Por qué tus amigos no paran de leer 'Las gratitudes', el 'hit' literario del verano

Libros y cómic

LAS CLAVES DEL 'ÉSITO'
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VALÈNCIA. Este verano, miraras por donde miraras, todo el mundo a tu alrededor parecía estar leyendo una novela de Delphine de Vigan llamada Las gratitudes. Un libro de 176 páginas publicado en España por Anagrama -y traducido del francés por Pablo Martín Sánchez- que parecía bastante cómodo para bajarse a la playa y alardear de que sí, tú también estabas leyendo el hit del verano, porque claro… ¿Cómo ibas a llegar a septiembre y decir que no te habías leído este libro que habla sobre la memoria, la gratitud y las cuentas pendientes?. Se sentiría como cuando llegabas de vuelta a clase y no habías hecho los deberes. Ahora bien, ¿por qué ha funcionado tanto esta historia ahora? Y más concretamente, ¿por qué lo ha hecho cinco años después de su publicación? 

La respuesta reside en una sola palabra: la viralidad. Cómo todo el mundo habla de ello, todos quieren leerlo. El libro ha sido un fenómeno en redes sociales y ha conseguido que cientos de lectores se acerquen a Vigan. La emocionalidad de la historia también ayuda a que el libro se comparta por doquier. En Las gratitudes, la autora francesa se adentra en un geriátrico para contar la historia de Michka Seld, una anciana que dedica su último aliento a volver a aprender a hablar y a encontrar a un matrimonio que la ocultó en su casa durante los años de la ocupación alemana. Quiere encontrarlos porque, en su vejez, se ha dado cuenta de que nunca les dio las gracias por salvarle la vida en aquel momento.

 

A su vez, Michka se codea siempre con Marie, quien fuera su vecina durante años y que ahora ejerce de su cuidadora, y con Jerôme, el logopeda del centro que ayuda a Michka a volver a hablar, ya que padece de afasia, un trastorno neurológico que afecta a la capacidad del habla y que hace que la protagonista confunda las palabras en su día a día. Con todos estos ingredientes el éxito está servido, el libro tiene cariño, agradecimientos constantes a la vida, un toque ñoño perfecto y la longitud ideal para no ser un tomo demasiado largo. Así se componen los detalles de este éxito, o “ésito” como lo llamaría la protagonista.

 

La pena inunda al lector cuando además descubre que Michka era correctora, y que su vida ha estado rodeada de textos. “-¿No estarás buscando las palabras debajo de la cama, Michka? -Sí, es fusible -Yo soy logopeda, ¿sabes lo que es? -Sí, hasta ahí llego. Fui correctora en una importante…. revista. Durante muchos años” nos revela uno de los diálogos de la novela en sus primeras veinte páginas. Esta ternura es la que captura a una de las lectoras, Tere, que llega al libro a través de una amiga.

 

“El libro me lo recomendó una amiga y me encantó por su sensibilidad y la manera que tiene de abordar la vejez; al final se me caían las lágrimas. Me parece un libro diferente, chulo, y creo que tiene muchísimo mérito el traductor de la obra, que consigue que comprendamos cómo habla la protagonista y lo adapta al español perfectamente. Me gusta también la relación que tiene Michka con sus cuidadores, y me ayuda a conectar con ella”, señala la lectora, que le ha dejado el ejemplar a sus primas, aunque parece que no les acaba de cuadrar, “me dicen que no le ven dinamismo, pero yo creo que se puede disfrutar mucho leyendo algo aunque la historia sea un poco amarga”.

 

Atraída por las redes de Tik Tok Estefanía, que se ha leído hasta seis libros más de Vigan, confiesa que llegó a Las gratitudes a través de un vídeo, pero que se quedó por las palabras, aunque sabe que es una historia que puede ser difícil de abordar. “Es lo primero que me he leído de la autora, aunque diría que es de lo que menos me gusta. Creo que con la historia o conectas o no, y en este caso se trata de una novela que habla de personas y de su pasado”. De los otros libros que ha leído de la autora, como Los reyes de la casa o Los figurantes descubre que Vigan le gusta porque habla de “temas actuales y de lo que nos rodea y nos está pasando”, como es el caso de abordar la vejez y el agradecimiento en esta novela o cómo en Las lealtades -también publicado en España por Anagrama- que habla de la complicada relación que hay entre los alumnos y los docentes.

 

Al igual que sucede en Las gratitudes, en Las lealtades -traducido por Javier Albiñana Serraín- Vigan repite sus tres claves del éxito: crear una novela corta, de menos de doscientas páginas; que se centra en pocos personajes, no más de cuatro; y que apela directamente a la emoción del lector con temas sociales que nos rodean constantemente. Esto ayuda a que la viralidad de Vigan continúe, pues quien lee Las gratitudes llega a sus otras novelas o el camino se hace a la inversa, porque todo lleva al mismo destino literario en este caso. 

 

Irene es de los pocos ejemplos que llegó a Vigan por motu propio, lo primero que leyó de la autora fue Nada se opone a la noche y no le gustó su forma de narrar. Sin embargo, y movida un poco por el fenómeno -y también por el club de lectura del que forma parte- le apetece darle una segunda oportunidad a Vigan a través de este libro: “Creo que me gustaría darle una segunda oportunidad con Las gratitudes porque los temas que aborda me parecen muy interesantes y, en el caso de Las gratitudes, quiero ver cómo enfrenta el duelo a través del libro. También siento que es una autora que, por su forma de aproximarse a los temas de los que habla, consigue que una misma historia pueda sentirse y procesarse de forma muy diferente en distintos momentos vitales”.

 

Tanto Irene, como Estefanía y Tere se prestan a Vigan y a su hit del verano con la curiosidad de conocer a la autora de la que todos están hablando. Su manera de escribir, les enganche más o menos, les hace partícipe de una de las conversaciones culturales clave de septiembre de este año, porque antes de la rentrée literaria de la vuelta al cole será igual de importante haberse puesto moreno que haber sido agradecido con este libro durante este verano. 

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