Muchos turistas, menos rentabilidad: la paradoja que vive la hostelería en Elche

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Publicado: 05/10/2026 · 06:00
Actualizado: 05/10/2026 · 06:00
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España continúa batiendo cifras turísticas. También la Comunitat Valenciana y la provincia de Alicante mantienen una enorme capacidad de atracción. El Aeropuerto de Alicante-Elche Miguel Hernández volvió a marcar en agosto un récord histórico, con más de 2,3 millones de pasajeros y un crecimiento del 11,4% respecto al mismo mes del año anterior. La planta hotelera de Elche cerró agosto con una ocupación del 93%, superior a la registrada en 2025.

Son cifras que debemos celebrar. El turismo es uno de los grandes motores económicos de nuestro territorio y la hostelería forma parte inseparable de ese éxito. Pero detrás de los grandes números existe una realidad que quienes estamos cada día detrás de una barra, en una cocina o gestionando un restaurante conocemos bien: más turistas no significa necesariamente más rentabilidad para la hostelería.

Esa ha sido una de las sensaciones dominantes de este verano en muchos establecimientos de Elche. Hemos tenido visitantes, actividad, calles, playas y espacios turísticos llenos. Pero, en demasiados casos, esa afluencia no se ha trasladado a la caja en la misma proporción.

Y no es una percepción exclusivamente ilicitana. En la provincia de Valencia, el balance de la Federación Empresarial de Hostelería señalaba que el 67% de los establecimientos consultados había reducido su facturación durante los meses centrales del verano respecto a 2025. Entre las causas aparecía precisamente la contención del gasto de los clientes.

Tenemos, por tanto, una paradoja sobre la que conviene reflexionar: podemos batir récords turísticos y, al mismo tiempo, ver cómo se estrecha la rentabilidad de las empresas que atienden a esos turistas.

Un turista no es solamente una pernoctación

Durante años hemos medido el éxito turístico contando viajeros, pasajeros, pernoctaciones y porcentajes de ocupación. Son indicadores imprescindibles, pero ya no suficientes.

Necesitamos preguntarnos también cuánto dinero termina realmente en las empresas del destino. Porque un visitante puede aterrizar en nuestro aeropuerto, alojarse varios días y limitar considerablemente su gasto en restaurantes, cafeterías, bares, comercios y establecimientos de ocio.

Los empresarios percibimos una mayor sensibilidad al precio y una administración mucho más cuidadosa del presupuesto familiar, especialmente entre el cliente nacional. El contexto económico ayuda a entender esa prudencia: el IPC se situó en agosto de 2026 en el 4,3% interanual, frente al 2,7% de agosto de 2025. Las familias hacen cuentas.

Y cuando el presupuesto se estrecha, se sale menos, se comparte más, se prescinde de algunos platos o se sustituye una comida en un restaurante por una alternativa más económica.

El establecimiento puede seguir teniendo clientes y, sin embargo, facturar menos por cada uno de ellos.

Facturar no es ganar

A esa contención del consumo hay que añadir la otra parte de la ecuación: lo que cuesta mantener abierto un negocio hostelero.

Materias primas, salarios y cotizaciones sociales, energía, alquileres, seguros, mantenimiento, financiación, tasas, impuestos y obligaciones administrativas conforman una estructura de costes cada vez más difícil de absorber.

Subir precios puede significar perder clientes. No subirlos supone asumir unos costes crecientes. En medio queda el margen empresarial, cada vez más estrecho.

Por eso debemos desterrar una idea demasiado extendida: una terraza llena no significa necesariamente un negocio rentable. Puede haber actividad, empleo y facturación y, al mismo tiempo, una rentabilidad insuficiente para invertir, amortizar equipamiento, afrontar imprevistos y remunerar adecuadamente el trabajo y el capital del empresario.

Competimos también con nuevas formas de consumo

Los hábitos del consumidor están cambiando profundamente. Un restaurante ya no compite únicamente con el establecimiento de la calle de al lado. Compite con plataformas de reparto, tiendas de conveniencia, nuevas fórmulas de alimentación preparada y grandes superficies y supermercados que han convertido la comida lista para consumir en una parte importante de su negocio.

Es una evolución legítima del mercado, pero obliga a reflexionar sobre cómo están cambiando las fronteras entre distribución alimentaria y restauración. La hostelería tradicional compite hoy con estructuras empresariales, costes y modelos de negocio muy diferentes.

Pedimos competir en condiciones razonables y que se comprenda que el mercado en el que opera hoy un bar o un restaurante es mucho más complejo que hace diez años.

Un sector estratégico necesita una política a su altura

Existe además una contradicción que venimos señalando desde hace tiempo. Las administraciones reconocen la importancia económica, social y turística de la hostelería. Y hay razones para ello: el sector da trabajo a 2 millones de personas y aporta el 6,7% del PIB nacional.

El propio Gobierno, al aprobar este verano el plan de renovación de equipamiento hostelero, ha reconocido que la hostelería constituye la principal actividad turística de España, al concentrar aproximadamente el 40% de las empresas vinculadas al turismo y el 60% de su empleo.

Sin embargo, ese reconocimiento no siempre se corresponde con el apoyo recibido. El plan de choque aprobado mediante el Real Decreto 638/2026 está dotado con 15 millones de euros para toda España. Es positivo que exista, pero resulta legítimo preguntarse si su dimensión guarda proporción con el peso empresarial y laboral del sector.

La hostelería necesita una política económica que comprenda la realidad de miles de pequeñas y medianas empresas que crean empleo, mantienen actividad durante todo el año y forman parte esencial de la experiencia turística española.

Una hostelería fuerte

Elche quiere seguir creciendo como destino turístico y aprovechar su extraordinaria conectividad, su patrimonio, sus playas, sus congresos y eventos y, por supuesto, su gastronomía. Pero para construir un destino atractivo necesitamos empresas capaces de sostener esa experiencia.

Porque un turista no recuerda únicamente dónde durmió. Recuerda dónde desayunó, la terraza en la que tomó algo, el arroz que descubrió, el restaurante al que quiere regresar, la atención que recibió y la gastronomía que recomienda cuando vuelve a casa.

La hostelería no es un complemento del turismo. Es una parte fundamental de la experiencia turística.

Por eso el objetivo no puede ser únicamente traer cada año más visitantes. El reto es conseguir un turismo que genere más valor en el territorio: que consuma en nuestras empresas, descubra nuestra gastronomía, compre producto local y contribuya a mantener empleo y actividad económica.

¿Qué necesitamos?

Necesitamos contener la creciente carga de costes y evitar incrementos fiscales que deterioren aún más los márgenes. Simplificación administrativa y seguridad jurídica. Políticas energéticas y programas de modernización que reduzcan costes estructurales. Facilitar la inversión y la digitalización. Y afrontar uno de nuestros mayores problemas: encontrar, formar y conservar profesionales.

Necesitamos también una promoción turística orientada al gasto y al valor, y no exclusivamente al número de visitantes. Cada nueva conexión aérea y cada campaña turística deberían convertirse en oportunidades para restaurantes, bares, comercios y empresas de ocio. Y debemos hacer de nuestra gastronomía y nuestro producto local razones cada vez más poderosas para elegir Elche.

Administraciones y empresas debemos trabajar conjuntamente para aumentar el valor de cada visita, desestacionalizar la actividad y convertir la gastronomía en uno de los grandes argumentos turísticos del municipio.

Al terminar cada temporada deberíamos hacernos tres preguntas: ¿cuántos turistas han venido?, ¿cuánto valor han generado en Elche? y ¿cuántas de nuestras empresas han conseguido ser rentables gracias a ellos?

Ese es el indicador que determinará si nuestro modelo turístico funciona también para quienes levantan cada mañana la persiana. La hostelería quiere seguir creando empleo, invirtiendo, innovando y siendo una de las mejores tarjetas de presentación de Elche.

Pero para seguir aportando valor al turismo, primero necesitamos que ser hostelero vuelva a ser rentable.

 

Francisco Linares es presidente de Hostelería Elche

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