La quimera del voto útil

Opinión

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"¿Qué ocurriría cuando millones de españoles dejan de votar aquello que realmente desean y terminan eligiendo aquello que menos les disgusta?"

Publicado: 20/10/2026 · 06:00
Actualizado: 20/10/2026 · 06:00
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MURCIA. A más de uno que no haya leído a Alexis de Tocqueville ha perdido la oportunidad de leer al gran maestro literario del que hemos heredado muchas de las grandes ideas alrededor de la democracia. Se oye demasiado, hasta molesta, que lo importante de hoy es ladear a Sánchez. Comprensible. Pero también Tocqueville nos advertía sobre los peligros que podían acompañar a las democracias cuando la presión de las mayorías terminaba debilitando la independencia del pensamiento de la ciudadanía. Salvando las distancias históricas, observamos cierta paradoja inquietante: a veces, más bien pocas, se nos invita a pensar libremente, pero se nos aconseja votar según los cálculos de otros. Se ensalza el pluralismo, pero con desconfianza en quien decide abandonar las rutas electorales establecidas. ¿Les sonará verdad?

Se nos pretende convertir todo derecho fundamental, nacido de la libertad de conciencia, en una operación matemática al servicio de intereses partidistas. Todo un sustituir sus convicciones por sus temores.

¿Qué ocurriría cuando millones de españoles dejan de votar aquello que realmente desean y terminan eligiendo aquello que menos les disgusta? Una democracia sostenida día a día sobre el mal menor corre el riesgo de convertirse en una democracia resignada. El ciudadano ya no elige proyectos capaces de entusiasmarlo, sino alternativas cuyo resultado temen. Y así, elección tras elección, los partidos pueden encontrar más rentable alimentar el miedo al adversario que mejorar su propia calidad política. Lo electoralmente eficaz no siempre coincide con lo políticamente justo, ni lo políticamente conveniente con lo moralmente aceptable.

España lleva demasiado tiempo atrapada en una confrontación donde las siglas parecen tener más importancia que las personas. Rojos, verdes y azules, con sus acompañantes, han contribuido a levantar fronteras emocionales que dificultan el entendimiento. Unos presentan a sus adversarios como amenazas irreparables, otros responden utilizando idénticas estrategias. ¡Qué extraordinaria manera de defender el pluralismo político!

 

No confundamos estabilidad con inmovilismo, ni experiencia con excelencia, ni mayoría electoral con superioridad moral"

 

Max Weber, en su conocida conferencia La política como vocación, distinguiría entre vivir para la política y vivir de ella. Una distinción que, más de un siglo después, continúa interpelándonos. Porque cuando la conservación del poder se convierte en finalidad absoluta, cualquier instrumento parece legitimo para impedir la llegada de nuevos competidores. Y el voto útil puede transformarse en uno de esos instrumentos.

Muchos de quienes se incorporan por primera vez al censo electoral, así lo he comprobado recientemente, no desean heredar las fidelidades políticas de sus padres o abuelos. Buscan explicaciones, proyectos, oportunidades y representantes capaces de hablarles con claridad. No desean les entreguemos una papeleta acompañada de amenazas sobre lo que sucederá si se atreven a pensar de otra manera.

La juventud no necesita tutores ideológicos, sino una educación que fortalezca su capacidad de discernimiento. Necesita conocer nuestra Constitución, comprender la separación de poderes (ningún gobierno hasta hoy “nada al respecto)… Una ciudadanía intelectualmente preparada constituye el mejor antídoto frente a cualquier intento de manipulación electoral. Hablando con unos y con otros de las diferentes corrientes políticas, a solas, les puedo decir que “no todo el monte es orégano”. Patinan y bastante.

La historia democrática demuestra que ninguna formación política nace siendo mayoritaria. Todas necesitan ciudadanos que, en algún momento, decidan confiar en ellas cuando todavía no disponen de grandes estructuras, abundantes recursos económicos o presencia constante en los medios de comunicación. No confundamos estabilidad con inmovilismo, ni experiencia con excelencia, ni mayoría electoral con superioridad moral.

Si aspiramos a tener una España más culta, más justa, más plural y mejor gobernada, debemos empezar por respetar la conciencia de cada elector. Sin despreciar a quienes votan diferente o, simplemente, no desean votar. Sin presentar a los pequeños partidos como intrusos. Sin convertir las urnas en una propiedad reservada a las grandes organizaciones. El voto verdaderamente útil es el que sirve a la conciencia del ciudadano y al bien común, no el que garantiza la supervivencia de quienes aspiran a seguir gobernando.

El resto puede seguir siendo una quimera más, convenientemente alimentada por quienes temen que la ciudadanía descubra existen otros caminos. Y tales caminos, por pequeños que les parezca, también merecen la oportunidad de ser recorridos. 

 

Mariano Galián Tudela

Presidente del partido nacional Valores en la Región de Murcia

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