Argelia, pieza clave en la arquitectura migratoria europea

Opinión

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Publicado: 17/08/2026 · 06:00
Actualizado: 17/08/2026 · 06:00
  • El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro argelino, Sifi Ghrieb, en Argel, Argelia, a 20 de julio de 2026. Con esta visita oficial a Argelia, Pedro Sánchez tiene como principal objetivo aumentar el suministro de gas argelino y busc
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Lo ocurrido en Ceuta no debe interpretarse como un episodio aislado ni como una simple «toma de la frontera». Es, más bien, la expresión visible de una arquitectura migratoria más amplia, en la que las rutas, los acuerdos de control y las relaciones diplomáticas entre Europa y el norte de África se encuentran estrechamente conectados. En ese sistema, Argelia ocupa una posición estratégica, aunque su papel no sea idéntico al de Marruecos o Túnez.

Conviene aclarar que este artículo no pretende ofrecer un análisis especializado ni sustituir el trabajo de expertos en migración, relaciones internacionales o seguridad fronteriza. Su objetivo es presentar una reflexión personal, elaborada a partir de la lectura y la investigación de diversos artículos científicos y periodísticos. Desde esta perspectiva, el texto busca contribuir al debate y ofrecer una interpretación general sobre el papel de Argelia en la arquitectura migratoria europea.

Más allá de la imagen de la frontera

Para comprender lo sucedido en Ceuta —y evitar las interpretaciones simplistas y ambiguas que circulan con rapidez en TikTok, Instagram o Facebook— es necesario observar el conjunto de factores que condicionan la movilidad en el Mediterráneo occidental.

La migración irregular hacia Europa no puede explicarse únicamente como una sucesión de crisis en las fronteras exteriores de la Unión Europea. También debe entenderse en el marco de una política de externalización del control migratorio: la UE coopera con países de origen y tránsito para contener los desplazamientos antes de que alcancen su territorio.

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En este sentido, los países del Magreb desempeñan funciones diferenciadas en la arquitectura migratoria europea. Marruecos, por ejemplo, mantiene una cooperación especialmente estrecha con la Unión Europea en materia de control fronterizo, lucha contra el tráfico de personas, protección y retornos; según la Dirección General de Vecindad y Ampliación de la Comisión Europea, entre 2015 y 2021 recibió 234 millones de euros para programas relacionados con la migración, principalmente destinados a la gestión integrada de fronteras. Asimismo, Túnez también obtuvo un apoyo específico: en 2023, la UE anunció un paquete de 255 millones de euros, incluidos 105 millones para la gestión migratoria, la lucha contra el tráfico y los retornos. Estas cifras reflejan la importancia que Bruselas concede a ambos países como socios estratégicos en las principales rutas migratorias hacia Europa.

El caso argelino es diferente, aunque no tiene por qué afirmarse que Argelia esté completamente al margen de la cooperación europea en materia migratoria. La Unión Europea incluye a Argelia dentro de su política de vecindad meridional y financia programas regionales que abarcan cuestiones como la protección, la migración legal y la cooperación institucional. Sin embargo, la cooperación bilateral con Argelia no presenta el mismo grado de institucionalización ni el mismo volumen de apoyo específico para el control fronterizo que los acuerdos desarrollados con Marruecos o Túnez. Esta diferencia no es casual y debe entenderse a partir de las particularidades de la relación entre Argelia y la Unión Europea. Esta diferencia merece una explicación.

Soberanía y cooperación selectiva

La posición argelina responde, en primer lugar, a una concepción estricta de la soberanía nacional. Argelia difícilmente acepta ser presentada como un simple dispositivo de contención al servicio de la política migratoria europea. Su cooperación con la UE se desarrolla de manera selectiva y suele vincularse a cuestiones más amplias: seguridad regional, lucha contra el terrorismo, protección de las fronteras, desarrollo económico, energía y cooperación institucional.

Esta actitud se explica también por la geografía del país. Argelia posee fronteras extensas con Marruecos, Túnez, Libia, Níger, Malí y Mauritania, además de una larga fachada mediterránea. La vigilancia de esos espacios responde a preocupaciones internas de seguridad y estabilidad, y no únicamente a las demandas de Bruselas.

Por ello, reducir la política argelina a una negativa a colaborar con Europa sería igualmente inexacto. Argelia controla sus fronteras, combate las redes de tráfico y participa en determinados programas regionales; lo que rechaza es que esa cooperación implique una transferencia permanente de responsabilidades o la conversión de su territorio en una zona de retención para personas que intentan llegar a Europa.

  • Archivo - Fotografía de archivo de una calle en la capital de Argelia, Argel -

Tampoco conviene presentar la autonomía argelina como una independencia absoluta respecto de la Unión Europea. Según la plataforma EU Trade de la Dirección General de Comercio de la Comisión Europea, la UE es el principal socio comercial de Argelia y representa el 49,6% de su comercio internacional. En 2025, el intercambio de bienes entre ambas partes alcanzó los 43.400 millones de euros, mientras que las importaciones europeas procedentes de Argelia ascendieron a 26.500 millones de euros, según la misma fuente.

Estos datos muestran que la relación entre ambas partes es profunda, aunque no se articule exclusivamente alrededor de la migración. El comercio, la energía, las inversiones y la cooperación tecnológica también condicionan los márgenes de negociación de Argelia y de la Unión Europea.

El factor energético

La energía constituye uno de los principales elementos que explican la posición de Argelia en sus relaciones con Europa. Según el Servicio Europeo de Acción Exterior, Argelia es uno de los tres primeros proveedores de gas natural de la Unión Europea, mientras que el mercado europeo representa el principal destino del gas argelino.

Esta interdependencia proporciona a Argel un margen de negociación que no poseen todos los países vecinos. En febrero de 2026, la Unión Europea y Argelia celebraron en Argel la sexta reunión de su diálogo político de alto nivel sobre energía y reafirmaron el carácter estratégico de su asociación energética.

Según el Servicio Europeo de Acción Exterior, ambas partes abordaron cuestiones relacionadas con el gas natural, el hidrógeno renovable, la reducción de las emisiones de metano, el desarrollo de las energías renovables, las interconexiones eléctricas y la eficiencia energética. La reunión confirmó que la relación energética entre Argelia y la UE no se limita al suministro de hidrocarburos, sino que incluye también la transición hacia modelos energéticos con menores emisiones de carbono.

En este contexto, el programa TaqatHy+ (Technologie et développement socio-économique pour les énergies renouvelables, l'hydrogène vert et l'efficacité énergétique) constituye una de las principales iniciativas de cooperación. Según la Delegación de la Unión Europea en Argelia, el programa está cofinanciado por la UE y Alemania y apoya el desarrollo de las energías renovables, el hidrógeno verde, la eficiencia energética y la reducción de las emisiones de metano. La nueva fase del proyecto cuenta con una dotación total de 28 millones de euros.

Aun así, no se puede pretender que el gas no convierte automáticamente a Argelia en un actor imperioso sobre la política europea, pero sí hace que Bruselas deba tener en cuenta sus prioridades. La relación bilateral no se organiza exclusivamente alrededor de la migración: incluye energía, comercio, seguridad, inversiones y transición energética. En consecuencia, la UE no puede aplicar a Argelia exactamente el mismo modelo de presión o de incentivos utilizado con otros países del Magreb.

  • Decenas de migrantes intentan cruzar a España desde Marruecos, a 31 de julio de 2026, en Ceuta.

Ceuta como síntoma

Ante este panorama, Ceuta puede entenderse como un síntoma de las tensiones persistentes en las fronteras meridionales de Europa, pero no como una consecuencia directa de la política argelina ni de ningún otro territorio de la zona. Los episodios de Ceuta se relacionan principalmente con la dinámica hispano-marroquí y con las decisiones adoptadas en torno a esa frontera.

La crisis de 2021, por ejemplo, estuvo vinculada a una entrada masiva de personas desde Marruecos hacia Ceuta y puso de manifiesto la estrecha relación entre cooperación fronteriza, diplomacia bilateral y control migratorio.

La importancia de Ceuta reside en que muestra hasta qué punto las fronteras europeas son espacios donde se cruzan seguridad, diplomacia, movilidad y derechos humanos. Una modificación de los controles en un punto puede desplazar la presión hacia otro. Las rutas no desaparecen necesariamente: se transforman, se alargan y, con frecuencia, se vuelven más peligrosas.

Una cooperación que no puede ser solo securitaria

Desde la perspectiva europea, sería necesario avanzar hacia una cooperación más equilibrada que combine la apertura de canales legales y previsibles de movilidad con programas de empleo y formación para jóvenes, apoyo a las comunidades fronterizas y mecanismos eficaces de búsqueda y rescate. Esta cooperación debería incluir también garantías de protección para las personas vulnerables y procedimientos claros de retorno, siempre respetuosos con los derechos fundamentales. Del mismo modo, la cooperación energética y económica no debería quedar subordinada exclusivamente al control migratorio, sino integrarse en una relación más amplia, estable y equilibrada entre Europa y los países del sur del Mediterráneo.

Según la Dirección General de Migración y Asuntos de Interior de la Comisión Europea, la cooperación migratoria en el vecindario meridional se articula mediante varios instrumentos financieros, entre ellos el Instrumento de Vecindad, Desarrollo y Cooperación Internacional «Europa Global», los fondos de Justicia y Asuntos de Interior y programas específicos de protección y migración.

Sin embargo, una cooperación equilibrada no debería limitarse a financiar controles, equipos y operaciones de vigilancia. También tendría que abordar las causas estructurales de la movilidad y ofrecer alternativas seguras a las personas que no encuentran vías legales para desplazarse.

Dicho de otra forma. la migración irregular es inseparable de factores como la desigualdad económica, la inestabilidad política, los conflictos regionales, la degradación ambiental y la falta de vías legales suficientes. Por eso, responder únicamente con más vigilancia fronteriza produce resultados limitados: las presiones migratorias se desplazan y las redes de tráfico adaptan sus itinerarios.

Los países del sur tampoco pueden ser tratados como meros ejecutores de una estrategia definida en Europa. Argelia, en particular, defiende una concepción de la soberanía que condiciona su relación con Bruselas. Ignorar esa realidad dificulta la cooperación; reconocerla permite construir acuerdos más estables, transparentes y respetuosos con los intereses de ambas partes.

El verdadero debate

Llegados a este punto, podemos afirmar que el debate no debería limitarse a determinar cuántas personas alcanzan una frontera europea. La cuestión central es quién controla las rutas previas, cómo se distribuyen las responsabilidades y qué tipo de relación se establece entre las dos orillas del Mediterráneo.

Ahí, Argelia ocupa un lugar central por su extensión territorial, su posición geográfica, su capacidad de vigilancia y su peso energético. Sin embargo, su papel no consiste simplemente en “contener” la migración para Europa. Es el de un actor autónomo que coopera de forma selectiva, protege sus intereses y utiliza su posición estratégica para negociar en distintos ámbitos.

  • Bandera de Argelia,

Ceuta es, por tanto, la escena visible de una realidad mucho más amplia. La presión migratoria no se resuelve con el cierre de una frontera ni mediante acuerdos puntuales de externalización. Requiere una política regional que combine seguridad, movilidad legal, desarrollo, derechos humanos, cooperación y reconocimiento de la soberanía de los países del sur.

En esa arquitectura, Argelia no es un actor secundario ni un simple país de tránsito: es una pieza clave cuya posición puede condicionar el equilibrio migratorio, diplomático y energético del Mediterráneo occidental.

Naima Benaicha Ziani
Profesora de la Universidad de Alicante y
Vicepresidenta de CIHAR

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