Está el régimen teocrático de los Ayatolás, con Alí Jamenei al frente, a punto de caer, se pregunta la opinión pública. Para tristeza, sobre todo, de las mujeres iraníes vejadas y oprimidas por esa dictadura, y para alegría de populismos de extrema izquierda, parece que no, … en un principio; porque además existe la incertidumbre sobre si los Estados Unidos intervendrá, o no, para apoyar a la oposición.
Porque, ¿Qué está ocurriendo realmente en Irán? Lo que se está viendo es una terrible represión. Hace días se rebasó la cifra de 10.000 detenidos , se han pasado también hace tiempo los miles de muertos, y algunas fuentes hablan de haberse contabilizado más de 2000. Pero los manifestantes también han destruido y asaltado instalaciones gubernamentales, han incendiado vehículos, mobiliario urbano, han provocado bajas entre las fuerzas represoras del régimen, por lo que esas primeras manifestaciones se han tornado en revueltas, llevando camino de un auténtico conflicto civil.
¿Cuáles son los motivos iniciales de estas movilizaciones? Es quizás el deseo de derrocar/cambiar el régimen, es decir, causas políticas, como aquellas que tuvieron lugar en septiembre del 2022, como consecuencia de la muerte en una comisaría de Jina Mahsa Amini, asesinada a la temprana edad de 22 años, por el “gravísimo delito” de llevar mal colocado el velo musulmán; y que esa revuelta protagonizada por las valientes mujeres de aquel país persa, que hizo temblar, de forma no suficiente para su caída, las estructuras públicas de aquella nación.
En esta ocasión parece que sobre todo el inicio de las manifestaciones se ha debido, para horror del régimen (pues es peor aún para él), a causas socioeconómicas, es decir, la gente no tiene para vivir, por lo que no tiene nada que perder. La rebelión se inició con los comerciantes del Gran Bazar de Teherán. Esta burguesía del régimen se ha visto afectada por la crisis económica (al igual que el resto del país), con la fuerte devaluación de la divisa del país, el Rial, una enorme inflación que superó en diciembre del año pasado el 42%, y hasta el 70% en la cesta de alimentos, y los ajustes en los subsidios de combustible por la escasez del mismo; todo ello unido a la ineficiencia del gobierno y casos de corrupción (inevitable en la naturaleza humana) han echado a la gente a la calle.
Por su parte, el régimen ha respondido con represión anti-manifestaciones, ha cortado Internet, ha realizado detenciones masivas, provocando la expansión de las protestas a otros sectores como los estudiantiles y a otras regiones, entrando en el círculo vicioso de acción, reacción, acción, hasta unos extremos que el régimen teocrático llegó a amenazar esta semana con empezar a ejecutar a los detenidos, y que sólo las amenazas de Donald J. Trump las han impedido.
¿Cuáles pueden ser las consecuencias de estas revueltas? Como he dicho al principio, parece que no podrán acabar inmediatamente con el régimen, pero quizás pueda ser el principio del fin del mismo. Y si esto ocurre, puede llegar a provocar un profundo cambio en varios niveles políticos y geopolíticos: el local, el regional e incluso global.
Al nivel doméstico o local, esta revuelta le da esperanzas al pueblo iraní para seguir la lucha en búsqueda de la tan anhelada y ausente libertad, en aquel país persa.
En el nivel regional, no solo la caída del régimen chií, sino su simple debilitamiento, supone un balón de oxígeno para el resto de países islámicos suníes, pues ya no se verán apoyados los grupos terroristas de Hizbollah, Hamas, milicias iraquíes y los Houties (el llamado en parte eje de la resistencia) por parte de Teherán. No hace falta que diga que para Israel, el fin de ese régimen o su debilidad sería de suma alegría por la seguridad que supondría; y de todas formas, Irán continuamente retrocede ante el Estado judío desde el brutal ataque terrorista del 7 de octubre del 2023 de Hamas contra territorio israelí, en el que los Ayatollahs fueron patrocinadores, con el punto álgido de la guerra de los 12 días en junio del 2025, donde el régimen hizo el ridículo por su falta de capacidades militares, de las que había presumido (ya saben, dime de lo que alardeas y te diré de lo que careces). Esta pérdida de “legitimación” (por falta de músculo militar) como potencia regional, también tiene sus consecuencias internas, evidencia a la población civil que los Ayatollahs y sus secuaces no son tan fuertes como hacen ver.
En la perspectiva global, dentro del pulso entre los dos bloques, Occidente (USA) versus Euroasia (China), los norteamericanos, después de reafirmar su zona de influencia en el hemisferio occidental, con la operación policial con medios militares de Venezuela, pueden lograr que otra ficha caiga en la contención contra China, al denegarle, quizás si se produjera finalmente la caída del régimen o si se produce un conflicto civil, el acceso a uno de sus principales suministradores de hidrocarburos, lo cual para la República Popular es harto peligroso (aunque para Rusia, otro productor de hidrocarburos, no es tan preocupante, menos competencia). En todo este gran partida o gran juego como decía Rudyard Kipling, existe otro efecto colateral, y se puede producir en el mercado global de divisas, y es la posibilidad de que el petrodólar vuelva a regir totalmente en esos dos países (Venezuela e Irán), algo que necesita la divisa norteamericana, para no perder la exclusividad (que la está empezando a perder frente al yuan) en el comercio internacional y le permite sostener su economía deficitaria.
Para terminar, reiterar lo difícil que es hacer vaticinios, y sobre todo fijar fechas en la cronología de posibles transiciones, si difícil es en el caso de la Venezuela bolivariana, más lo es en la República Islámica de Irán con un fanatismo con raíz religiosa islámica-chií como cohesionador del régimen, con, además de unas numerosas Fuerzas Armadas, una Guardia de la Revolución Islámica, con unos 125.000 efectivos, y además una milicia paramilitar denominada Basij con casi 100.000 componentes; esperemos equivocarnos y que llegue lo antes posible aires de libertad para aquellas lejanas tierras, mal que les pese a algunos…