No hace falta mucho que les insista, de nuevo, en cómo estamos en una época de cambios o en un cambio de era. Las crisis (que no deja de significar cambios) se agolpan en una sucesión de eventos que nos aturden y que solo se ven superados por los continuos casos de corrupción que inundan los titulares de la prensa; pero qué podemos esperar, se preguntarán.
La fragilidad es una característica de nuestra época, como es normal en una época en crisis, eso se vislumbra claramente en la fragilidad de la paz en el Oriente Medio, y como es normal, en la lógica de la guerra, cualquier error técnico, táctico u operativo, deriva en una escalada de enfrentamientos. Acaba de ocurrir en el estrecho de Ormuz, donde ya estamos muy acostumbrados a las manifestaciones cambiantes del presidente Donald J. Trump, y en donde parece que por el momento se han desescalado los enfrentamientos desde el derribo del helicóptero de ataque Apache, esta misma semana.
Y la fragilidad geopolítica, donde el Hard Power (poder duro), repercute en el Soft Power (poder blando), provocando un entorno de incertidumbre económica que está rediseñando la economía global desde hace algunos años, con unos nuevos modelos económicos como la regionalización en las cadenas de suministros, impulsada por la IA, la diversificación geográfica en proveedores y clientes, modelo China plus one, o el continuo análisis predictivo o prospectivo. De tal forma es frágil, y está deteriorada la economía global, que algunos analistas, un poco pesimistas, ellos dirán que son optimistas bien informados, vaticinan un importante bache o crisis económica como no se restablezca el transporte en el estrecho de Ormuz, antes del verano.
Por otra parte, donde disfrutamos de la paz, en las sociedades occidentales, como muy bien ha dicho entre líneas el Papa León XIV en el Congreso de Diputados, vivimos una importante crispación política, entre otras cuestiones por la “descalificación permanente del adversario”, y la “humillación de aquel que discrepa”, por lo que hace que el sistema político sea frágil, muy frágil. Todo ello por verbigracia de aquellos que en lugar de tender puentes construyen muros, que dividen como aquel ya caído muro de Berlín construido por los comunistas del Pacto de Varsovia, que evitaba que la democracia y la libertad de mercado no alcanzara a la mitad oriental de Europa.
La fragilidad de la defensa europea se pone de manifiesto en la dimisión del ministro de defensa británico debido a la falta de recursos, según ha manifestado, a pesar de las promesas de todos los países de aumentar sus presupuestos de defensa; parece que una cosa es predicar y otra es dar trigo. Además, se han producido continuos ataques accidentales con drones ucranianos en los países bálticos e incluso en países limítrofes con el Mar Negro, como el drone marino que explotó en el puerto de Constanza (Rumanía). En este contexto, Vladimir Zelenski ofreció su apoyo y tecnología a los países bálticos para ayudarles a evitar daños mayores causados por sus drones aéreos, que al parecer utilizan ese espacio aéreo para envolver y atacar Leningrado desde una aproximación más occidental que en línea recta desde Ucrania.
Frágil también la industria militar europea, donde acabamos de ver cómo ha saltado por los aires el acuerdo de desarrollo de una caza de combate de nueva generación, el Future Combat Air System. En Europa llevamos un retraso de una generación respecto al desarrollo tecnológico de aviones de combate, ahora además los principales líderes del proyecto, Alemania y Francia, es decir, Dassault y Airbus, no han llegado a un acuerdo finalmente, por lo que el gran proyecto de desarrollo tecnológico de avión de combate europeo, después de invertir varios miles de millones de euros, ha fracasado, es decir, sus impuestos han ido a la basura, y por cierto en el que España participa; esperemos que algún desarrollo o innovación quede por el camino, si Dios quiere. Para que vean el retraso tecnológico europeo militar, cuando estamos a un trienio aproximadamente de la entrada en servicio de los aviones de 6ª generación chinos y norteamericanos, el nuestro (el europeo) ni está ni se le espera, pues el desarrollo puede ser al menos una década.
Otro elemento de fragilidad en el sistema, desde la perspectiva demográfica, es su crecimiento negativo. La falta de niños europeos (que al parecer ya son menos numéricamente que las mascotas en la UE) hace que no haya relevo generacional en Europa, esto es propio de sociedades en decadencia, como ya le ocurrió al Imperio Romano, justo antes de aquellas invasiones pacíficas de los Bárbaros, les suena a algo. Y cuando en la UE entra en vigor el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo más reactivo, a la par que proactivo y contundente respecto a la anterior normativa, para hacer frente al tsunami migratorio, justamente el Papa León XIV nos pone a los europeos frente al espejo, recordándonos que no nos podemos acostumbrar a que el Atlántico y el Mediterráneo sean fosas comunes.
Estos problemas, debilidades y desafíos no son únicos de nuestros lares, fíjense cómo están en el recuento final de las elecciones peruanas, donde en el sprint final parece que Keiko Fujimori lleva la delantera por unos pocos votos. Por lo que, parece que otro giro a derechas parece imponerse en el hemisferio occidental, para alegría, seguro, de su líder Trump; que cada vez mira más por el rabillo del ojo a Cuba, pues entre otras cosas está muy necesitado de éxitos.