Fernando Saludes (València, 1975) llegó a la cúpula de Redit (Red de Institutos Tecnológicos de la Comunitat Valenciana) de forma imprevista en 2016, recogiendo el testigo de Damián Frontera en un escenario complejo tras la crisis financiera. Diez años después, el balance es nítidamente positivo: la red supera los dos mil profesionales, consolida una facturación cercana a los doscientos millones de euros y se sitúa como el principal ecosistema de apoyo a las pymes en España. Saludes repasa el papel de la innovación en la transformación de la economía valenciana, y analiza el futuro de una infraestructura que define como un santuario de la colaboración: «Yo soy la cara, pero detrás hay diez presidentes más con los directores, profesionales, empresas y sectoriales de la red, y por supuesto, Ivace+i y el equipo de Redit, liderado por su director Gonzalo Belenguer, todos con mucho talento, y todos suman. Ese es el principal valor de Redit, la colaboración».
— Redit ha cumplido veinticinco años, ¿qué aportó su creación a los institutos tecnológicos?
— Fue un proceso de maduración natural. Al principio existía un impulso espontáneo de crear centros de conocimiento pegados a la tecnología industrial por sectores. Sin embargo, llegó un momento en el que nos dimos cuenta de que ya no bastaba con tener centros aislados. Hacía falta pensar en red para fortalecer el ecosistema. Redit escaló ese modelo, creando otro nivel de colaboración respaldado de manera conjunta por la Administración, los propios centros y los sectores empresariales. Además, los centros valencianos fueron muy activos en la génesis de Fedit, la Federación Española de Centros Tecnológicos, y no tenía mucho sentido haber impulsado un proyecto a nivel nacional de vertebración de todos los centros y no tener una estructura local para ordenar y coordinar nuestras capacidades. Y el tiempo ha demostrado que fue un acierto rotundo.
— También se cumplen diez años desde que asumió la presidencia de Redit, ¿qué supuso suceder a Damián Frontera?
— Fue algo totalmente imprevisto e inesperado, pero también un gran honor, porque Damián Frontera es un empresario con una trayectoria espectacular y una magnífica persona con una generosidad infinita. No hay que olvidar que, bajo su presidencia, se vivió la crisis económica más fuerte que ha sufrido esta red, donde el sistema de ciencia estuvo a punto de desaparecer. Él aguantó el tirón con el equipo. Yo aterricé cuando lo peor del shock había pasado, pero había que reconstruir. Fue todo un reto para mí. Menos mal que conté con el apoyo de Damián Frontera y de Cristina del Campo y también del resto del equipo y de los directores y presidentes de los centros. Poco a poco, logramos construir un marco de confianza mutua con la Administración gracias a la generosidad y empatía de ambas partes. Pasar de una situación donde la financiación basal prácticamente había desaparecido a alcanzar los cuarenta millones de euros en ocho años es el resultado de un proceso continuado gracias, fundamentalmente, a la estrecha colaboración y visión compartida con Ivace+i.

- Marga Ferrer
— Echando la vista atrás, ¿cómo han evolucionado los centros y la I+D+i en estos diez años?
— El gran éxito ha sido demostrar la resiliencia y madurez de la red frente a los cambios de signo político. Todos los grupos políticos han entendido que Redit es una infraestructura crítica que no se puede dejar caer. En la actualidad, los institutos son organizaciones que han potenciado la excelencia en la gestión y están más blindadas y hostiles ante cualquier actitud depredadora o tóxica; han dado un salto cualitativo y cuantitativo importante.
Además, los centros han sido plenamente conscientes de que tenían que acercarse aún más a las empresas del territorio para atender sus necesidades reales y no quedar aislados. También hemos recuperado el talento perdido por la crisis, volviendo a superar los dos mil profesionales en plantilla. Hoy en día, Redit es una red que inspira a otras a nivel nacional.
Además, las cifras hablan por sí solas: solo, durante 2025, los institutos tecnológicos captaron 35 millones de euros procedentes de programas nacionales y europeos y ayudaron a que sus empresas cliente obtuvieran más de 132 millones de euros para el desarrollo de proyectos de innovación. En conjunto, esta actividad permitió captar alrededor de 167 millones de euros para la Comunitat Valenciana, recursos que de otro modo habrían sido obtenidos por organizaciones de otras regiones o países. Todo ello demuestra que la inversión en los institutos tecnológicos, porque es una inversión y no un gasto, es de las más rentables para el territorio.
— Como bien dice, la inversión en los institutos tecnológicos, en innovación, es una inversión y no un gasto; sin embargo, todavía hay quien no la percibe así, ¿por qué la innovación sigue siendo desconocida para muchas personas?
— Es un factor estrictamente cultural que requiere de mucha didáctica. A la sociedad le cuesta percibir el impacto de la tecnología porque a menudo se concibe la innovación de forma reduccionista, como un simple gadget. La innovación es exactamente igual que la educación: es el factor que, a futuro, nos garantiza una mayor competitividad, mejores salarios y una mejor calidad de vida. Pero si vas con discursos con picos de sierra, unas veces apostando y otras no, es imposible que cale en el imaginario colectivo.

- Imagen de la última asamblea general de Redit.
— ¿Podríamos decir que el modelo valenciano es fruto de una colaboración público-privada real? ¿Cuál es el secreto?
— Sin duda. El secreto que ha impulsado este modelo de éxito es el tándem estratégico que se creó entre los centros tecnológicos y lo que antes era el Impiva y hoy es el Ivace+i. Los centros sin un socio como la Administración no hubieran sido lo que son. A veces se nos olvida, pero este ejercicio de colaboración público-privada es nuestro rasgo diferencial. Cuando viajas a Alemania o a Holanda te encuentras con redes homólogas que dependen en un 80% o 90% de la financiación pública directa. Nosotros, de la necesidad, hicimos virtud, y configuramos un modelo extremadamente ágil que ahora estudian desde fuera con sorpresa.
— En ocasiones ha destacado los órganos de gobierno de los institutos como auténticos «santuarios de confianza y colaboración». ¿Cuál es el potencial real de este grupo de empresarios?
— Es un claro caso de éxito, generosidad y visión coral. En los consejos rectores contamos con más de trescientas empresas significativas, integradas en una red que engloba a catorce mil firmas y cinco mil asociadas. Impulsamos iniciativas como el Foro de Consejeros, donde empresarios de distintos sectores conectan, comparten ideas y generan una fuerte malla institucional junto a las cámaras y patronales. Lo extraordinario es que empresas que compiten ferozmente en el mercado aparcan sus diferencias en estos consejos para cooperar y visionar el futuro común de su sector. Todo se basa en un absoluto marco de confianza y confidencialidad.
Una confianza que también se ha consolidado con otras instituciones, como la CEV, la Cámara o las universidades y los centros del CSIC y con la Administración. Déjame contarte una anécdota: recientemente nos visitó el ministro presidente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) de Paraguay, Benjamín Barán, para conocer nuestro modelo y nos confesaba que le costaba diferenciar lo que era público de lo privado por la fluidez, complicidad y sintonía con la que interactuamos. Esa red de confianza compartida vale oro y se construye durante décadas.

- Marga Ferrer
— También en múltiples ocasiones ha reivindicado el papel de los institutos tecnológicos en el desarrollo económico de la Comunitat Valenciana. «Si no estuvieran, habría que inventarlos», ha afirmado, ¿cuál ha sido esa aportación?
— La creación de una empresa ya es en sí un acto innovador, pero en el pasado pocas pymes tenían una verdadera cultura de la innovación o departamentos de I+D propios. Los centros vinieron a cubrir esa necesidad básica: convertirse en el departamento de I+D de las empresas. Con el tiempo, al alcanzar la excelencia, incluso las grandes compañías nos vieron como el compañero perfecto para multiplicar sus capacidades. Hemos creado un ecosistema poroso, donde una empresa que entra por un problema regulatorio se encuentra con otra que viene por un tema de calidad y terminan aliadas en un consorcio tecnológico. Y ese concepto de ser un espacio de encuentro es una aportación muy importante y que hay que poner en valor.
Además, Redit ha demostrado que tiene un modelo equilibrado, que está muy focalizado en la transferencia a la empresa, y las que han trabajado con nosotros lo saben, aprovechan el potencial y, además, son grandes embajadoras de nuestro trabajo y todo ello va calando en el tejido empresarial y cada vez son más las empresas que se interesan por ver cómo pueden innovar.
A ello se une que la contribución de los institutos tecnológicos trasciende la actividad investigadora. Según el estudio realizado por Redit en colaboración con el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), la actividad de los centros tecnológicos genera un impacto de 775,5 millones de euros sobre el PIB de la Comunitat Valenciana, contribuye al mantenimiento de 16.047 empleos equivalentes a tiempo completo y genera una recaudación fiscal de 346,2 millones de euros para las Administraciones públicas.
Además, también hay que reconocer su proyección nacional. Cuando todo el sistema estuvo a punto de caer por falta de liquidez, el valenciano Salvador Bresó, entonces presidente de la patronal nacional Fedit y director de Aimme, consiguió que se incluyera la deuda de los centros tecnológicos en el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA). Fue una acción impulsada desde Valencia que salvó a toda la infraestructura tecnológica nacional del colapso. Curiosamente, ahora Fedit vuelve a estar presidido por una valenciana, Laura Olcina, que también es directora del ITI.
— Ahora que Valencia es un referente en innovación, ¿qué papel ha jugado Redit en ese posicionamiento?
— Ha sido fundamental, trabajando de forma sistémica con la universidad, los centros del CSIC y el ámbito empresarial. Entre todos hemos logrado algo clave: que las principales organizaciones empresariales, como la CEV o la Cámara de Comercio, y la propia Redit visionen, se posicionen y trabajen de manera coordinada. Algo que se replica a nivel sectorial. De hecho, en las últimas misiones institucionales, cuando se presentan las capacidades del territorio, la Confederación, la Cámara y Redit lo hacen bajo una misma presentación conjunta. Fuimos muy activos al escalar el sistema de innovación con la antigua Agencia Valenciana de la Innovación y el actual Ivace+i. Cuando hay que crear nuevos entornos de colaboración, nos ponemos a trabajar inmediatamente. De hecho, hay que reconocer y felicitarnos por la validez de todos los agentes del ecosistema, poner en valor a nuestro sistema universitario y a los centros del CSIC, porque, en el fondo, somos el mismo equipo y la batalla comercial real no se libra en Valencia, ni siquiera en España o en Europa, y todo suma.

- Marga Ferrer
— Como empresario, ¿cómo ha influido en su empresa la colaboración con los centros tecnológicos?
— Al principio, la pyme suele aproximarse para cubrir una necesidad muy concreta, como una certificación o un control de calidad para poder vender en el exterior. Pero, cuando transitas ese camino, generas relaciones de confianza con el equipo técnico y pasas de encargar un servicio a construir un proyecto estratégico conjunto. En el caso de mi empresa, Industrias Saludes, la colaboración con Aimme, Aidimme en la actualidad, en el desarrollo de electrónica y sistemas inteligentes de movilidad nos salvó en la anterior crisis. Hoy en día, es una prolongación de la propia fábrica: nuestros equipos y los de los institutos, porque estamos trabajando con varios centros, se reúnen habitualmente para debatir retos operativos, acudimos a ellos habitualmente y siempre están disponibles… La expresión que solemos utilizar cuando hablamos de ellos es «estamos en casa». Y no porque yo esté presidiendo Redit o Aidimme, sino porque verdaderamente se siente así. Yo le doy mucho valor a la cercanía que aporta contar con esta infraestructura en el territorio. Además eso otorga una soberanía estratégica en innovación que ninguna pyme valenciana podría pagar si tuviera que llamar a un laboratorio de Silicon Valley o de Alemania.
— Se nos llena la boca al hablar de innovación, pero ¿qué nivel de innovación tienen las empresas valencianas?
— Yo siempre digo que tenemos un tejido productivo bastante más innovador de lo que pensamos. Otra cosa es la capacidad que tiene para desarrollar la innovación, por eso los centros son tan importantes para ayudarles e impulsarla. Y las empresas son cada vez más conscientes. Como muestra, las 14.871 empresas que trabajaron con nuestros centros en el último año y que representaron el 59% de los ingresos de los institutos tecnológicos.

- A lo largo de 2025, los institutos trabajaron en más de 1.600 proyectos de I+D+i, en algunos casos de manera conjunta.
La unión hace la fuerza
En los últimos años Redit ha puesto en marcha distintas iniciativas que impulsan la colaboración entre institutos tecnológicos y promueven la transferencia de conocimiento hacia las empresas. «La red propicia que cuando se dan retos estratégicos que trascienden la capacidad de un solo centro se puedan abordar de una manera ordenada y coordinada», afirma Fernando Saludes.
Así han surgido iniciativas como Redit Mobility, Redit Defensa y Redit Ventures. Los dos primeros aúnan el trabajo realizado durante años en los centros tecnológicos en materia de movilidad sostenible (Redit Mobility) y defensa (Redit Defensa). En el caso de Redit Mobility, Saludes destaca la colaboración con el clúster de la automoción AVIA: «El trabajar juntos nos ha permitido ordenar nuestras capacidades para dar respuesta a los grandes retos estratégicos del sector y ofrecer una macroestructura de conocimiento y tecnología muy eficiente, que va a responder a nivel operativo».
Lo mismo ocurre con Redit Defensa, que busca ordenar y coordinar capacidades transversales para grandes proyectos tractores ante la actual coyuntura geopolítica. «Mucho tejido productivo valenciano tiene capacidad de aportar a la seguridad europea pero no sabe cómo acceder a programas tan complejos; nosotros captamos la financiación, diseñamos el consorcio y lo traducimos en proyectos reales».
Por su parte, Redit Ventures surgió de una necesidad: «Detectamos que los centros acumulaban conocimientos de excelencia que a veces no podían transferirse a las empresas, porque el tejido productivo aún no estaba preparado. Y hoy el ritmo global no te permite esperar quince años a que el mercado madure, porque alguien se habrá adelantado. Nos inspiramos en el modelo finlandés y creamos un vehículo de inversión independiente con capital propio de los centros para crear spin-off de base tecnológica, con capacidad de crecer y generar impacto económico y social en la Comunitat Valenciana», explica el presidente de Redit, quien destaca que, en tres años, han surgido diez spin-off relacionadas con materiales avanzados, salud, envasado sostenible, bienes de equipo, optimización de procesos industriales o alimentación.

- Eduardo Manzana
Redit Summit, un punto de encuentro y visibilidad
Una de las iniciativas de las que más orgulloso se siente Fernando Saludes es Redit Summit, que «resolvió una asignatura pendiente, la visibilidad, y también permitió que todo el ecosistema Redit tuviera un lugar de encuentro». Para ello, diseñaron un formato donde dieron la voz a los empresarios y técnicos que han trabajado con los centros, para que cuenten cómo es esa colaboración y qué han obtenido de la tecnología. «A ello unimos la labor de localizar por todo el mundo a la ‘diáspora valenciana’: talentos de aquí que ocupan puestos de máxima responsabilidad en la NASA, Berkeley, el MIT o Walmart. Traerlos de vuelta para que cuenten qué hacen y nos aporten inspiración es algo extraordinario», resalta Saludes, que destaca el papel jugado por el director de Redit, Gonzalo Belenguer, y el del periodista y colaborador de Redit y de Plaza, Eugenio Mallol, en esa búsqueda de la ‘diáspora valenciana’. La sexta edición de Redit Summit, que se celebrará el 7 de octubre, estará enfocada en el ámbito de defensa, seguridad y aeroespacial, y pondrá el foco en el papel que desempeña la innovación para dar respuesta a retos estratégicos que afectan tanto a la competitividad empresarial como a la resiliencia de la sociedad.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 139 (septiembre 2026) de la revista Plaza