Alicante ante el nuevo mapa global: seguridad, industria y talento entran en la agenda de las firmas

Empresas

La Asamblea de Ineca reúne en Elche al economista Francisco Uría y al general en la reserva Francisco García-Almenta para analizar el cambio de la globalización, la pugna entre China y Estados Unidos, el papel de Europa y las opciones de España como plataforma energética, logística e industrial

  • Asamblea anual de Ineca en Elche.
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ELCHE. La globalización no está acabada, pero las reglas con las que las empresas alicantinas salen a vender, compran componentes o deciden dónde producir ya no son las mismas. La eficiencia y el precio han dejado de ser los únicos criterios. A ellos se han sumado la seguridad del suministro, la estabilidad política, la disponibilidad de energía, la tecnología y la capacidad de seguir operando cuando un conflicto internacional altera rutas comerciales o divide mercados. Ese a sido uno de los ejes del diálogo sobre geoestrategia y geopolítica celebrado en el Centro de Congresos de Elche dentro de la Asamblea de 2026 del Instituto de Estudios Económicos Provincia de Alicante (Ineca). La conversación ha tenido la experiencia económica y financiera de Francisco Uría, director del Instituto Español de Banca y Finanzas y profesor de Cunef Universidad, y la vinculada a la seguridad y defensa de Francisco García-Almenta, general de brigada en la reserva, exjefe del Mando de Operaciones Especiales y antiguo comandante militar de Alicante.

La mesa, moderada por la secretaria general de Ineca, Inés Abad, se ha dado en un programa que incluye un análisis de las fortalezas y debilidades de la economía provincial a cargo del director general de Estudios y Proyectos de Ineca, Santiago Carbó, -ya analizado en esta noticia- así como la presentación de los miembros del Consejo Asesor de la entidad. El presidente de Ineca, Alfredo Millá, cerró el acto, además, con las intervenciones del alcalde de Elche, Pablo Ruz, y el president de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca.

Antes de entrar en el análisis de un nuevo escenario internacional, Uría inició su intervención con un recuerdo a las personas fallecidas en el incendio registrado en Almería. El economista lo vinculó con la necesidad de no perder de vista los acontecimientos que reflejan cambios de fondo. "El mundo está cambiando y a veces el ruido que tenemos nos impide darnos cuenta de cosas importantes que suceden", trasladó.

Desde esa reflexión, y ya centrado en el debate geopolítico, defendió que la globalización sigue vigente, aunque bajo parámetros distintos. "La globalización no ha muerto", afirmó. Cualquier acontecimiento producido en un punto del planeta puede trasladarse en minutos a la economía global. Como ejemplo, apuntaba al impacto que tienen sobre los mercados los movimientos o declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en relación con Irán, capaces de provocar variaciones inmediatas en las cotizaciones y afectar a empresas, inversores y familias.

Lo que sí ha cambiado, según explicaba, es la forma en la que funciona esa globalización. Durante años, las compañías pudieron organizar sus decisiones atendiendo principalmente a la eficiencia, dónde era más barato producir, dónde resultaba más rentable comprar o qué proveedor ofrecía mejores condiciones. La pandemia, la guerra de Ucrania y la situación internacional actual han roto esa ecuación. Ahora, junto al coste, aparece otro factor: la seguridad.

La seguridad entra en las decisiones empresariales

Y es que, García-Almenta trasladaba esa idea al terreno empresarial. Una inversión puede resultar atractiva por disponer de energía o mano de obra más barata, pero quedar condicionada por otros elementos, como son la inestabilidad, cortes de suministro, vulnerabilidad de infraestructuras o dificultades para mantener las cadenas logísticas. El general explicaba que se ha pasado de un escenario en el que se buscaba principalmente reducir costes a otro en el que las empresas valoran factores adicionales para evitar que un problema geopolítico pueda detener su producción.

La consecuencia es un cambio en las cadenas de suministro. La proximidad, la estabilidad del proveedor y la capacidad de garantizar componentes o materias primas ganan peso frente a la búsqueda exclusiva del menor precio. Así, Uría explicaba que este nuevo contexto ya ha llegado a los órganos de decisión de las empresas. La geopolítica forma parte del gobierno corporativo y cada compañía debe analizar su exposición según sus mercados, proveedores y países en los que opera.

  • Francisco Uría en la asamblea anual de Ineca en Elche. -

Ese análisis, defiende, no consiste en intentar anticipar exactamente qué ocurrirá, sino en preparar escenarios posibles. La experiencia acumulada desde la pandemia ha demostrado que una situación puede cambiar en pocos días y que las compañías necesitan capacidad de adaptación. "La geopolítica forma parte del corazón de la reflexión estratégica empresarial", según ha planteado.

China, un competidor para las empresas alicantinas en cualquier mercado

El cambio del comercio internacional ha marcado también del debate. Uría expuso que las cifras globales de comercio siguen siendo positivas, pero los flujos han cambiado. Las exportaciones de China hacia Estados Unidos se han reducido, al igual que las de Europa y España hacia el mercado estadounidense. Sin embargo, China no ha dejado de exportar. Ha redirigido su producción hacia otros destinos y ha aumentado su presencia en Europa. El cambio también afecta al tipo de competencia. China ya no es solo un fabricante de productos de bajo coste. Se ha convertido en una potencia tecnológica con capacidad para competir en sectores de mayor valor añadido.

Ese movimiento tiene impacto directo en territorios exportadores comola provincia de Alicante. Según Uría, las empresas de la provincia se encontrarán con competidores chinos "donde quiera que vayan". La rivalidad se produce, además, dentro de un sistema internacional diferente. El mundo multilateral construido después de la Segunda Guerra Mundial continúa existiendo, pero ha perdido peso frente a la relación entre las dos grandes potencias: Estados Unidos y China.

Uría mantiene que Donald Trump y su llegada al poder y políticas no debe interpretarse como la causa de ese cambio, sino como una consecuencia. El país estadounidense ya había llegado antes a la conclusión de que el sistema de comercio internacional permitió a China aproximarse a su posición en numerosos sectores. A partir de ahí, Washington comenzó a apostar por relaciones más bilaterales. El resultado es un escenario con menos reglas comunes, menos capacidad de arbitraje internacional y una división mayor entre bloques.

Estados Unidos y China: dos sistemas en competencia, nuevos bloques

Ahondando en este nuevo panorama donde cada vez importan "menos" las voces globales, García-Almenta repasaba, precisamente, la evolución del orden mundial desde la Guerra Fría hasta la actualidad. Tras la caída de la Unión Soviética se extendió la idea de que el libre comercio generaría prosperidad y extendería la democracia. Sin embargo, definió esa visión como una "utopía". Después de los atentados del 11 de septiembre y la lucha global contra el terrorismo, Estados Unidos dejó espacios de influencia que fueron ocupados por otros actores, especialmente China y Rusia. Al mismo tiempo, Europa perdió presencia en regiones como África tanto desde el punto de vista económico como de seguridad.

  • Francisco García-Almenta en la asamblea anual de Ineca en Elche. -

El general sitúa el momento actual en una nueva competición entre dos bloques. Estados Unidos busca recuperar producción industrial y tecnológica porque considera que quien deja de fabricar la tecnología actual pierde capacidad para desarrollar la siguiente. China, por su parte, pretende reducir su dependencia exterior y crear su propio ecosistema tecnológico. En ese contexto, los países situados entre ambos intentan mantener relaciones con las dos potencias, aunque García-Almenta asegura que puede llegar un momento en el que tengan que elegir.

Uría relacionaba esa fragmentación con el uso de herramientas económicas como instrumento geopolítico. Las sanciones financieras, los sistemas de pago o las monedas forman parte ya de las relaciones de poder internacional. "El gran riesgo", explica, es que China y Estados Unidos pidan cada vez más exclusividad a sus aliados.

Rusia, Ucrania y una Europa obligada a reaccionar

La guerra de Ucrania también apaareció en este análisis. En este sentido, García-Almenta define a Rusia como un país revisionista. Considera que no tiene capacidad económica y demográfica para actuar como una potencia global equivalente a China o Estados Unidos, pero sí para generar problemas internacionales. Según expone, el error de Estados Unidos fue pensar tras la caída de la Unión Soviética que Rusia perdería relevancia progresivamente. Moscú busca ahora tener un papel en las negociaciones internacionales y mantener capacidad de influencia.

La invasión de Ucrania en 2022 marcó un cambio especialmente para Europa. Países como Polonia y los bálticos habían iniciado su rearme desde 2014, mientras que la guerra llevó ese debate a otros Estados europeos. También ha cambiado la forma de entender los conflictos. García-Almenta explica que la evolución tecnológica de la guerra de Ucrania, especialmente con el uso de drones, ha provocado que los análisis queden desfasados en muy poco tiempo. Esa velocidad obliga también a las organizaciones civiles y empresariales a modificar su forma de trabajar, en aprender más rápido, tomar decisiones con información incompleta y adaptarse de forma continua.

Inteligencia artificial, talento y la próxima competencia global

La inteligencia artificial ha sido señalada como uno de los factores que puede alterar el equilibrio internacional. Aquí, Uría defiende que las empresas no deben analizarla únicamente desde el punto de vista de la automatización interna. Su impacto puede modificar el mercado laboral, la formación y la organización económica. A medio y largo plazo consideró que tendrá efectos positivos, pero advierte de que habrá una transición y de que no todas las empresas, países o trabajadores avanzarán al mismo ritmo.

La competencia será también por el talento. Las empresas necesitarán perfiles que no siempre estarán disponibles en el mercado, por lo que la formación y la recualificación de los trabajadores serán elementos clave. Aquí, García-Almenta relaciona la inteligencia artificial con la defensa y la posición internacional de las potencias. Estados Unidos ha mantenido históricamente una ventaja militar basada en la tecnología. Si China alcanza el mismo nivel, esa diferencia se reduce. La competición se concentra en varios ámbitos que pasan por la IA, chips, energía, supercomputación, nuevos materiales y biotecnología.

El reto europeo, hacia menos fragmentación y más capacidad industrial

Sobre Europa, los dos ponentes coincidieron en señalar problemas de velocidad y coordinación. Aquí, Uría afirma que Europa no está preparada para un entorno que exige decisiones rápidas y flexibles. Considera que existen diagnósticos sobre los problemas de competitividad, pero no suficientes cambios para corregirlos. El obstáculo, asegura, no está únicamente en las instituciones comunitarias, sino en los propios Estados, que mantienen intereses nacionales y dificultan una mayor integración

García-Almenta traslada ese problema al ámbito militar y expone que, aunque Europa dispone de recursos económicos, la fragmentación reduce su capacidad. Cada país mantiene programas propios y eso limita los resultados conjuntos. Como ejemplos de cooperación europea han citado proyectos como Airbus o el CERN, pero defienden la necesidad de avanzar hacia una industria militar europea más coordinada.

España y Alicante ante el nuevo tablero geopolítico

En el caso español, García-Almenta identificaba varias oportunidades en esta incertidumbre y tambaleo del multilateralismo. La primera es geográfica. España se encuentra alejada de la frontera oriental europea y separada de Rusia por otros países, con Francia como potencia nuclear entre ambos territorios. Desde ese punto de vista, plantea que España puede tener opciones para albergar industria estratégica europea.

  • Asamblea anual de Ineca en Elche. -

También destaca la posición energética. La capacidad de recibir gas por barco y diversificar proveedores puede convertirse en una ventaja frente a países más dependientes de una única vía de suministro. A ello suma la ubicación en las rutas marítimas y el papel del estrecho de Gibraltar, además de la relación histórica, cultural y empresarial con Iberoamérica. España, defiende, puede actuar como conexión entre Europa y América Latina.

Asimismo, Uría coincide en las posibilidades del país, pero apuntó a la necesidad de aprovecharlas con planificación a largo plazo. España, dijo, tiene elementos positivos y un tejido empresarial sólido, pero necesita mejorar productividad, innovación y capacidad de reforma. También vinculó el crecimiento de población con la necesidad de adaptar las infraestructuras. El aumento de residentes y visitantes exige inversiones en transporte, sanidad, educación y servicios.

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