Ahora que estamos viviendo la crisis de Ceuta, y que el debate de la inmigración está en todos los ámbitos, y en la mayoría de los países de Europa, sería muy interesante que todo aquel que quiere afrontar el debate conozca la realidad de la provincia de Alicante. Como muchas de España, convertida en una tierra de oportunidad para muchos, pero que también ha sabido, en mayor medida, compatibilizar la integración de los ciudadanos europeos que han optado por elegir esta zona para residir, con la llegada de migrantes de otros continentes para trabajar. Y no hay mejor prueba que los datos para ver el peso y la importancia que ha tenido y tiene la población extranjera en la provincia de Alicante, por una sencilla razón. En la mayoría de los casos, ha aportado riqueza, bien para generar economía, bien para atraer a la mano de obra necesaria para determinados sectores. Pese a que el gran perjudicado, en mucho casos, ha sido el territorio por la depredación que ha sufrido, pero ese es otro debate.
La explicación de todo se halla en el informe Aproximación a la población extranjera en la provincia de Alicante 2026, publicado este septiembre por el Secretariado de Migración de la Diócesis Alicante-Orihuela, y elaborado por el experto en migraciones Pedro Juan Díaz Zaragoza y la socióloga María Victoria Barceló Mira. A grandes rasgos, el informe viene a decir que que la Comunitat Valenciana concentra una parte importante de la población extranjera de España, y que Alicante destaca especialmente, con 497.601 personas extranjeras, que representan el 24,5 % de su población, el porcentaje más alto de España.
En Alicante, la población extranjera procede principalmente de Europa (55,8 %) y América (22,9 %). Las nacionalidades más numerosas son Reino Unido, Colombia, Marruecos, Ucrania, Rumanía y Argelia, que juntas representan más de la mitad de la población extranjera de la provincia. También se observa un crecimiento importante de la población colombiana, mientras disminuye la británica.
La población extranjera se concentra especialmente en determinados municipios. Alicante, Torrevieja, Elche, Orihuela y Benidorm reúnen el 44,2 % de toda la población extranjera en la provincia. Además, existen municipios como Rojales donde la población extranjera supera ampliamente la mitad de los habitantes.
El texto también destaca la importancia de la inmigración para la demografía. En 2024, el 32,6 % de los nacimientos de Alicante fueron de madres extranjeras. Mientras el crecimiento vegetativo de la población española fue negativo, el de la población extranjera fue positivo, contribuyendo a reducir el descenso demográfico de la provincia.
En el ámbito laboral, había 135.550 trabajadores extranjeros afiliados a la Seguridad Social, el 17,8 % del total. Su presencia es especialmente importante en la agricultura y el trabajo doméstico: más de la mitad de las personas que trabajan en el campo y aproximadamente un tercio de las empleadas del hogar son extranjeras.
También tienen un peso específico en la educación: durante el curso 2024-2025 había 77.949 alumnos extranjeros, el 21,5 % del alumnado total de Alicante.
Finalmente, los datos provisionales de 2026 muestran que la tendencia no es algo puntual, sino que continúa: Alicante alcanza ya 534.254 personas extranjeras, que representan el 25,7 % de su población, manteniéndose como la provincia española con mayor proporción de población extranjera. Es decir, la conclusión es bastante clara: la inmigración tiene un peso cada vez mayor en Alicante y resulta fundamental para comprender la evolución demográfica, laboral y educativa de la provincia. La población extranjera no solo está creciendo, sino que, además, presenta una gran diversidad de nacionalidades y una fuerte concentración territorial, de acuerdo con el documento.

En este caso, el debate sobre Ceuta es otro, pero, en el fondo de todo, es el mismo, porque quienes tratan de salvar la frontera buscan el mismo objetivo que quienes llegaron por la vía legal o por un aeropuerto para residir en otro país: una vida mejor. Sin migración, la provincia de Alicante no presentaría los datos que presenta en cuanto a peso de población y del PIB. En muchos de estos indicadores, se sitúa entre las primeras provincias de España. Siempre habrá excepciones y casos particulares, pero, en la mayoría de los municipios, existe una integración aceptable. Solo algunos presentan algún conflicto, aunque diría que se trata de situaciones puntuales y, en todo caso, contextualizadas. Es más, se han producido procesos de integración en tiempo récord, como el de los ciudadanos ucranianos que, por ejemplo, en el caso de Torrevieja, conviven con una aparente normalidad junto a unos 5.800 ciudadanos rusos y más de 10.000 ucranianos en una misma ciudad, unas cifras que se incrementaron notablemente tras el inicio del conflicto bélico.
La democracia tiene los instrumentos necesarios para que el proceso sea legal y ordenado en la mayoría de las ocasiones. Si la provincia de Alicante presenta esos datos es por lo que he comentado al principio: es una provincia turística, que genera oportunidades y, por tanto, actividad económica, y que necesita mano de obra que funcione. Ahí están los datos de empleo en el campo y en el trabajo doméstico. El 17,8 % de las personas afiliadas a la Seguridad Social en la provincia son extranjeras, y la mayoría de las personas extranjeras que residen en Alicante tiene su situación administrativa regularizada, como destaca el informe.
Entonces, la pregunta es: ¿dónde está el problema? ¿Es posible que haya minorías que no cumplan con ese patrón? Sí. Es posible que el sistema no pueda absorberlo todo, también, pero, si las reglas están claras y el político de turno, sea del partido que sea, las aplica, las cumple y las defiende, no debería haber mayor problema que el derivado de esas excepciones. Lo peor, en estos casos, es que se utilice la excepción como arma arrojadiza, incluso contra aquellos que eligen Alicante como opción turística. Los datos, en este caso, hablan por sí solos. Hacer distinciones puede volverse en contra de uno mismo cuando se gobierna y debe cumplir la ley. Lo veremos.