El Real Madrid celebra el próximo domingo las primeras elecciones presidenciales en dos décadas. Independientemente de quién resulte elegido, la campaña deja una cuestión digna de análisis: la cobertura mediática recibida por uno de los aspirantes. El tratamiento informativo revela uno de los problemas persistentes de un país descentralizado en lo institucional, pero que sigue mostrando dificultades para asumir con naturalidad su diversidad territorial y, en particular, la existencia de espacios de poder más allá de Madrid.
Enrique Riquelme es el fundador de una importante compañía de energías renovables con presencia en España y Sudamérica. Nació en Cox, en el sur de la provincia de Alicante. Ambas circunstancias han aparecido de forma recurrente en las informaciones sobre su candidatura. Sin embargo, llama la atención que, en muchos casos, su condición de alicantino haya adquirido un protagonismo equiparable, cuando no superior, a sus credenciales profesionales. Basta repasar las noticias publicadas durante las últimas semanas para comprobar la frecuencia con la que se ha repetido la expresión "empresario alicantino".
La pregunta es sencilla: ¿qué relevancia tiene que un candidato a presidir el Real Madrid sea de Alicante? Si fuéramos completamente ingenuos, podríamos pensar que se trata de un dato útil para completar su perfil personal. Tal vez permitiría imaginar a alguien aficionado al sol y a la playa, experto en paellas, cofrade en Semana Santa, foguerer en Hogueras o participante en las fiestas de Moros y Cristianos. En definitiva, una colección de tópicos tan reconocibles como irrelevantes.
Porque, en realidad, el origen alicantino aporta muy poco a la hora de valorar una candidatura presidencial. Para ello parecen más relevantes otros factores: la solvencia económica, la capacidad de gestión o el proyecto deportivo. ¿Por qué, entonces, la referencia territorial se ha convertido en una constante? Dicho de otro modo, ¿sería noticia que el presidente de Microsoft fuera valenciano? ¿O que el máximo responsable de BMW hubiera nacido en Alicante? Probablemente el dato aparecería una sola vez en una reseña biográfica y desaparecería del relato. De hecho, gran parte de los aficionados desconoce que Santiago Bernabéu no nació en Madrid, sino en Almansa.

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- Foto EFE/ Rodrigo Jiménez
La insistencia en un determinado rasgo identitario suele revelar que quien observa percibe una anomalía respecto a sus expectativas previas. Las palabras, en ocasiones, además de informar, delatan. Desde esa perspectiva, la cobertura de la candidatura de Enrique Riquelme resulta reveladora. Sugiere hasta qué punto el imaginario institucional que rodea al Real Madrid continúa asociando, aunque sea de forma implícita, la dirección del club a determinados espacios tradicionales de poder. La reiteración de su condición de "alicantino" parece responder menos a una necesidad informativa que al deseo de subrayar su carácter de outsider respecto al ecosistema histórico de gobierno de la entidad.
La paradoja es evidente. El Real Madrid es una de las organizaciones más globalizadas del planeta. Su discurso corporativo se construye sobre conceptos como universalidad, excelencia internacional y liderazgo mundial. Que la presencia de españoles en su once inicial sea ya anecdótica apenas suscita debate. Sin embargo, cuando surge un aspirante a presidente ajeno a los círculos tradicionales del club, el relato parece regresar a categorías mucho más locales. El Madrid presume de tener seguidores en todos los continentes, pero cuando se debate quién puede dirigir la institución reaparece una cierta idea implícita de proximidad al núcleo madrileño.
Por si Alicante resultara todavía demasiado cercana a Madrid, parte de la cobertura ha puesto además el foco en el supuesto acento mexicano o sudamericano de Riquelme. Una forma sutil de remarcar que procede de otro entorno y de reforzar su condición de ajeno al grupo.
Más allá del fútbol, el caso constituye una pequeña radiografía de la relación entre centro y periferia en España. Debería invitar a reflexionar a quienes observan con preocupación cualquier cuestionamiento del centralismo político, económico o cultural y se rasgan las vestiduras ante la eventual ruptura del país. También ofrece una oportunidad para pensar qué papel ocupa el territorio valenciano —y, dentro de él, el alicantino— en la España contemporánea. La cuestión de fondo no es si participa o no en los procesos de transformación del país, sino desde qué posición lo hace: desde la periferia del relato o desde el centro de las decisiones.
Juan Enrique Ruiz es periodista y profesor de Historia