Escribo estas palabras movido por la indignación tras leer las recientes declaraciones del Conseller de Sanidat, Marciano Gómez, en las que entre otros temas y haciendo referencia a los hospitales valencianos decía: "Se ha dotado, como todos los años, en los hospitales de los refuerzos necesarios para poder atender en tiempo y forma y con un nivel de atención rápida, dinámica y eficaz a los ciudadanos".
Como conocedor de la situación a pie de calle, me pregunto si desde la dirección de Conselleria hablan de nuestra provincia o de una realidad paralela.
Mientras el titular anuncia un segundo pico de gripe y una ocupación del 95%, la realidad actual en los hospitales públicos valencianos es muy preocupante pues roza el colapso, desde tiempos de pandemia que no había visto unos servicios de urgencias tan al borde del límite.
No hay "dinamismo" cuando un paciente debe esperar más de 48 horas en un pasillo para conseguir una cama de ingreso. No hay "eficacia" cuando los boxes de urgencias diseñados para dos personas se ven cuadruplicados incluso quintuplicados, vulnerando la intimidad, la dignidad y la seguridad del paciente.
Resulta ofensivo para un personal sanitario extenuado y al límite de sus fuerzas que se afirme que los refuerzos son suficientes. Infraestructuras como las del Hospital Universitario de la Ribera, totalmente superadas por la demanda, demuestran lo contrario. Los supuestos parches de personal y camas del Conseller son, a todas luces, invisibles desde los pasillos de unas urgencias colapsadas.
Por ese motivo insistiría, como profesional del ámbito, en que gestionar la sanidad pública exige algo más que titulares optimistas; requiere de recursos para un sistema que está al límite. Necesitamos menos declaraciones que no coinciden con los hechos y más realidad asistencial. Los pacientes y profesionales no necesitan promesas, necesitan soluciones para no ver pasillos de urgencias llenos de pacientes.
Víctor Borredá Talón es delegado del sindicato CSIF en el Hospital de la Ribera.