Los hitos de la planta de Ford en Almussafes en sus 50 años de historia: crecer, resistir y resurgir

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La factoría, que ha llegado a fabricar seis modelos simultáneos, ha superado crisis como la de 2008 y la de semiconductores, además de esquivar la amenaza de cierre ante un sector que lleva años reestructurándose

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VALÈNCIA. Pocas fábricas españolas han tenido que reinventarse tantas veces para sobrevivir como Ford Almussafes. La factoría ha pasado de ser el motor económico de la provincia de Valencia a tener que resistir embates, atravesar épocas de vacas flacas y volver a resurgir. La planta valenciana escribió este jueves el inicio de una nueva etapa con la entrada de la empresa china Geely, que ha comprado el 34% de Ford España por 221 millones.

Ambas compañías han firmado la creación de una empresa conjunta para hacerse cargo de la planta valenciana, que ha demostrado su constante capacidad de adaptación durante sus 50 años de vida. Desde que el primer Ford Fiesta salió de la línea de producción en octubre de 1976, la fábrica ha atravesado ciclos de expansión, profundas crisis y transformaciones que en más de una ocasión hicieron temer por su continuidad.

En estos casi cincuenta años, la fábrica ha superado tres grandes pruebas de resistencia; la crisis económica de 2008, la reorganización de Ford de su negocio europeo con el cierre de varias plantas y la implementación de la estrategia de electrificación, cuyo retraso ha dejado a Almussafes durante más de dos años dependiendo exclusivamente del Kuga.

En pocos años, Ford Almussafes pasó de fabricar simultáneamente seis modelos distintos a desarrollar sólo uno. Por tanto, el acuerdo anunciado ahora con Geely abre una nueva etapa que vuelve a situar a la planta ante una transformación industrial de gran calado, en la que se espera alcanzar su máxima capacidad con la producción de cinco modelos. Estos son los diez hitos que explican cómo la factoría ha llegado hasta aquí.

El inicio de uno de los grandes polos industriales de España

La historia comienza en 1973. Tras estudiar diferentes ubicaciones, Ford escoge Almussafes para levantar su gran fábrica española. Apenas un año después arrancan las obras de unas instalaciones que cambiarían para siempre el tejido industrial valenciano.

La fábrica de motores fue la primera en entrar en funcionamiento y el 1 de marzo de 1976 salió de sus instalaciones el primer propulsor. Meses después, el 18 de octubre, se fabricó el primer Ford Fiesta y el 25 de octubre los Reyes inauguraban oficialmente la planta. Aquel ejercicio apenas permitió ensamblar unas 17.000 unidades debido a que la actividad comenzó en la recta final del año, pero el proyecto ya estaba en marcha.

Tres décadas de crecimiento hasta alcanzar cifras récord

Las tres décadas siguientes fueron las de la consolidación de Almussafes como una de las fábricas más importantes de Ford en Europa. Durante esos años fueron llegando sucesivamente modelos como el Escort, Orion, Mondeo, Ka, Focus, Galaxy, C-Max o el propio Fiesta, que durante décadas constituyó el principal volumen de producción de la planta. Paralelamente se desarrolló todo un ecosistema de empresas proveedoras alrededor de la factoría que convirtió a la automoción en uno de los pilares de la economía valenciana.

Ese crecimiento alcanzó su punto culminante a comienzos de los años 2000. El ejercicio de 2004 sigue siendo el de mayor producción de la historia de Almussafes, con cerca de 449.000 vehículos, mientras que en 2006 y 2007 también se superaron las 400.000 unidades. Aquellos años representaron el techo de capacidad de la fábrica y coincidieron con uno de los mejores momentos para el mercado europeo del automóvil.

La crisis financiera provoca el primer gran desplome

El estallido de la crisis financiera internacional cambió radicalmente el panorama. La brusca caída del consumo en Europa coincidió además con el final de la producción de modelos como el Ka y el Mazda2, lo que tuvo un impacto directo sobre la carga de trabajo de la planta. Si en 2008 Almussafes todavía fabricaba más de 357.000 vehículos, apenas un año después esa cifra se redujo prácticamente a la mitad, hasta las 176.000 unidades.

Fue entonces cuando comenzaron a surgir los primeros rumores sobre el futuro de la factoría. Ford eliminó el turno de noche, se sucedieron los ajustes de producción y la incertidumbre empezó a instalarse en una planta que hasta entonces había vivido casi siempre en expansión.

El punto más bajo llegó en 2012. Ese año, coincidiendo con el fin de la fabricación del Fiesta en Valencia, la producción descendió hasta unas 130.000 unidades, el menor volumen registrado por la planta en un ejercicio completo desde su inauguración.

La gran apuesta de Ford devuelve a Almussafes al primer plano

Paradójicamente, cuando la crisis todavía golpeaba con fuerza al sector, Ford tomó una de las decisiones estratégicas más importantes de la historia reciente de Almussafes. La multinacional decidió concentrar en Valencia buena parte de la producción europea de varios de sus modelos, acompañando esa decisión con inversiones multimillonarias para adaptar las instalaciones y convertir la planta en una de las más flexibles y eficientes del grupo.

Aquella apuesta permitió adjudicar a Almussafes modelos estratégicos como el nuevo Mondeo, el S-Max, el Galaxy o el Kuga, además de recuperar el tercer turno de trabajo y generar alrededor de un millar de empleos. Tras tocar suelo en 2012, la producción volvió a crecer hasta rozar de nuevo las 400.000 unidades anuales entre 2015 y 2016. Fue probablemente la primera gran demostración de la capacidad de la factoría para reinventarse cuando parecía atravesar su momento más delicado.

El último gran periodo de estabilidad antes de la tormenta

Tras la fuerte inversión acometida por Ford y la llegada de nuevos modelos, Almussafes vivió un último periodo de relativa estabilidad que hacía pensar que la planta había dejado atrás definitivamente los años más duros de la crisis.

  • Imagen de la planta de Ford Almusafes.

La factoría volvió a situarse entre las más eficientes de Ford Europa y recuperó elevados niveles de producción. En 2017 alcanzó las 417.002 unidades, el segundo mayor volumen de su historia, mientras que en 2018 todavía ensambló alrededor de 381.000 vehículos. La fábrica producía entonces una amplia gama de modelos (Kuga, Mondeo, S-Max, Galaxy y Transit Connect) y mantenía tres turnos de trabajo, consolidándose como uno de los principales centros industriales de la multinacional en Europa.

Ford redibuja su mapa europeo y Almussafes entra en la lucha por sobrevivir

A finales de 2018, la multinacional anunció una profunda reestructuración de su negocio europeo para recuperar la rentabilidad. El plan contemplaba el cierre o venta de varias instalaciones, miles de despidos y una reducción de la capacidad productiva del grupo en el continente. A partir de ese momento, las distintas plantas de Ford comenzaron a competir directamente entre ellas para asegurarse nuevos proyectos.

En esos años desaparecieron instalaciones históricas como la planta de transmisiones de Blanquefort, en Francia; la fábrica de motores de Bridgend, en Gales; o diversas instalaciones auxiliares que Ford fue vendiendo o clausurando dentro de su reorganización. Almussafes logró esquivar aquella primera oleada de cierres, pero la incertidumbre se instaló definitivamente en la fábrica valenciana. 

La pandemia y la crisis de los microchips agravan la incertidumbre

Cuando la reorganización todavía estaba en marcha, otro acontecimiento mundial volvió a golpear a la automoción. La pandemia obligó a paralizar temporalmente la producción y desencadenó una crisis global de suministros que afectó especialmente a los semiconductores. Durante meses, Almussafes encadenó paradas de producción y expedientes de regulación temporal de empleo ante la imposibilidad de mantener el ritmo de fabricación por la falta de componentes.

La producción cayó hasta las 235.400 unidades en 2020 y volvió a reducirse en 2021, cuando apenas se ensamblaron 168.000 vehículos, una cifra que no se veía desde la crisis de 2012.

Pero la pandemia solo era una parte del problema. En paralelo, Ford seguía preparando la transformación de su negocio europeo hacia el vehículo eléctrico, una transición que obligaría a decidir qué plantas fabricarían los nuevos modelos y cuáles quedarían fuera del futuro de la compañía.

La batalla frente a Saarlouis cambia el destino de Almussafes

Pocas decisiones han sido tan trascendentales para la historia reciente de la factoría como la que Ford anunció en junio de 2022. Tras meses de negociaciones internas y de una intensa competencia entre plantas, la multinacional eligió Almussafes frente a la fábrica alemana de Saarlouis para producir la nueva plataforma de vehículos eléctricos de la compañía.

La decisión fue recibida como una auténtica victoria por la plantilla, las administraciones y el conjunto del sector auxiliar valenciano. No se trataba únicamente de adjudicarse un nuevo modelo, sino que significaba garantizar que la planta valenciana seguiría formando parte del futuro industrial de Ford en Europa.

La otra cara de aquella decisión fue Saarlouis. La planta alemana, que también aspiraba a fabricar los nuevos eléctricos, perdió la adjudicación y Ford acabó anunciando el cese de la producción de vehículos en esas instalaciones. 

De la buena noticia al desencanto

Sin embargo, la tranquilidad duró poco. La ralentización del mercado europeo del vehículo eléctrico y la revisión de la estrategia industrial de Ford provocaron que la compañía retrasara los planes inicialmente previstos para Almussafes. La prometida electrificación quedó en suspenso y la factoría comenzó a perder progresivamente carga de trabajo.

Primero desaparecieron el Mondeo, el S-Max y el Galaxy. Después, en abril de 2024, salió de la línea de producción la última Transit Connect. Desde entonces, la planta quedó reducida a un único modelo: el Kuga.

Como consecuencia, se sucedieron los ajustes de plantilla; un nuevo ERE, la implantación del ERTE Red y una caída continuada de la producción hasta registrar en 2025 apenas 98.500 vehículos, el peor dato de un ejercicio completo en toda la historia de la factoría.

Nuevo horizonte con la entrada de Geely

El acuerdo alcanzado entre Ford y Geely para producir conjuntamente nuevos vehículos en Almussafes supone mucho más que la llegada de nuevos modelos. Marca un cambio de paradigma para una fábrica que, por primera vez en sus casi cinco décadas de historia, compartirá sus instalaciones con otro gran fabricante automovilístico.

La alianza permitirá incorporar cinco nuevos modelos y recuperar progresivamente la actividad industrial, devolviendo carga de trabajo a una planta que llevaba varios años funcionando muy por debajo de su capacidad.

Para Almussafes, supone abrir una cuarta gran etapa de su historia tras sobrevivir a la crisis financiera, a la reordenación industrial de Ford en Europa y al frenazo de la electrificación. El gran polo industrial de Valencia vuelve a resurgir.

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