ALICANTE. Si esperas un resumen general de La bola negra esta no es tu crónica. Pero te entiendo; la película genera tantas conversaciones que te podría hablar de las heridas, tanto en las relaciones de los personajes como en la memoria colectiva de un país que todavía estima unos 12.000 cuerpos sin recuperar de cunetas o cementerios; podría hablar de contar otras historias a las que se nos habían contado hasta el momento, "arañando la tierra" -como expresa el film- para sacar a la luz otras narrativas, en este caso con protagonismo LGTBIQ+; o de la práctica habitual de los Javis de dar espacio a personajes que se salen de lo normativo y que, por tanto, resultan incómodos para una sociedad que ha preferido otros cuerpos, otras pieles u otras orientaciones sexuales.
En su lugar, esta crónica pone en el centro la música que vertebra el largometraje. Y es que se le da la suficiente importancia como para que, en ocasiones, mute de elemento a personaje. Al menos en la primera mitad de la película, ya que cuanto más se acerca el final, más se desnuda la historia para hacerla inteligible y atar todos los cabos, y esto lleva a que lo sonoro pase al plano de acompañante.
En La bola negra de Javier Ambrossi y Javier Calvo, la música ubica y cuenta historias. Ubica porque suena un chotis y no necesitas leer un rótulo para geolocalizarte en 'Madrid'. Y cuenta historias porque un personaje sin acompañamiento musical es una emoción cruda, un cuerpo desnudo, una parte importante -pero una parte al fin y al cabo-de un todo. Y esto sucede gracias a la riqueza cultural de la que goza España. De esa que enorgullece más que vestir la muñeca con una pulsera de colores; de esa que no busca ser una, grande y libre, sino una diversa que abrace sus diferencias y las ondee como bandera de identidad.
La música tiene cara: Judeline, Guitarricadelafuente, Teo Lucadamo...
El papel principal que se le da a la música no es lo único que la vuelve tangible; en la película se pueden reconocer varios rostros del nuevo panorama. Sin ir más lejos, uno de los protagonistas es Guitarricadelafuente, un cantautor que ya era habitual en los carteles de algunos festivales de España e internacionales. Festivales de música, maticemos ahora que su papel en La bola negra también le lleva a los de cine.
El músico, que interpreta a Sebastián, deja su huella en pantalla también con su canto, ya que firma La nieve, un tema compuesto a pachas con Raül Refree, que es quien da cuerpo a la banda sonora. La voz de Guitarricadelafuente acompaña una escena con carga emocional suficiente como para hacer llorar a un cine: la nieve que pisa Carlos -interpretado por Milo Quifes-, en alusión a la muerte. Si conoces vagamente la obra de Lorca, hilarás esta referencia con Poeta en Nueva York, el libro donde el granadino incluye Pequeño poema infinito y cuyo primer verso manifiesta que "equivocar el camino / es llegar a la nieve / y llegar a la nieve / es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios". Sin embargo, el tema parte de otro poema, El amor duerme en el pecho del poeta, ya que tiene relación con Rafael Rodríguez Rapún.
Carlos no es el único responsable de que las butacas busquen pañuelos; en ese paisaje nevado también vemos a una Judeline que debuta en la gran pantalla. *Spoiler alert* Encarna a una mujer asesinada por su marido, muerte salpicada también de música, ya que para llevar a cabo este acto de violencia, primero le ata las manos con las cuerdas de una guitarra. Pero el vínculo entre la artista y la música en la película va más allá.
La andaluza es la primera referencia auditiva del film, despojando al pasodoble Soldadito español del carácter alegre que suele tener este género musical, destinado a encorajar al pelotón y hacerlo marchar. En su lugar, Judeline lo lleva a un registro nostálgico, lo que concuerda con la escena que se está reproduciendo, donde casi se pide perdón por darle un arma al que, a partir de ese momento, dejará de ser persona para ser soldado. Para eso está la música, para reforzar la emoción que transmiten las imágenes o para enfatizar el sentimiento de un personaje. Lo sonoro es la confirmación de lo que ven nuestros ojos.
Además del pasodoble, durante unos pocos segundos suena otra canción folclórica. La copla y milonga flamenca La hija de Juan Simón, que se reproduce en la primera aparición de Albert Pla, sentado comiendo en el que se entiende que es su despacho. Tal vez esta versión te quede algo lejana, pero si eres seguidor de Rosalía sabrás que hizo con ella lo mismo que Judeline con Soldadito español: adaptarla a lo contemporáneo. Como recordatorio, recordemos que la catalana puso voz a otro proyecto de los Javis, Paquita Salas, con el tema ¡Ay, Paquita!.
Volviendo a la crónica de la película, con un rol más secundario también se puede ver a artistas del nuevo panorama musical como Teo Lucadamo, personificando a un soldado franquista, o El Bugg, con un tiempo en pantalla más reducido y a penas una frase. Así como a un consolidado Albert Pla, que guarda su habitual carácter sarcástico para meterse en la piel de un alto cargo militar también del bando que ganó la guerra civil española.
La música como refugio
Antes de delegarle un fusil, Guitarricadelafuente alias Sebastián carga al hombro una trompeta y el sueño de dedicarse a la música, de no querer ser visto pero sí ser escuchado, como esboza en una conversación. A lo largo de La bola negra, este instrumento de viento metal cobra una importancia que, quizás, como espectador hayas pasado por alto, pero que realmente la tiene. Te lo dice la banda sonora. Escucha de nuevo La nieve y la reversionada Soldadito español y podrás identificar que, entre violines, pianos y coros, la trompeta siempre tiene su momento, ya sea doblando la melodía de Judeline o como solista cuando calla la voz de Guitarrica.
De hecho, la música en general y la trompeta en particular, son el refugio de ese personaje. Por si no había quedado claro, lo confirma la escena donde Sebastián corre al baño a hacer sonar sin mucho esmero el instrumento, después de presenciar la paliza que los soldados le pegan a Rafael cuando trata de escapar. O sea, un suceso traumático que busca la zona de confort. Y eso Sebastián lo encuentra en la música. Escena que, por cierto, parece que se inspiró en el final de The Conversation, dirigida por Coppola, donde el protagonista toca el saxofón en una casa que él mismo ha destruido minutos antes. No voy a atribuirme este knowledge como si, de repente, fuera la persona más entendida de cine; lo he visto por TikTok.
En otra entrevista que circula por redes, Javier Ambrossi asegura que es una "peli vitalista", ya que "pretende hablar de que hay que vivir". Y al escuchar esa palabra clave, recordé otra obra musical que hace su aparición: La vida breve, una ópera de Manuel de Falla. En concreto, suena Danza española nº 1, que tiene dos partes diferenciadas -una más guerrera y otra más dulce-, al igual que los dos planos que se entrelazan. Respira folclore andaluz. Lo cual no es casual, porque el compositor se interesó por las escalas que utilizaba la música de las danzas tradicionales granadinas. Dejo abajo una interpretación exquisita que pone a la mexicana Lucero Tena al mando de las castañuelas. Es de cuando La 2 aún era verde.
Pero no quiero desplegar la pestaña de 'historia de la música' porque nos pasaríamos aquí un rato más. ¿Por qué es digno de destacar que Falla ambiente el film? Fue un compositor del siglo XX, contemporáneo y colega de Lorca. Una amistad entre intelectuales que unió Granada, donde supieron asentar ese networking vanguardista en un ambiente más conservador. Esto llevó al primero a producir música para obras de teatro del segundo e, incluso, a lanzar juntos un concurso de cante jondo.