Vendrá el verano y tendremos que hablar de candidatos a la Alcaldía del PSPV-PSOE. En las plazas que se gobierna repiten la mayoría, a excepción de Vicent Grimalt, que dará el testigo a María Josep Ripoll; en Benidorm, el dilema estará entre Pere Rostoll y Mario Villar; en Torrevieja, la dirección ha puesto en valor el trabajo de Bárbara Soler y repetirá; en Elche todos los focos están puestos en Héctor Díez (pese a los despistes con la moción del aborto que aprobó el PP), pero ni la dirección local ni la autonómica acaban de oficializarlo, y en Orihuela se busca candidato/a. Ese es el panorama en las grandes plazas, a falta, claro está, de definir quién será el/la cabeza de cartel en la Alicante ciudad. Y así está el panorama.
Las intenciones de la dirección que dirige Diana Morant, secundadas por la provincia de Rubén Alfaro, eran lanzar la propuesta del diputado José Díez. De poca proyección pública, pero el objetivo era tenerlo como opción de futuro. Y en esa dirección, los equipos de Diana y Alfaro, con buen criterio (para evitar un nuevo circo), decidieron implantar una dirección gestora y poner como portavoz a Díez. El diputado debía conjugar la actividad parlamentaria centrada en asuntos de la ciudad de Alicante con su papel de cabeza visible de la nueva era. Díez explotó la dimisión de Mazón, pero tras pasar página el PP, ahora con Pérez Llorca, la llama (pública) de Díez se ha ido apagando al tiempo que ha emergido el escándalo de las viviendas de Les Naus.
El apagón de Díez tiene varias acepciones. La primera, porque no ha logrado meter la cabeza en el debate de Les Naus, ni siquiera en las Corts Valencianes, donde debería haber asumido el protagonismo (que sí lo ha tenido José Muñoz, por ejemplo), y también porque el PP (con el patrocinio de Vox) ha sabido dormir la polémica en València, y ahora juega al gato y al ratón con los funcionarios en el propio Ayuntamiento de Alicante. A este paso, sucederá como con la DANA, que la justicia acabará yendo por delante de la política.
Bien. Las sombras de Díez (voluntarias o forzadas por las circunstancias) han sido aprovechadas por la portavoz municipal, Ana Barceló, que antes de que irrumpiera la bacanal de amistades de Les Naus, casi tenía por seguro que ni siquiera podía pelear por repetir (o al menos, le iban a convencer de ello). Pero hay que reconocer que Barceló se ha hecho fuerte en la portavocía del grupo socialista (algo insólito hasta el momento, porque lo normal es que las disidencias hubieran fructificado conforme se acerca diciembre de 2026, que es cuando los socialistas suelen tener designados los alcaldables). Pero con Les Naus abierto en canal, nadie se mueve. La ex consellera de Sanidad se ha venido arriba: es obvio que ahora trabaja por ser de nuevo la aspirante a la Alcaldía y, si tenía reticencias de la dirección actual de los socialistas, que (insisto) prefiere aire fresco, solo le faltaba el nombramiento de Arcadi España para agarrarse a esa nueva oportunidad: ahora huele sangre y ve que hay partido.
El tercer vértice del triángulo socialista sería buscar un perfil independiente, de alto conocimiento ciudadano, con un liderazgo social capaz de amansar a las diferentes tribus del socialismo alicantino. En caso de encontrarlo —nada fácil conociendo el patio— y el futuro (¿y si no se gana?), además, debería haber un consenso absoluto, aunque la batalla se trasladaría a ocupar puestos en la lista, nada extraño porque en el PSOE de Alicante se pelean hasta cuando no tienen ninguna opción de ganar.
Este es el diagnóstico en estos momentos: Díez, que parecía el elegido, sin protagonismo; Barceló, que estaba despidiéndose, ocupando la zona; y la dirección socialista no descartando que aparezca un mirlo(a) blanco(a) que evite el marrón de tener que convocar unas primarias. Y es posible que el escándalo de Les Naus sí que provoque vocaciones en profesores universitarios o perfiles profesionales que hace años nunca se hubieran acercado a la sede de Pintor Gisbert. Nadie dijo que fuera fácil para el PSOE en Alicante: la última vez necesitó de 20 años para volver a la Alcaldía tras una etapa negra de escándalos y división interna. Ahora, el PSOE de Alicante no solo necesita el milagro de la marca, sino el suyo propio, y el del bloque de su izquierda y, a su vez, que el fenómeno Vox pierda fuelle. Mucha coincidencia. Ya saben: la nueva política cambia cada tres meses. Los socialistas sí que tienen una cosa (por pequeña que sea) a su favor: una aparente paz interna (fuera de la ciudad), y empresarios cabreados con el alcalde. Así está el panorama. Veremos qué pasa en los próximos meses, pero esto es cosa de tres, y dos ya los conocemos. Falta saber, también, que dejar hacer la dirección de Ferraz (que en las capitales siempre le gusta opinar).