ELCHE. Emprender a partir de los 50 no es lo habitual, pero cada vez son más los proyectos que demuestran que la experiencia puede convertirse en una ventaja. Es el caso de Israel Ferrer, fundador de Kai Clothes, una marca nacida en Elche que apuesta por la moda sostenible a partir de materiales reciclados del kitesurf. Finalista en los Premios +50 Emprende, organizados por Generación Savia y 02:59 Films, Ferrer repasa su trayectoria, los retos del proyecto y las oportunidades de emprender desde la provincia de Alicante, además de la oportunidad de ser ganador de más de 30.000 euros en este premio.
El proyecto Kai Clothes ha sido seleccionado como finalista en los Premios +50 Emprende. ¿Qué significa este reconocimiento para ti en este momento de su trayectoria?
Como finalistas en los Premios +50 Emprende, para nosotros es una señal de que, aunque vayamos paso a paso, estamos haciendo las cosas bien. Es un indicativo positivo y, sobre todo, un impulso de energía para seguir adelante. Emprender es duro, pero recibir un reconocimiento así te recarga las pilas y te motiva. Actualmente, el equipo lo formamos cuatro personas, contando también colaboradores externos.
Después de más de 30 años en el sector textil, ¿qué le impulsó a emprender con más de 50 años y lanzar un proyecto propio como Kai Clothes?
Fue un poco por casualidad, aunque también influye toda mi trayectoria. Llevo toda la vida en el sector textil, pero también soy amante del mar y practico deportes acuáticos desde muy joven. En un momento de parón laboral me dediqué a viajar a zonas donde se practica mucho kitesurf. Siempre me ha llamado mucho la atención el diseño de las cometas, también por mi perfil como diseñador. A la vuelta de esos viajes, hice un par de prendas, una para mí y otra para regalar. Gustaron mucho y empezaron a pedirme más. Fue entonces cuando vi que podía haber una viabilidad real de negocio y decidí lanzarme más en serio.

- Israel Ferrer, fundador de Kai Clothes. -
- Foto: PLAZA
La sostenibilidad también tiene un papel relevante en el proyecto, ¿verdad?
Sí, totalmente. Yo ya conocía el problema porque la he vivido. En este deporte se usan materiales que no duran mucho tiempo y que se va renovando continuamente, por lo que se descarta con frecuencia. Sin embargo, la materia prima, que es el nylon, sigue estando en muy buenas condiciones y no tiene por qué desecharse. Se pueden estropear partes como las válvulas o las zonas hinchables, pero el tejido sigue siendo aprovechable.
Con el auge del deporte, cada vez se genera más desecho textil. Esa conciencia, unida a mi experiencia en el sector, fue lo que me llevó a pensar en desarrollar un proyecto innovador que además aportara una solución a este problema.
El uso de cometas de kitesurf recicladas como materia prima es original. ¿Cuáles han sido los mayores retos a la hora de transformar estos materiales en productos de moda?
El primer reto fue definir qué tipo de producto podíamos hacer con ese material y comprobar que fuera viable, resistente y funcional. Hubo una fase importante de pruebas para entender qué partes de la cometa servían para cada tipo de producto, ya que tienen diferentes gramajes y características. Después, el gran reto ha sido transformar esa idea en un proyecto empresarial sólido, con una marca definida y con aspiración de posicionamiento internacional.
También fue clave conseguir materia prima. Al principio contactábamos con escuelas, tiendas y clubs para recoger material en desuso. Con el tiempo, la demanda ha crecido de forma orgánica y ahora recibimos material de varios países. De hecho, hemos tenido que limitar la recogida porque todavía estamos ajustando la producción. Además, seguimos trabajando en el desarrollo de nuevos productos para ampliar el catálogo e ir avanzando en la industrialización, como ha sido el caso de las chanclas.
Emprender desde la provincia de Alicante, y en concreto desde Elche, ¿qué ventajas y dificultades ha encontrado a la hora de poner en marcha y hacer crecer un proyecto como Kai Clothes?
En nuestro caso, la provincia de Alicante ha sido más una ventaja que una dificultad. Desde el Ayuntamiento de Elche y la Universidad Miguel Hernández existe un buen apoyo al emprendimiento, y hemos podido beneficiarnos de programas de mentoring y reconocimientos. Además, estamos en un entorno clave para el textil y el calzado. Tener cerca profesionales, empresas y proveedores con tanta experiencia facilita mucho el desarrollo de producto. Si estuviéramos fuera, sería bastante más complicado. Prácticamente toda nuestra producción se realiza en la provincia, en Elche y alrededores, también en Elda o Aspe, lo que nos permite trabajar con proveedores cercanos y apostar por el empleo local.
Además, habéis colaborado con Noyra en una colección con impacto social en Ghana. ¿Qué le aporta este tipo de alianzas y hacia dónde quieres llevar este enfoque internacional?
Para nosotros, todo lo que tenga que ver con sostenibilidad y proyectos con impacto social es muy interesante, así que este tipo de colaboraciones encajan totalmente con nuestra filosofía. Es un proyecto reciente, pero estamos muy ilusionados. Además, nos gustaría seguir avanzando en esta línea y buscar colaboraciones con empresas más consolidadas que puedan actuar como tractoras. Para nosotros sería muy importante, porque ese tipo de alianzas te dan visibilidad y te abren un escaparate internacional. Somos conscientes de que crecer sin ese apoyo es más lento y más complicado.
Emprender después de los 50, ¿es habitual?. ¿Qué mensaje daría a otras personas que están pensando en iniciar un proyecto en esta etapa de su vida?
No es lo habitual, porque muchas veces a esa edad se busca más estabilidad. Pero, desde mi experiencia, es un muy buen momento para emprender. La experiencia acumulada te permite reducir errores y afrontar los problemas de otra manera. Es verdad que hay más responsabilidades y que el camino puede ser duro, pero también tienes una base mucho más sólida. Yo siempre animo a la gente a intentarlo, sobre todo cuando el mercado laboral se complica a partir de cierta edad. Muchas veces el freno es el miedo, pero merece la pena dar el paso.