Performance, letras y movimiento se dan la mano en ‘El arte de traspasar la escritura’

Libros y cómic

BAJO LA PLUMA DE SOFÍA RUVIRA
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VALÈNCIA. Algunos libros son capaces de capturar el movimiento. No solo el de pasar la página, ni el de moverse en un bolso con la promesa de que serán cogidos en un rato muerto -en el que le suelen sustituir con el móvil- sino que capturan el movimiento humano. Un excelente ejemplo de esta magia es El arte de traspasar la escritura, un magnífico libro editado por la editorial valenciana Barlin Libros en el que la autora gallega Sofía Ruvira se atreve a explorar entre las letras la fuerza de las “voces y los cuerpos en la performance poética”. Para ello invita al lector a moverse junto a ella y a aprender a leer de una manera menos estática.

Con ejemplos de performances míticas que recorren todo el globo, pasando de Marina Abramović a Raúl Zurita, la autora consigue comprender la escritura como “una forma hegemónica de preservar y transmitir el conocimiento” y por ello encuentra en el libro un espacio en el que dar cabida a la performance. “Ruvira explora el vínculo existente entre la palabra y aquello que la excede; aquello que surge, como una grieta o una fisura, cuando el lenguaje se niega a permanecer inmóvil”, destacan desde Barlin.

 

“Para ello, elabora una aproximación radical por las lindes más vivas de la expresión: las que conforman la oralitura y las tradiciones no alfabéticas, las que nutren las performances poéticas y los cuerpos que hablan, grafías en la naturaleza atravesadas por la necesidad de significar de otros modos, o su presencia desafiante en los silencios y las ausencias”. Una aproximación que se lee, que se siente y que encima pone ejercicios al lector que se ve sumido en un viaje en el que leer sentado o totalmente recto pierde el sentido por completo.

 

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-¿Qué querías generar con El arte de traspasar la escritura?

 

-Siento que quería crear un artefacto más que un libro en sí. Quería salirme de la idea del libro al uso porque quería aplicarme el propio ejercicio de traspasar la escritura. Redactándolo e ideándolo, me encuentro preguntándome qué puedo hacer para escribir un libro que sea performático, con lo que busco mis propias maneras de traspasar la escritura dentro del texto. 

 

-Una manera de hacerlo es planteando ejercicios para el lector, como tocar la portada y leer de cierta forma, ¿Crees que el libro en sí se puede convertir en un movimiento performático?

 

-Creo que el libro es un ejercicio de activación performativa. La propia lectura va activando de alguna manera ciertos imaginarios y ciertas acciones que se dirigen al pensamiento. Para empezar, redacté este libro en español; aunque el gallego es mi lengua natal, y simplemente hacerlo así ya habla de una manera de traspasar la escritura. Siento que a través de los ejercicios y de este ofrecimiento se movilizan diferentes conversaciones e imaginarios que permiten una dirección.

 

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-La performance también intenta encontrar su propia definición dentro del libro, cuando en realidad se encuentra con cientas, un ejercicio que defines como una especie de patchwork. ¿Cómo es para ti, como creadora, intentar agruparlas todas ellas en una lectura?

 

-Yo quería pensar el libro como un mensaje, y aunque emplea mucha teoría, no quería estipular una sola tesis. Quería que el libro fuera un compendio de textos, como una de esas mantas estilo patchwork que se hacen con muchas piezas pequeñitas. Para componer este relato solo estuve buscando o imaginando formas en las que la escritura se traspasa, atendiendo a diferentes historias. Me gusta la idea de generar un ensayo cargado de muchas referencias y diferentes puntos de vista.

 

Quiero recoger maneras de hablar del mundo que me rodea, mientras puedo contradecir una tendencia que hay ahora de escribir de forma muy plana como lo hace la inteligencia artificial (IA). El arte de traspasar la escritura satura el ensayo de referencias de manera deliberada y pone en conversación a diferentes autoras para lograr algo un poco más bizarro. 

 

-El libro está lleno de errores que no lo son, como un texto que se queda sin tinta para hablar de una performance en la que un dentista pierde la voz por culpa de la anestesia, por ejemplo. ¿Cómo lo hicisteis?

 

-Este trabajo se lo debo a mi fantástica editora, Lucía Navarro, que me ayudó a hablar de la performance desde la gráfica. Todo está pensado para hablar de discursos que se van desahogando. Hablamos de textos que se desvanecen y eso se podía contar también de manera visual en este libro. 

 

-¿Qué definición propia de la performance generas tras crear este libro?

 

-Creo que ha cambiado mucho desde que empecé a escribirlo. He pasado por muchas versiones que van desde una idea muy plana hasta otra mucho más experimental. En este libro me permito hacer un juego en el que hago una especie de exploración poética para iluminar el ensayo.

 

Después de escribir el libro, me di cuenta de que hay muchísimas maneras de presentar las ideas. Existen muchas formas de iniciar una conversación literaria en torno a lo que es el lenguaje. Este libro es una exploración de cómo puedo comprender la performance. 

 

-¿Cuál dirías que es la parte de performance que menos visibilizada está?

 

-Creo que es una disciplina artística muy extensa, y que al ser tan procesual y efímera requiere de mucho trabajo previo. Tal vez la parte que menos se ve es la intelectual, porque, al contrario de lo que se piensa, es un proceso de investigación enorme que viene antes de una ejecución que para el espectador es aparentemente sencilla. 

 

Diría que tenemos que darle mucho más valor como disciplina artística, y que hay que estudiarla en las facultades de Bellas Artes. Necesitamos más performance y más estudio sobre esta. 

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