Fogueres

María Pastor y Leire Arellano: dos maneras de vivir un mismo sueño

Representan dos generaciones unidas por una misma pasión. La Bellea del Foc 2026 y la Bellea del Foc Infantil comparten recuerdos, valores y sueños en un año que marcará para siempre sus vidas

  • María Pastor y Leire Arellano
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ALICANTE. Una mira Alicante con la serenidad de quien ha aprendido a convertir la responsabilidad en compromiso. La otra lo hace con los ojos abiertos de par en par, todavía sorprendida por un sueño que parece sacado de un cuento. Sin embargo, cuando hablan de Fogueres, sus palabras se encuentran en el mismo lugar. María Pastor González y Leire Arellano Ruiz son las máximas representantes de la fiesta alicantina en 2026. Una desde la madurez de la Bellea del Foc y otra desde la ilusión de la Bellea del Foc Infantil. Dos edades, dos experiencias y dos maneras de afrontar un mismo año que quedará grabado para siempre en sus vidas. Ambas comparten, además, algo esencial. Y es el amor por Alicante y por una fiesta que ha marcado su crecimiento desde la infancia. 

Recuerdan de la misma manera sus primeros pasos entre monumentos, música y calles llenas de vida. Y coinciden en que el verdadero valor de la fiesta de Fogueres está en las personas, porque, detrás de las bandas, los trajes y los actos oficiales hay dos jóvenes que siguen siendo ellas mismas. «No hay mucho cambio en mí cuando se apagan las luces», asegura María. «Soy una chica muy familiar, natural y con un gran deber de la responsabilidad que disfruta muchísimo de los pequeños momentos», añade. Por su parte, Leire tampoco cree que el cargo haya cambiado quién es. «Me encanta estar con mis amigas, reírme, jugar y disfrutar de cada momento; la banda es un orgullo, pero yo sigo siendo la misma Leire de siempre», describe. Y es aquí donde se aprecia que la naturalidad es, quizá, otro punto de encuentro entre ambas representantes.

Mucho más allá del protocolo

María habla de tardes sencillas junto a sus hermanas, cafés con amigas y paseos por Alicante. Reconoce que le gustaría que la ciudad pudiera conocer esa faceta cotidiana que queda lejos del protocolo. «Me encantaría que Alicante pudiese conocerme más allá de un foco», confiesa. Leire, por su parte, sigue disfrutando de las cosas propias de su edad: hablar durante horas con sus amigas, bailar, hacer bromas o entrenar gimnasia artística forman parte de una rutina que intenta mantener pese a las nuevas responsabilidades. Sus amigas, dice, la definirían como «cariñosa y divertida», pero también como alguien que siempre intenta ayudar a los demás. Es por eso que ambas proyectan una misma imagen: cercanía. Mientras María desea ser recordada como «una Bellea de a pie», accesible para todo el colectivo foguerer, Leire quiere que los niños y niñas vean en ella ilusión y alegría.

El origen de un sentimiento

Toda historia tiene un comienzo. Y, en el caso de estas representantes de la fiesta, ese inicio está ligado a la familia. Los recuerdos infantiles de María la trasladan a las calles de Alicante de la mano de los suyos. «Recuerdo ir de pequeña con mi familia a ver monumentos y sentir esa ilusión al escuchar la música y ver las calles llenas de vida», rememora. Las imágenes que conserva Leire son muy similares. «Recuerdo cuando iba con mi familia a ver los monumentos y el alumbrado de las hogueras especiales», destaca. Y, así, las dos evocan una ciudad transformada por la fiesta. Una ciudad donde los sonidos, los colores y la convivencia construyen una memoria colectiva que termina convirtiéndose en identidad.

En ambos casos, la familia fue también la encargada de transmitir el amor por les Fogueres. María reconoce que muchas personas han marcado su trayectoria, aunque sitúa a su familia en el origen de todo. Leire señala especialmente a su madre y a su tía Mamen como las personas que le enseñaron a querer la fiesta. Una herencia emocional que es la que ha terminado llevándolas hasta el máximo cargo festero.

Una segunda familia

Si la familia es el primer hogar foguerer, la comisión acaba convirtiéndose en el segundo. Para María, la foguera Explanada es mucho más que una comisión. «Es mi casa; el lugar donde he crecido, donde he aprendido lo que significa querer de verdad esta fiesta y donde he compartido algunos de los momentos más importantes de mi vida». Leire utiliza una definición muy parecida cuando habla de Plaza del Mediterráneo. «Para mí mi comisión es como una segunda familia», afirma la representante infantil. Y es que entienden la fiesta de Fogueres desde la convivencia diaria. Desde el trabajo compartido durante todo el año. Desde los vínculos que nacen mucho antes de que llegue junio. No es casualidad, por tanto, que María destaque como una de las grandes enseñanzas del mundo foguerer «el esfuerzo colectivo, el compromiso y el trabajo de todo un año por algo que nace de la ilusión compartida», destaca. Porque la fiesta no se construye únicamente durante una semana, sino que se erige durante doce meses.

El momento que cambió sus vidas

En mitad de ese esfuerzo constante, de repente hay instantes capaces de dividir una vida en dos partes. Para ambas, ese momento llegó cuando escucharon pronunciar su nombre en la gala de elección. María recuerda una combinación de emociones difícil de describir. «Fue una mezcla imposible de explicar: emoción, vértigo, felicidad y muchísima gratitud», asegura. Y, junto a esa alegría, apareció también la conciencia de la responsabilidad que acababa de asumir.

Leire también vivió la escena desde la sorpresa absoluta. «Pensé en mi familia, en mi hoguera y en todo lo que había soñado con ese momento desde pequeña», confiesa. Y cuando le preguntan si lloró o gritó, responde con una sonrisa implícita. «Me quedé sin palabras», afirma.  La emoción continuó después de la elección. María buscó inmediatamente el abrazo de su familia. «Necesitaba compartir ese momento con quienes han estado conmigo en cada paso del camino», reconoce. Leire encontró ese abrazo entre las damas que corrieron hacia ella para abrazarla. Dos imágenes que reflejan exactamente lo mismo. Y es la necesidad de compartir la felicidad con quienes les han acompañado en este camino.

El peso de la banda

Ahora, la  ilusión y la responsabilidad caminan juntas. María admite que uno de los mayores desafíos ha sido gestionar la intensidad emocional de todo el proceso. «Para una chica que no está acostumbrada al foco mediático es una montaña rusa», afirma, al tiempo que confiesa que tuvo que enfrentarse al miedo de no estar a la altura, aunque ese mismo reto le ha permitido crecer y ganar seguridad. «Este camino para mí ha sido un gran aprendizaje en el que me he sentido muy orgullosa y más segura de mí que nunca», sentencia.

Leire también percibe la importancia del cargo. «Representar a Alicante es un orgullo muy grande y una responsabilidad muy bonita», reconoce. Pero a su edad, la responsabilidad se mezcla todavía con la capacidad de asombro. «No me lo podía creer», recuerda de nuevo sobre la noche de su elección.
Quizá ahí radica una de las diferencias más bonitas entre ambas representantes: María observa el año desde la conciencia de lo que implica; Leire lo vive con la magia de quien todavía siente que está dentro de un sueño.

Alicante como sentimiento

Hablar con ellas es descubrir que la fiesta de Fogueres es también una forma de entender la ciudad. María asegura que, para ella, es «una manera de sentir Alicante, de vivir tradiciones y de crear una familia dentro de la fiesta», según describe. Por eso considera que representar a la ciudad supone llevar consigo mucho más que un cargo. «Ser Bellea del Foc significa representar no solo una fiesta, sino también la esencia y el sentimiento de toda una ciudad», afirma. Por eso, su objetivo es que cualquier persona que escuche hablar de Alicante sienta el deseo de visitarla. Leire comparte esa visión desde una mirada más infantil, pero igualmente profunda. Cuando piensa en Fogueres imagina «un cuento lleno de luz, música, color y sueños cumplidos», relata fantaseando. Un cuento en el que toda la ciudad se une para vivir algo especial. Y así, ambas describen, desde perspectivas diferentes, la misma realidad.

Los valores de la fiesta

Más allá de los actos oficiales, las dos creen que la fiesta de Fogueres transmite enseñanzas que permanecen para siempre. La Bellea del Foc habla de unión, convivencia, cultura, tradición, solidaridad e inclusión. «Entre nosotros no hay etiquetas ni nombres, sino que remamos todos en la misma dirección por un bien común», apunta María. Por su lado, Leire pone el foco en conceptos que forman parte de su día a día. «Quiero transmitir el amor por la fiesta, la importancia de nuestras tradiciones y, también, valores como la amistad, el respeto y la ilusión», destaca. Pero, aunque las palabras cambian, el mensaje es idéntico. Y es que la fiesta de Fogueres es una escuela de convivencia.

Detalles que las definen

A veces una persona se descubre mejor en los pequeños detalles. María encuentra la felicidad en un paseo por Alicante al atardecer, en una conversación tranquila o en el tiempo compartido con su familia y, si tuviera que elegir un rincón de la ciudad, ese sería la Explanada, donde se han realizado las fotografías para este reportaje. Un lugar que considera inseparable de su identidad personal y festera. En cambio, Leire prefiere la tranquilidad de la Serra Grossa y las vistas que ofrece sobre el puerto y la ciudad de Alicante. En cuanto a gustos y aficiones, a Leire le encantan las lentejas y el sushi, aunque también el chocolate con churros; canta Superestrella, de Aitana, y siente una especial debilidad por la gimnasia artística. Sin embargo, María se queda con un buen arroz alicantino. Pequeñas diferencias que reflejan dos etapas vitales distintas.

Para quienes vienen detrás

Saben que no son las primeras ni las últimas. Es por eso que tienen un mensaje para quienes vienen detrás, porque si algo comparten ambas representantes es el deseo de inspirar a quienes sueñan con seguir sus pasos. María anima a las niñas a disfrutar cada etapa de la fiesta. «Lo más importante no es llegar, sino vivir el camino con ilusión y autenticidad», apunta, mientras Leire lanza un mensaje muy parecido. «Que disfrute muchísimo de la fiesta, que sea ella misma y que nunca deje de soñar», destaca. Son conscientes de que los sueños no nacen de un día para otro, sino que se construyen durante años de convivencia, de actos compartidos, de emociones acumuladas y de amor por la fiesta.

Un año para recordar

Cuando se les pregunta cómo les gustaría que terminara este año, ambas vuelven a coincidir. María desea sentir que ha estado a la altura del cariño que Alicante le está brindando y haber dejado una huella positiva en quienes la rodeen. Leire, por su parte, espera guardar recuerdos que la acompañen toda la vida para mirar atrás cuando sea mayor y recordar 2026 como «el año más emocionante y feliz» de su infancia.

Dentro de un tiempo volverán a mirar las fotografías de este ejercicio foguerer. María recordará la responsabilidad, los retos y el orgullo de representar a toda una ciudad. Leire sonreirá al revivir la magia de un sueño infantil cumplido. Pero hay algo que las unirá para siempre. Las dos llegaron al cargo desde lugares diferentes, con edades distintas y experiencias diversas, pero representando la misma esencia. La de una fiesta capaz de emocionar a una niña que descubre la pólvora por primera vez y a una mujer que ha dedicado toda una vida a amar Alicante. Una ilusión que permanecerá. 

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