Investigadoras del CEU Elche crean un modelo celular para estudiar mejor el tumor intracraneal más frecuente

Elche

El trabajo permite observar en laboratorio cómo se comportan estos tumores en sus fases iniciales e identifica alteraciones relacionadas con el metabolismo y la respuesta inmunitaria

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ELCHE. Los meningiomas son los tumores intracraneales primarios más frecuentes. En la mayoría de los casos, especialmente cuando son de grado 1, suelen tener una evolución favorable tras el tratamiento quirúrgico. Sin embargo, no todos se comportan igual: algunos pueden volver a aparecer y todavía se desconocen parte de los mecanismos biológicos que intervienen en sus primeras fases de desarrollo. Comprender mejor esos procesos es una de las claves para avanzar en la investigación de este tipo de tumor.

Con ese objetivo, investigadoras de la Universidad CEU Cardenal Herrera en Elche han desarrollado y caracterizado una línea celular estable de meningioma de grado 1, un modelo de laboratorio que permite estudiar con más precisión la biología inicial de estos tumores. El trabajo, realizado por Esther Mancheño Maciá, Marina Leal Clavel y Vanesa Escudero Ortiz, ha sido publicado en la revista científica Biomolecules.

“La investigación combina biología celular, análisis genómico y herramientas de bioinformática para observar no solo genes aislados, sino también las redes biológicas que funcionan de manera coordinada dentro del tumor. Esta aproximación ha permitido identificar una firma metabólica e inmunitaria característica en un subtipo concreto de meningioma: los meningiomas transicionales diploides de grado 1”, aseguran las autoras.

Un modelo de laboratorio más fiel al tumor original

Una de las principales aportaciones del estudio es la creación de la línea celular H8T-MG, obtenida a partir de un meningioma transicional diploide de grado 1. “En términos sencillos, una línea celular permite mantener células tumorales vivas en el laboratorio durante un periodo prolongado, para observar su comportamiento, analizar sus características y probar hipótesis de investigación en condiciones controladas”, afirman.

En este caso, las células se mantuvieron en cultivo estable durante más de 15 meses, sin manipulación genética y en condiciones de cultivo estándar suplementadas con factores de crecimiento. A juicio de las investigadoras, este punto resulta importante porque muchas líneas celulares disponibles para estudiar meningiomas proceden de tumores más agresivos o necesitan modificaciones genéticas para mantenerse. “Contar con un modelo de grado 1, estable y no manipulado, ofrece una base más fiel para estudiar las fases iniciales de estos tumores”, recalcan.

Las investigadoras comprobaron que las células mantenían un crecimiento adherente, una morfología estable y una característica propia de células con comportamiento no agresivo: la inhibición por contacto, es decir, la tendencia a dejar de crecer cuando entran en contacto unas con otras. Además, el análisis citogenético confirmó que no presentaban grandes alteraciones cromosómicas, lo que refuerza su utilidad como modelo experimental.

El cultivo conservó también rasgos propios de las células meningoteliales, el tipo celular relacionado con el origen de los meningiomas. Entre los marcadores detectados se encuentran vimentina, α-SMA, nestina, conexina-43 y distintos neurofilamentos. Para las investigadoras, esta coincidencia entre el tumor de origen y las células cultivadas permite trabajar con una base más sólida en futuras investigaciones.

Qué genes se activan y qué rutas cambian

La segunda parte del estudio se centró en la transcriptómica, una técnica que permite conocer qué genes están más activos o menos activos en un tejido determinado. “Si el ADN puede compararse con el conjunto de instrucciones de una célula, la transcriptómica ayuda a ver qué instrucciones se están utilizando en un momento concreto”, puntualizan.

Al comparar meningiomas transicionales diploides de grado 1 con meninges sanas, las investigadoras identificaron 51 genes con una expresión diferente. “Es decir, genes que se comportaban de manera distinta en el tumor respecto al tejido sano. A partir de ese análisis, observaron una firma biológica marcada por dos grandes elementos: cambios en rutas metabólicas y una respuesta inmunitaria atenuada”.

Por un lado, el estudio detectó una disminución de rutas inflamatorias y de moléculas relacionadas con la respuesta inmunitaria, como determinadas citoquinas y quimioquinas. Por otro, aparecieron alteraciones en vías vinculadas al metabolismo del ácido araquidónico, los citocromos P450, el metabolismo de xenobióticos y el metabolismo del retinol.

“Este patrón sugiere que estos tumores presentan una biología propia, en la que metabolismo e inmunidad están estrechamente relacionados. No se trata solo de saber qué genes cambian, sino de entender qué procesos celulares pueden estar contribuyendo al desarrollo inicial del tumor”, advierten las autoras del estudio.

De los genes aislados a las redes biológicas

Para ampliar esa visión, el trabajo incorporó herramientas de biología de sistemas. “Esta disciplina permite analizar cómo interactúan entre sí genes, proteínas y rutas funcionales, de manera parecida a estudiar no solo las piezas de un mecanismo, sino también cómo se conectan y qué papel ocupa cada una dentro del conjunto”.

Los análisis permitieron identificar cuatro genes especialmente relevantes dentro de esas redes: ASPN, SELE, ACKR y ABCB1. Estos genes están relacionados con procesos como la organización de la matriz extracelular, la modulación inmunitaria, la comunicación vascular y el transporte de compuestos. Su posición dentro de las redes biológicas estudiadas los convierte en puntos de interés para futuras investigaciones.

El estudio también detectó la presencia de receptores cannabinoides CB1 y CB2 en el cultivo de meningioma de grado 1. Las autoras subrayan que esta expresión ha sido poco documentada en modelos celulares de este tipo y que abre una posible línea de exploración sobre vías de señalización relacionadas con el sistema cannabinoide. “Este hallazgo no implica una aplicación terapéutica inmediata, pero sí aporta una nueva pregunta científica que podrá estudiarse en trabajos posteriores”, apuntalan.

Una investigación básica con valor para el futuro

Las investigadoras insisten en que el trabajo no plantea una aplicación clínica inmediata. “Su valor se sitúa en el ámbito de la investigación básica y preclínica: proporciona un modelo celular estable, no manipulado genéticamente y representativo de un subtipo concreto de meningioma de grado 1. Esto permitirá estudiar con mayor detalle los mecanismos iniciales de estos tumores y formular nuevas hipótesis sobre su origen, evolución y posibles vulnerabilidades biológicas”.

La investigación, según Mancheño, Escudero y Leal, también refuerza una idea importante: los meningiomas no deben estudiarse como un grupo homogéneo. “Aunque compartan una denominación común, pueden presentar diferencias histológicas, citogenéticas y moleculares que condicionan su comportamiento. Por eso, analizar subtipos concretos permite obtener información más precisa y evitar conclusiones demasiado generales”.

Para las investigadoras, “este trabajo aporta una herramienta experimental para avanzar en el conocimiento de un tumor frecuente, generalmente de buen pronóstico, pero todavía con aspectos biológicos poco conocidos. La combinación de modelos celulares, transcriptómica y biología de sistemas permite mirar el meningioma desde dentro: no solo como una lesión que se diagnostica y se trata, sino como un conjunto de procesos celulares que la ciencia todavía necesita comprender mejor”.

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