Opinión

Opinión

L’Alfàs 2026: cuando la cultura es una política pública y no un adorno

Publicado: 22/04/2026 · 06:00
Actualizado: 22/04/2026 · 06:00
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

En l’Alfàs del Pi se está celebrando el proyecto “L’Alfàs 2026. Any Cultural”, una iniciativa que va mucho más allá de la simple conmemoración de efemérides. Lo que se pone en valor no son solo fechas señaladas, sino algo bastante más importante: una forma de entender la gestión pública.

Porque no hablamos únicamente del centenario del Espai Cultural Escoles Velles, ni de los 35 años de la Casa de Cultura, ni de aniversarios tan significativos como los del Museo Villa Romana, el Faro de l’Albir, el Centro Social de la Playa, La Cantera o el Centro de Educación Ambiental Carabineros. Hablamos, en realidad, de una trayectoria sostenida en el tiempo. De una política cultural coherente. De una convicción institucional mantenida durante décadas.

Quienes hemos tenido responsabilidades públicas en este ámbito sabemos bien que las infraestructuras culturales no nacen por casualidad ni por improvisación. Requieren visión, planificación y, sobre todo, voluntad política. Tuve el privilegio de ser concejal de Cultura cuando se impulsó la Casa de Cultura de l’Alfàs, y 35 años después el balance habla por sí solo: cuando existe compromiso político, la cultura deja de verse como un gasto y pasa a entenderse como lo que realmente es: una inversión.

Los datos lo avalan. Hoy l’Alfàs del Pi celebra 12 festivales al año. Doce. No es una cifra menor ni fruto del azar. Es la consecuencia directa de una estrategia cultural seria, estable y sostenida. Festivales con continuidad, con prestigio y con capacidad para generar identidad, participación y proyección exterior. El Festival de Cine, que alcanza ya su 38ª edición, es seguramente el ejemplo más visible, pero no es el único.

A ello se suma una red de infraestructuras sólida: 14 espacios culturales, de los cuales 8 son municipales. Espacios vivos, activos, pensados para la ciudadanía y puestos al servicio de la vida colectiva. Porque la cultura no consiste solo en programar actividades: consiste también en conservar la memoria, reforzar la identidad compartida y tender puentes entre generaciones.

En ese sentido, la reciente presentación del libro “Records escolars. Memòria i vida de les Escoles Velles” vuelve a recordarnos algo esencial: la cultura no es un lujo ni un complemento decorativo de la acción pública. Es memoria, es comunidad y es pertenencia.

Y l’Alfàs no es una excepción aislada. Municipios como Altea o La Nucía han entendido también que la cultura genera valor. Valor social, valor económico y valor territorial. La cultura atrae, cohesiona, dinamiza y proyecta. Mejora la calidad de vida y fortalece la imagen de un municipio mucho más que cualquier campaña improvisada.

Por eso resulta inevitable plantear una pregunta incómoda: ¿qué está ocurriendo en Benidorm? ¿Cómo es posible que uno de los grandes motores turísticos de la Comunitat Valenciana arrastre una política cultural claramente insuficiente? ¿Cómo se explica que una ciudad de su tamaño, de su peso económico y de su relevancia internacional siga ofreciendo un panorama cultural tan pobre en comparación con otros municipios del entorno?

La realidad es difícil de disfrazar: un centro cultural sin terminar, infraestructuras por debajo de lo que corresponde a una ciudad de su dimensión y decisiones políticas que revelan una preocupante falta de prioridades. El ejemplo más reciente es especialmente significativo: una partida destinada a mejorar las condiciones acústicas de salas culturales acaba desviándose para asfaltar calles. Y esa decisión no es neutra. Porque cuando se recorta en cultura no se recorta en ocio superfluo: se recorta en oportunidades, en cohesión social, en formación cívica y en calidad de vida.

Benidorm no puede permitirse esta inercia. No puede aspirar a liderar el turismo internacional mientras descuida su dimensión cultural. No puede presumir de modernidad mientras mantiene pendiente lo más básico en materia de infraestructuras culturales. Y no puede seguir tratando la cultura como un asunto secundario sin asumir el coste que eso tiene para su presente y para su futuro.

Lo entendieron quienes apostaron hace décadas por sembrar en l’Alfàs. Lo entienden hoy otros municipios que han hecho de la cultura una herramienta de transformación. Lo que falta en Benidorm no es capacidad, ni recursos, ni potencial. Lo que falta es una decisión política clara.

Como recordó Derek Bok, jurista y exrector de la Universidad de Harvard: “Si cree usted que la educación es cara, pruebe con la ignorancia.” Con la cultura sucede exactamente lo mismo. Nunca es demasiado costosa. Lo verdaderamente caro, lo irresponsablemente caro, es prescindir de ella.

 

Vicente Pérez Llorens es ex concejal de Cultura de l'Alfàs del Pi

Recibe toda la actualidad
Alicante Plaza

Recibe toda la actualidad de Alicante Plaza en tu correo

Hi ha partida