Patrizia Sandretto: "Quien descubre a un artista no es el coleccionista, sino el galerista"

Arte y fotografía

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La responsable de una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes del mundo está convencida de que la colaboración con el IVAM en la exposición 'Te llamo cuerpo' es el principio de "un puente" entre las dos instituciones

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VALÈNCIA. Patrizia Sandretto empezó a coleccionar arte contemporáneo en 1992, apenas tres años después de la apertura del IVAM. Las colecciones de la institución que representa, la Fondazione Sandretto Re Rebaudengo, y la del museo valenciano, tienen una cierta mirada compartida a lo largo de estas décadas; por eso están destinadas a entenderse bien.

Lo demostraron ayer con la segunda exposición del ciclo Territoris en trànsit/Solo dúo, que conecta artistas de diferentes territorios. Marco Giordano, de Turín (como la Fondazione) dialoga con la obra de la valenciana irene grau.

La primera vez que Sandretto estuvo con su colección al IVAM fue en 2003 con una parte de su fondo fotográfico. En esta ocasión, tanto Blanca de la Torre, directora artística del museo, como ella insistieron en que esta colaboración sea el inicio de una larga amistad.

— En el catálogo de la exposición de Territoris en trànsit, tanto la directora del IVAM, Blanca de la Torre, como usted remarcan la importancia de esta colaboración, 23 años después de la primera. ¿Qué puertas abre este proyecto conjunto?
— Yo creo muchísimo en las colaboraciones, sobre todo en los últimos años, cuando todo se ha vuelto un poco más difícil, sobre todo para las instituciones públicas. Es importante encontrar oportunidades para trabajar juntos. En este caso hablamos de dos instituciones de dos países distintos, y lo más interesante del proyecto es precisamente crear un puente entre España e Italia.

Además, tengo un gran cariño por el IVAM. Recuerdo la época de Vicente Todolí. Empecé a coleccionar en 1992 y él ya estaba aquí. El IVAM fue uno de los primeros grandes museos de arte contemporáneo de España, junto al Reina Sofía, apostando por artistas de enorme calidad que marcaron la historia de esos años.

Volver después de tanto tiempo y poder desarrollar una colaboración como esta, que es realmente un puente entre dos países, dos instituciones y dos artistas, me parece muy importante. Además, España tiene algo que en Italia no tenemos: una relación muy especial con Latinoamérica. Compartís el idioma y muchas otras conexiones culturales, y eso también convierte a España en un puente extraordinario para nosotros.

— Precisamente tenía planteado preguntarle por la dimensión mediterránea, que es otra identidad compartida. En la exposición, tanto Marco Giordano como irene grau hablan de sus propios territorios y, al mismo tiempo, hay algo que se entiende muy bien entre ambos.
— Compartimos un mismo mar y eso también es muy importante. Somos países diferentes, pero de algún modo somos países primos. Eso se refleja en la manera en que los artistas cuentan el mundo. Hoy un artista necesita viajar, conocer el mundo, ponerse en contacto con otras realidades, porque solo así puede construir los mensajes que después transmite.

Desde el principio yo he coleccionado artistas que hablan de cuestiones políticas y sociales. Nunca me ha interesado el arte entendido únicamente como decoración. Si una obra tiene también una gran fuerza formal, fantástico, pero para mí lo importante son los temas.

La transición ecológica de la que habla Marco Giordano, el poscolonialismo y tantas otras cuestiones forman parte de nuestra realidad. Los artistas no nos dicen qué debemos pensar, pero sí nos ayudan a mirar las cosas desde otra perspectiva. Nos hacen reflexionar. Siempre digo que una obra tiene éxito cuando salgo de la exposición y sigo pensando en lo que he visto, en lo que me ha dicho.

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— Muchas veces, cuando le entrevistan como coleccionista, le preguntan por su relación con el mercado del arte o con los artistas. ¿Cómo es su relación con el visitante, con la persona que entra en la Fundación a contempla su colección?
— Cuando empecé a coleccionar, yo venía de Empresariales. Mi formación estaba muy lejos del arte. Descubrí este mundo cuando fui a Londres con una amiga que coleccionaba arte y empecé a visitar estudios de artistas. Aquello cambió completamente mi vida. Sentí que tenía que devolver todo lo que los artistas me habían dado a través de esas conversaciones y de esas visitas. Quise compartirlo con todo el mundo.

Desde el principio me preocupó mucho el visitante, porque yo misma recordaba lo difícil que había sido aprender a comprender una obra de arte. Por eso decidí que necesitábamos mediadores. No creo demasiado en las audioguías. Pienso que visitar una exposición es una experiencia extraordinaria que se construye entre la obra y quien la contempla, y que necesita una mediación humana.

En la Fundación siempre hemos trabajado con mediadores. Son jóvenes que estudian a fondo cada exposición: leen, investigan sobre el artista, participan en el montaje y, cuando todo está listo, acompañan al público. No están ahí para explicar una obra como si hubiera una única interpretación, sino para generar una conversación, para crear una relación entre la obra y el visitante.

Eso es lo que debemos hacer: ofrecer experiencias adaptadas a públicos diferentes. Con los jóvenes trabajamos de una manera; con los adultos, de otra. Los jueves abrimos gratuitamente hasta las once de la noche y organizamos actividades especiales. Los domingos celebramos Let's Talk, encuentros en los que partimos de una obra concreta para hablar de los grandes temas del mundo en el que vivimos. Eso es, para mí, el arte.

— La exposición orbita sobre dos cuestiones, el cuerpo y el territorio, que siempre han estado presentes en el arte contemporáneo, pero que en los últimos años parecen haber cobrado todavía más fuerza en el debate público. Muchas veces pensamos que la mejor manera de leer el presente es a través de las noticias. ¿El arte también ha cambiado su propia forma de entender, por ejemplo, estas grandes cuestiones?
— Tengo que decirte que para mí el arte nunca ha sido una inversión económica ni una especulación. Es una inversión interior. He aprendido muchísimo de los artistas. He aprendido a hablar menos, a escuchar más y, sobre todo, a ser una persona más abierta, más tolerante, con mayor capacidad para comprender.

Tengo dos hijos, que ahora tienen 37 y 39 años, y el diálogo con artistas de distintas generaciones también me ha ayudado a comprender mejor a mis propios hijos, a relacionarme con ellos, a entender cómo hablar con las personas. Creo profundamente en el arte como una herramienta que nos ayuda a vivir de otra manera, de una forma más abierta. Nos ayuda a pensar sobre los grandes temas del momento histórico que estamos viviendo.

Siempre pongo el mismo ejemplo. El artista alemán Hans-Peter Feldmann realizó una obra extraordinaria al día siguiente de la caída de las Torres Gemelas: compró alrededor de 150 periódicos publicados ese día en todo el mundo para mostrar cómo cada uno había representado aquel acontecimiento. Fue una obra que me impactó muchísimo y por eso la compré. Hoy es una pieza fundamental para explicar ese momento histórico a los niños que nacieron después y no lo vivieron. Nosotros lo vimos en la televisión, en los periódicos, hablamos de ello; pero ellos no tienen ese recuerdo. Gracias a esa obra podemos explicarles qué ocurrió y conservar la memoria de aquella tragedia. El arte tiene muchísimas cosas que contar (el buen arte, el arte de calidad).

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— En el coleccionismo también tiene que haber cierta inteligencia para distinguir entre una tendencia y una simple moda. ¿Crees que esa diferencia se identifica con facilidad?
— Todas las colecciones son importantes, porque cada colección explica cómo es la persona que la construye. Hay quienes prefieren coleccionar en profundidad la obra de un solo artista y reunir setenta piezas suyas. Otros construyen una colección alrededor de un tema con artistas diferentes. Hay quien colecciona solo pintura, o solo instalaciones sonoras. Existen muchísimas maneras de hacer una gran colección. Y no todo depende del dinero. También se puede coleccionar sin gastar grandes cantidades.

Coleccionar exige estudio; no consiste en entrar en una galería, comprar una obra y marcharse. Para mí significa también un ejercicio de humildad: situarte delante de una obra e intentar comprender qué te está diciendo. Significa entrar en ese mundo de manera profunda, hablar mucho con los artistas y con los galeristas.

Hay otra cosa que siempre digo: prácticamente nunca he comprado obras directamente en el estudio de un artista. Solo lo hice un par de veces, cuando eran artistas muy jóvenes que todavía no tenían galería. Siempre les decía que debían encontrar una galería, porque creo que para un coleccionista es una garantía fundamental comprar a través de ella.

También es muy importante estudiar y mirar mucho arte. Hoy es más fácil porque tenemos muchísimas herramientas, pero también hay muchísimos más artistas y es imposible conocerlos a todos. Por eso hay que ejercitar la mirada. Mirar, mirar y mirar arte. Solo así desarrollas una intuición propia. Después cada uno puede hacer una colección más clásica o más ligada a las tendencias del momento. Lo importante es que tenga un sentido para quien la construye, que responda a una idea y que las obras le emocionen. También son muy valiosos los consejos de otros coleccionistas y, sobre todo, de los artistas. Los artistas tienen una capacidad extraordinaria para reconocer el buen arte.

Y hay algo que me parece importante aclarar: muchas veces se dice que los coleccionistas descubren artistas, pero no es verdad. Quien descubre a un artista es el galerista. Es quien apuesta por él, organiza su primera exposición, publica su catálogo y empieza a construir su carrera. El papel del coleccionista es otro: prestar atención, comprender el trabajo de ese artista y comprar una obra antes de que todo el mundo la quiera. Pero el verdadero talent scout es siempre el galerista.

Yo tampoco creo demasiado en el arte como inversión económica. Puede salir bien o puede salir mal. Un verdadero coleccionista no compra pensando en vender la obra al día siguiente. Compra porque hace una inversión personal, una inversión interior. Las mejores colecciones nacen de la pasión, del amor y del deseo de vivir rodeado de arte. Todo lo demás viene después.

— En este contexto internacional, marcado por tantos conflictos bélicos pero también culturales, ¿cree que el coleccionismo está notando esa tensión que vive el mundo?
— Claro que sí, porque los artistas la viven y la reflejan en sus obras. Las obras realmente importantes suelen hablar precisamente de esas situaciones: de la guerra, de los conflictos, de las dificultades que atraviesan muchos países. El buen arte contemporáneo habla del mundo en el que vivimos. Habla de cuestiones sociales. No puede hacer otra cosa.

El problema es que hoy existen países donde los artistas ya no pueden explicar libremente su trabajo ni presentar sus obras. Eso es terrible. El arte es una herramienta que puede ayudarnos a comprender la realidad y es muy triste que haya lugares donde los artistas tengan que marcharse para poder crear y expresarse con libertad. Sin duda, esa es una de las grandes preocupaciones del momento actual.

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