ELCHE.- Nicolás y Javier, dos amigos de Elche, convocaron el desafío a través de un cartel hecho con inteligencia artificial después de ver que en Alicante ya se había celebrado uno. En pocas horas, la cita reunió a menores de entre 9 y 17 años, algún participante ya mayor de edad, un break-dancer con nombre artístico y una idea que ha salido de las pantallas para tomar las plazas: perder la vergüenza en público y "farmear aura" delante de todo el mundo.
La plaza de Santa Isabel, junto a la basílica de Santa María de Elche, se ha llenado en la tarde del sábado de adolescentes con el móvil en alto. No han venido a un concierto ni a una fiesta mayor: han venido a una "batalla de aura", el nuevo fenómeno viral que ha saltado de TikTok a la calle y que, según los propios organizadores, se les ocurrió al ver que días antes ya se había celebrado una convocatoria similar en Alicante.
¿Qué es una batalla de aura?
Explicarlo a alguien que no está en TikTok no es fácil, y los propios protagonistas lo saben. "Se junta gente a ver un duelo, como que se pelean sin tocarse, bailando, haciendo cosas, y alguien queda mejor, quien humilla al otro más", resume uno de los organizadores. La mecánica es sencilla: dos participantes se colocan frente a frente y encadenan movimientos, poses y gestos exagerados mientras el resto del grupo mira, graba y aplaude. Gana quien consigue el gesto más inesperado, la pose más carismática o, dicho en la jerga de los propios chavales, quien más "humilla" al rival.

De fondo, música alta y un público que no es un mero espectador: participa activamente eligiendo, con sus risas y aplausos, quién se ha llevado el duelo. "Farmear" es la palabra clave de todo esto: significa acumular algo con constancia -en los videojuegos, recursos o experiencia repitiendo una acción una y otra vez- y aquí se traduce en acumular reputación, carisma o "aura" ante los demás. Como resume uno de los participantes, se trata de "conseguir que la gente te apoye", de sumar puntos de admiración pública.
Otro participante lo traduce: la clave está en hacer gestos y bailes e “intentar humillar al otro" para quedar por encima entre aspavientos exagerados que compara con las poses que “haría un personaje al superar una fase difícil en un videojuego”.
Entre esos gestos, hay una expresión que se ha repetido en casi todos los duelos de la tarde: "six-seven". El grito, acompañado de un vaivén de manos que imita el gesto de sopesar algo en cada palma, se ha convertido en una especie de comodín que los participantes intercalan entre pose y pose, casi siempre entre risas del público-

De los mandos de la videoconsola a la plaza del pueblo
Si hay algo en lo que todos los entrevistados coinciden es en el origen de los movimientos: los videojuegos, y muy especialmente Fortnite. Las poses, los bailes y los gestos de celebración que los jugadores activan en pantalla cuando eliminan a un rival o ganan una partida se han convertido en el catálogo de referencia de estas batallas callejeras. Lo que antes solo se veía en una pantalla ahora se ensaya en directo, delante de decenas de desconocidos.
A ese repertorio, algunos participantes suman su propio bagaje. Es el caso de un joven bailarín de break dance que ha decidido incorporar sus propias acrobacias y volteretas al duelo para "variar un poco" sin perder el tono de humor que define estas batallas. Se presenta con nombre artístico -Bboy Killer Queen- y reconoce que, pese a su experiencia sobre un escenario, los nervios antes de salir al centro del círculo eran tan reales como los de cualquier otro participante: "Antes de salir me estaban temblando las piernas, estaba muy nervioso", admite, aunque asegura que en cuanto empieza a moverse "el miedo se va fuera".
Para él, la clave paradójica de estas batallas es que quien más se expone y más "pierde" en apariencia -haciendo el ridículo de forma voluntaria y exagerada- es en realidad quien más gana: "el que más pierde al juicio es el que más se mide públicamente, y en lugar de perder reputación gana reputación". Atreverse a hacer el ridículo sin que importe el qué dirán es, dice, el verdadero mérito.
Perder la vergüenza, ese es el premio
Más allá de la estética, casi todos los participantes entrevistados devuelven la conversación a un mismo punto: estas batallas no van tanto de ganar como de perder el miedo a exponerse. Uno de los participantes lo cuenta sin rodeos: ha acudido "por la tontería", a reírse, sabiendo que lo que hacen "son tonterías" pero que precisamente por eso hacen gracia. Preguntado por si el objetivo último es quitarse la vergüenza de encima, responde que sí: el ejercicio sirve para que quien participa "deje de tener vergüenza social" a la hora de acercarse a otras personas y hablarles. "Pierden el miedo, que parece una tontería, pero es lo que mola", resume.
Ese mismo participante señala sin tapujos cuál es la escuela de este fenómeno para quien quiera entenderlo de primera mano: "Métete en TikTok, busca aura battles y todo eso". La plataforma no solo ha popularizado el término, sino que funciona como manual de instrucciones para cualquiera que quiera organizar o participar en su propia batalla.

El cartel hecho con IA que lo empezó todo en Elche
La convocatoria de Elche no salió de una productora ni de una discoteca, sino de dos amigos que decidieron improvisar tras ver lo ocurrido en Alicante. Según relatan, el padre de uno de ellos le envió la noticia de que se había celebrado una batalla de aura en la capital de la provincia; como allí no había ido, decidió organizar la suya propia en Elche. El cartel de la convocatoria -con una estética muy reconocible en redes, coloreada y algo surrealista- lo generó con inteligencia artificial "a ver qué salía". Ninguno de los dos esperaba tal respuesta: "Nosotros pensábamos que no iba a venir nadie", reconocen, y sin embargo la citación corrió de móvil en móvil hasta reunir entre 150 y 200 personas en la plaza de Santa Isabel, con edades de entre 9 y 17 años y algún participante ya mayor de edad pero de máximo 18 9 19 años.
Los propios convocantes, conocidos ya entre los adolescentes de la ciudad por su presencia en redes, aclaran que su papel esta tarde ha sido más de anfitriones que de contendientes: preguntan a cada participante si quiere entrar al círculo y son ellos quienes marcan el ritmo de la batalla, aunque no descartan sumarse en algún momento. Nicolás y Javier, los dos amigos detrás del cartel, tienen 17 años, la misma edad que buena parte del público al que intentaban dirigir.
Esa juventud de los organizadores ha tenido su parte más delicada. En uno de los momentos de mayor éxito de convocatoria, con el círculo central desbordado de gente que quería ver de cerca a los contendientes, los propios convocantes han reconocido no poder controlar ya a la masa, que se ha ido cerrando sobre el espacio de la batalla complicando la contienda. Sin ningún adulto responsable del evento sobre el terreno, han sido los propios periodistas presentes -los únicos mayores de edad en ese momento junto al círculo- quienes han tenido que intervenir a petición de los propios chavales para intentar despejar el espacio y que la batalla pudiera continuar con algo de orden.
Un fenómeno que ha saltado de las pantallas a la calle
Lo ocurrido en Elche no es un caso aislado. El concepto de "farmear aura" —del inglés aura farming, toma prestado el verbo que los videojuegos usan para "acumular" recursos repitiendo una acción— se ha convertido en las últimas semanas en una de las expresiones más replicadas por los adolescentes en TikTok, hasta desembocar en concentraciones espontáneas similares en distintas ciudades españolas, convocadas casi siempre en cuestión de horas y a través de las redes sociales. Alicante fue, según los propios organizadores de Elche, uno de los puntos de España donde se celebró una batalla de este tipo, y de ahí surgió el efecto contagio hacia la ciudad ilicitana.
Quienes han seguido de cerca el fenómeno señalan además un paralelismo curioso: las poses, los duelos silenciosos y la idea de ganar prestigio ante un público que juzga y aplaude recuerdan al lenguaje del voguing, la disciplina de baile y actitud nacida en la escena ballroom de la comunidad LGTB+ neoyorquina en los años sesenta, aunque en este caso despojada de aquel contexto reivindicativo y convertida en un juego callejero entre adolescentes.

Hamburguesas "six-seven" para los ganadores y cascos para el anonimato
La repercusión de la convocatoria no ha pasado desapercibida para el comercio de la zona. Una conocida cadena de hamburgueserías con local cercano a la plaza de Santa Isabel se ha ofrecido a premiar a los ganadores de cada duelo con una hamburguesa bautizada "six-seven", en un guiño directo a la expresión que los propios chavales repetían en el círculo. La iniciativa, más publicitaria que otra cosa, ha añadido un aliciente extra a unas batallas que, en principio, no tenían más premio que el aplauso del público.
No todos los participantes, sin embargo, han estado dispuestos a dar la cara. Entre la marea de adolescentes, varios jóvenes ya mayores de edad -en torno a los 19 años- se han sumado a los duelos sin quitarse el casco de la moto, ocultando así su rostro durante toda la actuación. Una imagen que, en cierto modo, resume bien las dos velocidades del fenómeno: mientras los más pequeños se exponen sin complejos ante el móvil de todo el mundo, algunos de los mayores prefieren guardar el anonimato incluso en pleno alarde de "aura".
Una tarde de calor, cámaras en alto y un aviso para navegantes
De vuelta a la plaza de Santa Isabel, el ambiente ha oscilado entre la verbena improvisada y el pequeño descontrol. Grupos de amigos que solo se conocían por redes se han encontrado en persona por primera vez; decenas de móviles grababan cada actuación para subirla después a TikTok o Instagram, la auténtica caja de resonancia de todo el fenómeno.
