrito un par de veces: debería autocontrolarse so riesgo de que el votante medio del centro-derecha acabe hasta el gorro de Él y se quede en casa el día de las elecciones.  Hay mujeres del PP que abortan del mismo modo que hay papás del PP que no tienen el mínimo problema por tener hijos gays. La próxima iniciativa de los ultras será la de pedir respeto, cuando no fomentar, las terapias de conversión.

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