VALÈNCIA. La Comunitat Valenciana quiere jugar un papel relevante en la carrera europea de los chips, como se ha reivindicado de forma constante en los últimos años. Empresas, universidades y administración coinciden en que el territorio cuenta actualmente con una combinación de talento, capacidad investigadora y tejido tecnológico que le permite aspirar a convertirse en lugar de referencia en el sector. Sin embargo, el ecosistema valenciano del chip también reconoce que sin una mayor coordinación política, financiación estable y una estrategia sostenida en el tiempo será difícil competir con regiones europeas que llevan décadas construyendo una industria de semiconductores. Por este motivo, consideran necesario mantener la inyección de capital que actualmente entra a través de convocatorias como el Perte Chip para poder dar cotinuidad a las las cátedras actualmente existentes.
Esta fue una de las principales conclusiones del encuentro celebrado en el Hotel SH Valencia Palace de València, organizado alrededor del debate sobre la soberanía tecnológica europea y el futuro del sector de los semiconductores en la Comunitat Valenciana. En la mesa participaron Mayte Bacete, presidenta de Valencia Silicon Cluster y senior site director de MaxLinear Hispania; Carlos G. Triviño, secretario general de Valencia Silicon Cluster; Rafael Sebastián, director general de Ciencia e Investigación de la Generalitat Valenciana; José María Montiel, vicerrector de Innovación y Transferencia de la Universitat Politècnica de València (UPV); Francisco José Ballester, director de la Cátedra UPV-VASIC de Diseño Microelectrónico; Càndid Reig, director de la Cátedra PERTE Chip; Arturo Castelló, subdirector técnico de Innovación de la Fundación de la Comunitat Valenciana para la Promoción Estratégica y José Capmany, director de Photonics Research Labs de la ETSIT-UPV.
La soberanía tecnológica entra en la agenda europea
La industria europea de los semiconductores vive un momento de transformación marcado por el intento de la Unión Europea de recuperar autonomía estratégica frente a Estados Unidos y Asia. La aprobación de la Chips Act europea y el desarrollo de una futura Chips Act 2.0 han abierto una nueva etapa en la que Bruselas busca aumentar la capacidad de producción, investigación y diseño tecnológico dentro del continente tras décadas de deslocalización industrial. "Europa ha entendido que tiene que recuperar soberanía tecnológica", señalaba Rafael Sebastián, quien explicó que la Generalitat Valenciana ya está movilizando recursos europeos vinculados a los fondos STEP para impulsar proyectos relacionados con semiconductores, computación cuántica y materiales avanzados. El director general de Ciencia e Investigación subrayó además la importancia de utilizar estos programas para favorecer la creación de spin-off tecnológicas surgidas desde las universidades valencianas y acelerar la transferencia de conocimiento hacia el mercado.
En paralelo, Carlos G. Triviño destacó que la política europea de semiconductores se encuentra en un momento de transición que puede beneficiar especialmente a territorios como la Comunitat Valenciana. Según explicó, la futura articulación del nuevo fondo europeo de competitividad, impulsado tras las recomendaciones del informe Draghi, permitirá aumentar significativamente la capacidad de financiación para proyectos tecnológicos estratégicos. "La Comunitat Valenciana está muy bien posicionada en Bruselas", destacaba, mientras recordaba que la próxima semana Valencia acogerá el València Silicon Fórum para debatir el futuro de la industria europea de los chips.
Candid Reig consideraba que todavía no existe plena conciencia sobre la magnitud económica que mueve la industria de los semiconductores, donde algunas de las grandes compañías fabricantes alcanzan valoraciones superiores al PIB de muchos países. En este contexto, defiende la necesidad de identificar aquellos ámbitos donde el retorno estratégico puede ser mayor. Según explica, Valencia ya contaba con un ecosistema previo en microelectrónica y semiconductores antes incluso de la llegada del Perte Chip, gracias a la presencia de grandes multinacionales y capacidades consolidadas en áreas como materiales avanzados, fotónica o computación cuántica. "Si conseguimos que todo este movimiento se implemente y se materialice aquí, podremos generar un verdadero centro de gravedad capaz de atraer capital, talento y nuevas oportunidades", señalaba Reig, quien cree que la Comunitat Valenciana puede aspirar a convertirse en un hub de referencia más allá del ámbito nacional.

El gran problema: la falta de coordinación institucional
Pese al optimismo respecto al nuevo escenario europeo y el impulso desde la Comisión Europea, buena parte del debate giró alrededor de las dificultades internas que todavía frenan el crecimiento del ecosistema valenciano. Empresas y universidades coincidieron en señalar la falta de coordinación entre administraciones como uno de los principales obstáculos para consolidar una estrategia industrial sólida. "Esto no se puede parar y no podemos trabajar tres años en que esto crezca y luego haya un abismo", advirtió Mayte Bacete, quien reclamó una mayor alineación entre Gobierno central, Generalitat y administraciones locales para dar continuidad a las inversiones vinculadas al Perte Chip. A su juicio, la Comunitat Valenciana dispone de "los mimbres" necesarios para atraer grandes proyectos tecnológicos gracias a la combinación de universidades potentes, multinacionales ya instaladas y nuevas startups surgidas en torno a la microelectrónica y la fotónica.

En la misma línea, Francisco José Ballester lamentó la falta de una hoja de ruta común entre administraciones y defendió la necesidad de impulsar políticas coordinadas a largo plazo similares a las desarrolladas en otros países europeos. “En las tecnologías donde tenemos una oportunidad real hay que apostar decididamente y desarrollar planes atractivos que permitan atraer empresas y fortalecer el ecosistema. ¿Por qué no estudia más gente microelectrónica aquí? ¿Para qué hacerlo si no existe un plan de incentivos tecnológicos, acompañamiento empresarial y difusión de la investigación? Sin una estrategia clara no vamos a llegar a ningún sitio. Es muy complicado que una empresa venga si no encuentra una hoja de ruta definida, un apoyo gubernamental y líneas estratégicas concretas. Ahora contamos con una inversión importante gracias al Perte Chip, pero la descoordinación entre la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones, el Gobierno autonómico y otras entidades está haciendo daño. Tenemos que crecer de manera realista y positiva", apuntaba.
Los participantes coincidieron en que regiones como Alemania o Países Bajos han logrado consolidar ecosistemas tecnológicos potentes precisamente gracias a la estabilidad institucional, la continuidad de las políticas públicas y la estrecha relación entre universidad, industria y administración. "Hay que aprender de lo que se ha hecho en otros lugares del mundo. Los modelos de éxito, como el de ASML, se han construido a lo largo de 30 años, no en cuatro o cinco. Para desarrollar un ecosistema sólido hace falta capital paciente y una apuesta sostenida también en formación. Es un esfuerzo colectivo que nace de una visión y de una ejecución inicialmente modesta, pero que se va consolidando con el tiempo. Si existe voluntad de arrancar un proceso, está bien, pero debe mantenerse en el largo plazo. Todos los casos de éxito han seguido ese mismo camino", apuntaba José Capmany.

Arturo Castelló destacaba que la microelectrónica se ha convertido en uno de los ocho sectores estratégicos priorizados por el Ayuntamiento, además de mantener una estrecha relación con el ámbito de la defensa. Según explicaba, desde la administración local se están destinando "tantos recursos económicos como humanos" para apoyar eventos, impulsar la promoción internacional y atraer compradores, inversores y nuevas iniciativas vinculadas a la formación. Castelló aseguraba que existe "voluntad política" y que en los próximos años llegarán importantes recursos económicos para reforzar el ecosistema. No obstante, advierte de que la apuesta por el talento debe ir acompañada de un tejido industrial sólido. "Si en paralelo no tenemos industria que absorba ese talento, acabaremos siendo subsidiarios".
Aunque Sebastián coincidía con la industria y las universidades en la necesidad de un plan estratégico de semiconductores en la Comunitat Valenciana y se comprometía a estudiarlo, también señalaba que hay oportunidades que no se están aprovechando en el sector, como el programa Valer o el Plan GenT2. A su juicio, el sector de la microelectrónica y las tecnologías avanzadas debería utilizar mejor estas herramientas para atraer a las universidades valencianas a algunos de los mejores investigadores del mundo, capaces de generar polos de excelencia y captar importantes recursos europeos. "Es un área que todavía no se ha beneficiado plenamente de estas iniciativas", señalaba Sebastián, quien recordaba que actualmente se están destinando cerca de 30 millones de euros para financiar este tipo de contratos. En este sentido, subraya que contar con ecosistemas universitarios sólidos en la Comunitat Valenciana facilita la atracción de talento internacional, aunque insiste en que hace falta "contactarles, invitarles a venir y generar las condiciones adecuadas para que desarrollen aquí sus proyectos".
Formación y talento: la gran baza valenciana
Si hubo una idea repetida durante todo el encuentro fue que la gran oportunidad valenciana pasa por el talento. Aunque competir a corto plazo con territorios que concentran grandes fábricas de chips resulta complejo por la magnitud de las inversiones necesarias, el ecosistema valenciano considera que sí puede posicionarse como un referente europeo en formación avanzada, investigación y diseño tecnológico. "Valencia tiene un elemento de viabilidad para convertirse en un player y es la educación, la formación y el talento", aseguró G. Triviño, quien puso en valor el crecimiento de las cátedras especializadas impulsadas en las universidades valencianas. Según señaló, la Comunitat Valenciana ha logrado desarrollar una capacidad formativa superior a la de otros polos nacionales y puede convertir ese factor en una ventaja competitiva a medio plazo. "En Europa hemos visto una enorme necesidad de talento, de contratar a personas y de formar a más gente".
Las cátedras vinculadas al PERTE Chip fueron señaladas como uno de los grandes éxitos del ecosistema valenciano durante los últimos años. Bacete destacó que estos programas vinculados a la microelectrónica y a la fotónica han permitido estrechar la colaboración entre empresas y universidades, además de acelerar la formación de nuevos perfiles especializados en microelectrónica y fotónica. "De momento solo hay másters, pero ojalá podamos dar grados", apuntaba. Ballester explicó que la UPV ha destinado cerca de un millón de euros a siete proyectos vinculados al diseño microelectrónico con el objetivo de favorecer la aparición de productos reales y nuevas empresas tecnológicas. Además, defendió la necesidad de generar también cultura financiera alrededor del sector para facilitar inversiones más especializadas y sostenidas en el tiempo.
"Nuestro sector de la microelectrónica cuenta con unos cimientos muy sólidos y con una estructura formativa bien desarrollada. Sin embargo, seguimos teniendo una carencia importante en coordinación entre administraciones, voluntad política y planificación estratégica. Necesitamos creer realmente en el potencial que tenemos y aprovechar las oportunidades que están llegando desde Europa. Hace falta una interlocución mucho más fluida con la SET y con el Ministerio, así como definir con claridad iniciativas de futuro, como las posibles cátedras 2.0", reconocía el director de la Cátedra UPV-VASIC de Diseño Microelectrónico.

Retener talento y generar industria
Más allá de la formación, el encuentro también puso el foco en uno de los grandes desafíos del sector: cómo evitar la fuga de talento y generar un tejido empresarial capaz de absorber a los perfiles formados en las universidades valencianas. "La razón por la que muchos no se quedan es porque no encuentran un puesto alineado con el perfil para el que se han preparado", señaló Ballester, quien defendió la necesidad de ofrecer carreras profesionales atractivas y proyectos tecnológicos ambiciosos para retener a los ingenieros especializados. No obstante, todavía se apunta a una industria de fabless -compañías que diseñan- frente a las froundries- compañías que fabrican. "Tendemos a ser muy cortoplacistas. Traer una fábrica cuesta miles de millones. Montar una foundry de microelectrónica trasciende al margen de maniobra de una administración", apuntaba Capmany.
En este contexto, insistió en la importancia de fomentar el emprendimiento científico desde la universidad y generar un ecosistema donde las pequeñas empresas innovadoras puedan crecer y retroalimentarse entre sí. A juicio de los participantes, la Comunitat Valenciana dispone actualmente de factores diferenciales como calidad de vida, universidades especializadas, multinacionales tecnológicas ya implantadas y capacidad investigadora suficiente para atraer también talento internacional senior. "En los últimos años ya hay gente que se plantea venir aquí porque oye que existe un ecosistema", apuntó Bacete.
El debate dejó también una reflexión compartida sobre el papel estratégico que jugarán los semiconductores durante las próximas décadas. Sectores como automoción, defensa, aeroespacial, inteligencia artificial o energía dependen cada vez más de la disponibilidad de chips avanzados, lo que convierte esta industria en uno de los grandes ámbitos de competencia geopolítica global. En este escenario, los participantes defendieron que la Comunitat Valenciana todavía está a tiempo de posicionarse como uno de los nodos europeos especializados si consigue mantener el foco inversor y la estabilidad institucional durante los próximos años. "Si la Comunitat Valenciana quisiera hacer una apuesta decidida, en diez años sería raro que no estuviéramos posicionados en la tecnología más estratégica que existe", concluyó Triviño.