VALÈNCIA. Años 2000 en España. El indie está copado, como en la actualidad, por bandas que usan los instrumentos clásicos en un grupo: batería, bajo y guitarra. Nada nuevo bajo el sol. En medio de todas esas bandas, aparecen unos jóvenes que deciden poner en primera línea los sintetizadores y la melancolía como carta de presentación, y todo en castellano, algo, todavía más raro para la época. En aquellos años estaba naciendo el combo que llevaría la electrónica, o indietrónica, a otras cotas de popularidad. Dorian sigue presentando su nuevo plástico, Futuros Imposibles (2024) y además de esto, a mediados de este año se publicó una singular biografía, Dorian. A cualquier otra parte: Veinte años y un día de la banda que cambió el rumbo del indie español de Álex Serrano. Repasamos sus 20 años de carrera, que, como bien dice el título de su biografía, ha sido clave en la historia de la música española actual junto a Marc Gili, vocalista del grupo, por su próximo concierto en Mislata el jueves 3 de septiembre.
Dorian no existiría, y sería una verdadera lástima, sin tres personas que se encontraron en una efervescente Barcelona hace veinte años. Marc Gili, Belly Hernández y Bart Sanz formaron el grupo que iba a introducir los sintetizadores en la escena indie. “Bart y yo nos conocimos desde que éramos adolescentes porque él tenía una banda de noise rock en una barriada de Barcelona que se llama la Zona Franca”, recuerda. “Bart y sus amigos del barrio montaron una banda y buscaban cantante. Y a través de una página de contactos profesionales los encontré. Me gustaban las influencias que tenían, tipo Sonic Youth, Fugazi, Dinosaur Jr., este rock alternativo de los 90 y de los 80. Ahí conocí a Bart, y con él dimos forma a este proyecto que no llegó muy lejos, pero a mí sí que me dio las bases para empezar a saber cómo funciona una banda”.
Barcelona era una ciudad espumosa, donde cada calle rezumaba creatividad y los garitos de música electrónica arriesgaban. “Por aquella época ya estaba empezando a hacer mis propias canciones, pero con ellos di rienda suelta un poquito a la creatividad de forma colectiva, a hacer canciones con una banda”, comenta. “Luego yo empiezo a frecuentar el underground de Barcelona de forma asidua, clubes de electrónica como el Moog o el Nitsa Apolo se convirtieron en lugares de referencia para mi día a día, y luego pasaba mucho tiempo yendo a conciertos de rock y a sesiones de electrónica los fines de semana mientras estudiaba la carrera de Filosofía, y luego por las tardes trabajaba en curros de mierda”.

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Y en medio de toda esta búsqueda llegó Belly, el tercer vértice de este triángulo musical, que también se encontraba en sintonía con lo que estos dos jóvenes estaban proponiendo. “En ese contexto, a finales de los 90 y principios de los 2000, Barcelona tuvo una explosión creativa muy potente a nivel de DJs, de clubes, de diseñadores gráficos, de directores de videoclips, de bandas. Y en esa movida nos conocimos Belly y yo, porque ella también frecuentaba los mismos bares y los mismos lugares que yo”, dice. “Por entonces ya andaba formando lo que era el germen de Dorian con otras personas, y cuando encontré a Belly, que fue en una fiesta, nos pusimos a hablar de música y me dijo que ella tenía formación clásica como pianista, pero que tocaba los sintes también, y vi claramente que podía ser una persona perfecta para este perfil. Entonces empezamos el proyecto de Dorian con la idea clara de intentar hacer una especie de híbrido entre la indietrónica y nuestras bandas de la new wave favoritas, tanto del mundo anglosajón como de España”.
Me sobrecogió en su momento el primer disco de Dorian, que no escuché en el momento de su publicación. 10000 Metrópolis (2004) fue un disco más experimental de lo habitual, con esos innegables rasgos parecidos a la banda sonora de Blade Runner. Para mí este disco es lo mejor de su discografía por la audacia, la intensidad, la emoción y la atmósfera, y más teniendo en cuenta que era su primer trabajo. Volvería a escuchar una y mil veces la canción que da título al elepé. “Lo volví a escuchar hace unos meses con temor, porque siempre escuchas con un poco de miedo lo primero que has hecho... ¿Y sabes lo que me pareció? Me pareció que es un álbum que, con todas sus carencias en producción y en ejecución, que tiene cualquier banda novel, es un álbum superfresco. Yo ese álbum lo habría publicado si hubiese tenido un sello. Pero porque me parece que es una banda que sonaba fresca, que intentaba hacer las cosas de una manera diferente, y me pareció entrañable”, señala.
Dorian dan una cambio, que a la postre definiría más su sonido, con su siguiente redondo, El futuro no es de nadie (2006). Y además, con este elepé la banda se mete en un terreno prácticamente inhóspito para el indie nacional: la crítica a la situación social. “Este disco con respecto al primer álbum aporta dos novedades fundamentales: la primera, está bastante orientado a la pista de baile, lo cual el primer álbum no era, era más paisajista, más de medios tiempos; y la segunda, que sí que empieza a verse reflejada en las letras nuestras inquietudes políticas y por temas político-sociales. Otra vez algo bastante infrecuente en el indie español, hablar de temas de política”, reflexiona.
En este disco los catalanes hablan de los temas que estaban en boga en aquellos años, y que seguimos arrastrando. “Introducimos ciertos asuntos, por ejemplo el problema de la dicotomía absurda a veces entre izquierdas y derechas. La playa bajo el asfalto, que es un tema de baile que es un homenaje al Mayo del 68, cuando decían que los adoquines están bajo la playa. Esa búsqueda de libertad y esa necesidad de escaparte de los tentáculos de la sociedad y buscar tu propio camino está presente en esa canción”, revela. “El álbum se llama El futuro no es de nadie porque, aunque este álbum salió un año antes de la crisis de Lehman Brothers y el tema de las subprime, nosotros vivíamos en Malasaña en esa época en Madrid, y yo ya veía que la peña no estaba llegando a fin de mes. Si quieres ser economista no hay nada como empezar a caminar por los mercados de barrio y observar a la gente a ver cómo lo lleva, cómo lleva el tema del monedero”, sentencia.
Dorian colocó una canción - ¡menuda canción! - en una de las películas más rentables del cine español, Tres metros sobre el cielo (2010), cinta basada en una novela de Federico Moccia que arrasó entre los más jóvenes. La Tormenta de arena es una canción que te lleva a un estado casi hipnótico, como flotando por el aire en una noche de rave marciana. “Esa canción tiene, para empezar, una mezcla bastante curiosa: tiene una base de tech house, un bajo sinuoso de post-punk y una melodía pop en español por encima”; señala. “Luego es una canción que te hace viajar, son 7 minutos de viajazo por los que vas pasando por una montaña rusa de emociones. Para empezar, las estrofas están construidas con acordes menores, lo cual nos lleva a sentimientos de tristeza y melancolía, y los estribillos estallan en acordes mayores, que nos llevan a un sentimiento de euforia”, le corto para decirle que hay una épica increíble en la canción. “Es una canción que habla de temáticas típicas de nuestras canciones: de desasosiego, drogas, pérdida, de la búsqueda del camino, de tu camino en la vida cuando te encuentras en momentos oscuros”, concluye.
En 2015 el grupo celebró su aniversario con un disco en acústico, llevando sus canciones a otros registros con otros arreglos. Siempre es difícil revisitar las canciones antiguas y actualizarlas, so pena de estropearlas. Tratándose de Dorian esto no sucedió. Diez años y un día fue un éxito en todos los sentidos y una gozada para el grupo. “Se cumplían diez años de la publicación de nuestro primer álbum y era un buen momento para hacer repaso en forma de álbum”, explica. “Este álbum se hizo siguiendo el formato de Unplugged de MTV, porque nos parece que las canciones cuando adoptas un formato acústico con ellas, hace que alcancen un lenguaje universalmente comprensible. Cuando utilizas instrumentos como sintetizadores o cajas de ritmos, puede que haya un público con más prejuicios sobre estos elementos musicales que no van a escuchar tu música. En cambio, en el formato acústico todo el mundo las comprende, y las canciones brillan de otra forma. Eso nos hizo consolidar nuestra ya nutrida base de fans, y alcanzar un público nuevo mientras por el camino nos lo pasamos de puta madre porque la grabación fue divertidísima. A día de hoy es el álbum más vendido y escuchado de la carrera del grupo”, afirma.
Tras la ruptura sentimental entre Betty y Marc la banda publicó un álbum, que en palabras del vocalista, “fue liberador”, llamado Futuros Imposibles (2024) “Betty y yo habíamos roto ya hacía tres años cuando comenzamos a componer estas canciones”, dice. “Había pasado el tiempo suficiente como para que recompusiéramos nuestras vidas y poder trasladar en canciones lo que nos había pasado. El duelo ya había pasado prácticamente. Resultó liberador poder componer juntos esas canciones que hablan de duelo, rupturas, abandono pero desde una perspectiva novedosa, ya que el álbum propone que cuando estemos sufriendo un duelo tratemos de centrarnos en las buenas experiencias vividas con esa persona, y con todo lo bonito que ha podido aportar esa persona a nuestras vidas, a eso lo llamamos superación positiva del duelo. Es un tema muy poco tratado en la historia de la música pop. En la historia había habido millones de canciones que hablaban de ruptura desde el rencor y el desasosiego, pero muy pocas que aún hablando de dolor dieran las gracias por el camino compartido con esas personas”.