VALÈNCIA. Donde dice blanco, se desdice con el negro. Cuando grita, susurra… y su casa es mucho más grande de lo que él mismo puede abarrotar o mantener. El diseñador y escritor MacDiego es una persona incontenible, todo lo que hace lo hace con amor, cariño, fuerza y a veces hasta con un poco de brutalidad. Prueba de ello son sus columnas en la revista Plaza que llevan por bandera “la vida a cara o cruz” y que ahora se recopilan en un libro con este mismo título publicado por Ediciones Transhumantes. En este reúne casi un centenar de artículos que ha ido escribiendo y meditando a lo largo de estos años y que ahora se entrelazan como relatos.
Conectando sus textos entre sí y dándoles una nueva vida dentro del libro MacDiego diseña y reescribe la historia de su vida -y pensamientos- en un libro en el que se lo juega todo a la suerte de una moneda y que dice que tal vez tiene que ver más con “el ego que con cualquier otra cosa”. “No está mal mirar hacia atrás y ver cómo progresamos. He ido aprendiendo a escribir y contar cosas de manera divertida, y me gusta la idea de reunirlas porque soy muy de coleccionar las cosas que hago. Hacer un libro siempre es un esfuerzo y un montón de trabajo, pero merece la pena para compartirlo con los que te quieren y te rodean”.
Contándose a sí mismo, su gran virtud y a la vez su gran reto, recopila en La vida a cara o cruz una serie de artículos e historias que le presentan al mundo, y que a la vez le enfrentan a este. “Hay un poco de mezcla; a veces hablo de mí, a veces opino sobre el mundo y otras veces me centro en cómo funciona mi cabeza”, destaca el autor de esta obra, que asegura que cuando lanza la moneda siempre le sale de canto. Juntando su desarrollo personal y sus anécdotas, consigue desarrollar un relato que puede conectar con quien es, su mundo y su manera de escribir.

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- Foto: JUAN MARTÍNEZ
“Siento que he ido aprendiendo a escribir y superarme a mí mismo, aunque mis textos siempre surgen de una forma muy aleatoria. Cuando empiezo a escribir no tengo muy claro que es lo que voy a hacer y muchas veces conecto historias que ni siquiera tienen relación”, explica sobre sus procesos creativos. “El dibujante Paco Roca siempre me dice que no tengo que contar cinco ideas, que debería centrarme solo en una, pero creo que esto es parte de la magia”, destaca el autor, que se conoce y desconoce a partes iguales dentro de un libro en el que se queda completamente al desnudo.
Debatiéndose entre la crisis de la vivienda, el sabor amargo del Bovril y su manía por chuparse el pulgar desde que es pequeño, el autor se desvela en La vida a cara o cruz y consigue mejorar sus relatos para darles más cariño y forma. Las ilustraciones que generalmente acompañan sus textos en la revista Plaza abrazan sus historias, invitando al lector a que encuentre las conexiones entre ellas y los textos.
Lo hace con historias “tuneadas” para que entren de lleno en el libro. Algunas que revisita y modifica para que le definan bien con el paso del tiempo y que le ayudan a reflejarse en el espejo: “A veces veo en mis textos cosas en las que he chirriado y lo cambio, aunque sean solo dos palabras. Es bueno revisitarse y desdecirse en algunas cosas, y me gustaba la idea de inventarme una conexión entre los relatos para que estuviera todo anudado De esta forma MacDiego se quita su traje de diseñador para ponerse el de escritor y atreverse a definirse como lo hace en sus columnas, con pasión y mucho humor. En blanco y negro y empacado, y nunca en más de 3500 caracteres.