ELCHE. Malmö 040 era el proyecto de un grupo de adolescentes que se reunía para tocar la guitarra por puro placer, pero hoy la banda catalana vive el momento de mayor crecimiento de su carrera y ya mira con una mezcla de vértigo e ilusión el Movistar Arena de Madrid, donde actuará en febrero de 2027. Antes de ese gran salto, el grupo recalará en la provincia de Alicante como uno de los nombres destacados del Oasis Elche Music Fest, que se celebrará los días 9 y 10 de octubre en las inmediaciones de la Universidad Miguel Hernández (UMH). "Estamos ante un cambio de ciclo", afirma el guitarrista Víctor Rossy en entrevista con Alicante Plaza.
— El grupo está viviendo ahora un crecimiento que muchas bandas persiguen durante años. Es un momento de expansión. Echando la vista atrás, ¿en qué momento entendisteis que aquello que había empezado como un proyecto entre amigos podía convertirse en un proyecto verdaderamente profesional y que pudierais dedicaros en exclusiva a ello?
— La verdad es que ha sido un proceso muy paulatino. Cuando empezamos, en 2017, teníamos quince años. Lo bueno de empezar poco a poco, sin expectativas, haciendo las cosas simplemente por amor al arte y por gusto, es que nos fuimos encontrando con situaciones que nos hacían pensar: "Ostras, este single ha ido bien". Fue el primero, Un día más, que sacamos con Matar la pena. Después salimos de Barcelona para tocar en Madrid y València, y vimos que también funcionaba. Luego sacamos Los lugares donde irás y la gente empezó a escucharnos.
Poco a poco, en estos años, hemos ido consiguiendo cosas que nos han llevado a decir: "Vale, estamos en un momento en el que hay que dedicarle el cien por cien". Pero no diría que haya habido un cambio brusco, un momento concreto en el que dijéramos "ahora". Si hay alguno, quizá sea ahora mismo, cuando decimos: "Vamos a hacer el Movistar Arena, tenemos un millón de oyentes, etcétera". Esto hay que tomárselo con tranquilidad, pero dedicándole todo nuestro tiempo y nuestro cariño al proyecto. El crecimiento ha sido muy ordenado, muy orgánico.
— Vuestra música bebe de una tradición muy reconocible del pop-rock español, especialmente de los 2000, pero llegáis a un público que no necesariamente vivió aquella época. ¿Qué habéis encontrado en ese sonido que sigue funcionando veinte años después?
— Yo siempre creo que el pop-rock nunca muere. Te voy a poner un ejemplo, más por gusto personal. Hay un artista que me encanta, Joe Keery, uno de los actores de Stranger Things, el que hace de Steve, que ha sacado este año un disco que se llama The Crux y que suena muchísimo a The Beatles, es súper beatleiano. Sin embargo, aunque tenga esas referencias, suena muy fresco, mucho más fácil de escuchar dentro de todo lo que se está haciendo ahora.
¿Cómo puede ser que algo que suena tanto a Beatles pueda resultar tan fresco a día de hoy? Pues porque, para mí, el pop-rock nunca muere. La música que está hecha y tocada con cariño, con instrumentos, que está pensada... creo que no tiene generación. Siempre acaba conectando de una manera u otra y, sobre todo, no pasa de moda, porque no es una cuestión de moda. Creo que eso es lo que hace que hoy gente muy joven también conecte con nuestra música.
— El pop-rock nunca muere, pero ese sonido de guitarras vuelve a ocupar un espacio que durante un tiempo parecía haber perdido frente a otros géneros. ¿Es una recuperación puntual o un cambio de ciclo?
— Nosotros creemos sinceramente que sí estamos ante un cambio de ciclo. Se nota mucho en el consumo de música en directo en festivales y conciertos. La gente está mucho más por la labor de ir a ver actuaciones, disfrutarlas, consumir música en directo, etcétera. Y creo que eso viene también a raíz de la pandemia. Tras un momento en el que la gente no podía ir a ver ni disfrutar música en directo, apareció la necesidad de volver a consumir música tocada en directo. Por eso, entre 2010 y 2020, es verdad que se dejó un poco de lado todo lo orgánico. Ahora, con la recuperación de esas ganas de ir a conciertos, de repente viene el Oasis y lo destroza. Los festivales se llenan de bandas de rock. Todo eso hace que estén volviendo las ganas de escuchar guitarras.
— El crecimiento también puede cambiar la relación con la música. Antes componíais quizá para vosotros mismos, por gusto, pero ahora tocáis para decenas de miles de personas. ¿Hasta qué punto el éxito condiciona las decisiones de la banda?
— Nosotros nos hacemos esa pregunta cada día, porque es evidente que el éxito te afecta. A la hora de componer no puedes pensar como lo hacías hace cinco años, cuando tenías muchas menos responsabilidades. Además, los calendarios de una banda son muy largoplacistas. Nosotros hemos anunciado ahora un Movistar Arena que teníamos en mente desde 2024. Desde entonces, sabemos que vamos a tener ese hito, que habrá que venderlo y hacerlo.
Por lo tanto, no puedes pasar de todo o hacer simplemente tu movida. Tiene que haber una buena reflexión detrás y es inevitable pensar en la repercusión de las cosas. Lo que intentamos es que eso nunca cambie nuestra manera de hacer música. Nunca pensamos: "Ahora está de moda esto, vamos a hacer esto". Siempre intentamos respondernos esa pregunta y ver cómo conseguimos estar cómodos con la música que sacamos, pero siendo también responsables con los planes que tenemos.
— Y, en mitad de esos planes, llegáis ahora a Elche en un momento especialmente dulce para vosotros. ¿Qué lugar ocupa el directo dentro de vuestra estrategia para consolidar todo lo que está ocurriendo alrededor de Malmö 040?
— Para nosotros, el directo es una de las cosas más fundamentales y a la que más horas dedicamos. Creo que se nota. Cuando vamos a festivales, cuando hacemos salas o ahora que podemos hacer un Movistar Arena, creo que la gente también aprecia el cariño que le ponemos al directo y lo disfruta muchísimo. Es de las cosas que más trabajamos. Cuando podemos, sacamos una versión en directo en YouTube y en los conciertos intentamos sorprender de vez en cuando con alguna versión. La mayoría de las horas de Malmö las dedicamos al directo.
— Mirando hacia el futuro, ¿qué tiene que ocurrir en los próximos años para que podáis sentir que vuestra banda ha dejado una huella en el pop-rock español?
— Para nosotros es cuestión de tiempo. Nosotros creemos y confiamos en que hemos hecho canciones que, de alguna forma u otra, ya han dejado huella. También creemos que seguimos siendo súper jóvenes y que nos queda una trayectoria muy larga por delante, y eso es lo que va a determinar cómo de grande acaba siendo esa huella. La idea es intentar que cada día sea mejor que el anterior aportando cosas mejores. Si conseguimos mantener eso durante los años, estoy seguro de que el legado que podamos dejar será grande. Pero eso es incompatible con una trayectoria que no sea larga y llena de trabajo, esfuerzo y compromiso. Y eso es lo complicado.