ALICANTE. Una desconocida Anne Morelli, profesora emérita de Historia de la Universidad Libre de Bruselas, presentó hace unos días en Radio Alicante (Cadena SER) el libro titulado Blanquear una biografía: las mentiras de Óscar Esplá, tal y como señala la nota de la emisora, que resume los puntos claves y las frases destacadas de la entrevista que acompañó a la presentación.
En dicha nota se subraya, antes de nada, las dos preguntas que se plantea en primer lugar Morelli. Una es “¿Por qué Óscar Esplá se fue de Alicante en 1936, cuando la ciudad y la región no estaban amenazados por los franquistas?” Con esta tarjeta de presentación ya demuestra la tal Morelli que desconoce la realidad de esos trágicos primeros meses de la Guerra Civil en nuestra provincia. Como muestra le ilustraré con algunos episodios de los muchos existentes que, a buen seguro, desconoce (hay que documentarse) y que tras su exposición le explicaré el motivo por el que los menciono.
El primero es la matanza que tuvo lugar en la Marina Alta cuando la noche del 2 de noviembre de 1936 fueron ejecutadas 21 personas de Dénia por 13 sindicalistas incontrolados de izquierdas y luego arrojaron sus cuerpos a una sima cercana al monte Montgó. Todos los asesinados no eran desafectos a la República y se cree que algunos estaban vivos al ser lanzados al vacío.
El segundo se produjo en las primeras semanas de la guerra cuando un grupo de radicales republicanos de izquierdas destruyó el retablo barroco de la iglesia gótica de Xàbia, así como su histórico órgano.
Y el tercero lo contó en un libro el historiador alicantino Joaquín Santo Matas (un historiador de verdad): el asalto a la masía de Óscar Esplá en Benimantell, a los pies de la Aitana, donde estaba veraneando junto con su esposa. Este suceso y la situación bélica lo animaron a exiliarse aprovechando la invitación que le cursó la Fondation Musicale Reine Elisabeth de Bruselas, adonde llegó vía Marsella y París. Esplá se marchó porque su país se estaba metiendo en una locura colectiva, y una persona culta y polímata, que había viajado por todo el mundo, entendía perfectamente lo que sucedía en España
¿Y por qué cito estos tres episodios? La respuesta es obvia: nuestra provincia no estaba amenazada por los franquistas, sino por radicales republicanos de izquierdas que sembraban el terror sin miramientos: despreciaban la vida humana, el arte y, en el caso de Óscar Esplá, el asalto a su finca no tuvo relación con su ideología (colaboró con la República en el plano cultural), sino porque era un persona famosa con una buena posición económica. Por supuesto que estos sujetos no eran reflejo de los valores republicanos, pero sus actuaciones quedan para la historia.
A continuación, la tal Morelli se pregunta "¿Cuáles eran en realidad sus ideas políticas en una época donde era imposible no adscribirse a una ideología u otra?". Aquí de nuevo saca a relucir su ignorancia supina y maniqueísmo. Por ello, le aconsejo la lectura de La Guerra Civil y la Tercera España, ensayo del historiador alicantino de Tormos Joaquín Riera que rebate, al igual que muchos historiadores, la extendida idea de que todos los españoles se alinearon voluntariamente en alguno de los dos bandos. Señala Riera que, en realidad, muchos fueron arrastrados a tomar partido por uno de ellos a la fuerza o mero azar como fueron las simples razones geográficas, según donde había quedado radicado su pueblo o ciudad al principio de la guerra. Además, se estima que unos dos millones y medio de hombres en edad militar no se incorporaron a filas o desertaron en el frente. Y para su información, me permito añadir que Óscar Esplá era muy amigo de Federico García Lorca y Gerardo Diego (busque en internet la fotografía en que aparecen los tres medio abrazados y sonriendo) y que trabajó con Manuel Machado para estudiar la posibilidad de componer un nuevo himno nacional de la II República que sustituyera al poco acertado, musicalmente hablando, Himno de Riego (Machado se encargaría de la letra).

- Óscar Esplá en su piso de Alicante (1951) -
- Foto: Sánchez, AMA
Y al hilo de esta incomprensible segunda pregunta, da la impresión de que la emérita cree que todos los republicanos fueron de izquierdas, por ello me permito ilustrarle históricamente y desvelarle que había muchos partidos republicanos que eran de derechas como, por ejemplo, Derecha Liberal Republicana de Miguel Maura y Niceto Alcalá-Zamora —que fue el primer presidente de la II República— y el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux.
Más adelante en la nota se asegura que Esplá tuvo un “perfil político sinuoso” (?). Morelli afirma tajante que tras la ocupación alemana de Bélgica trabajó como articulista (otro error, fue crítico musical) y que participó en la propaganda nazi (mentira). Además, añade que sus retribuciones “demuestran que no colaboró, como se ha llegado a asegurar, para salir de pobreza”. Nuevamente debo ilustrarle de la mano de Santo Matas.
Ha de saber que Esplá no pudo volver a España, tras el final de la guerra, porque el régimen franquista le confiscó sus propiedades y sus derechos de autor, siendo etiquetado de republicano. Por ello, en su exilio pasó por muchas dificultades económicas, y debido a su situación de precariedad se vio obligado a aceptar la oferta de escribir para el diario Le Soir; y, con el fin de gozar más libertad, firmó sus colaboraciones con el seudónimo de Auguste de Triay llegando a publicar 237 artículos. En algunos de ellos defendió a los músicos judíos reivindicando el valor artístico de una obra por encima de su ideología. Empezó a tener problemas con los invasores, hasta que llegó el día en fue censurado por sus críticas negativas a una obra de un discreto compositor alemán que era uno de los músicos favoritos de Adolf Hitler.
De nuevo en este punto debo informar a Morelli sobre la colaboración de escritores en medios de comunicación en un régimen dictatorial. En la dictadura franquista numerosos escritores se vieron en la necesidad de escribir, para poder subsistir, en medios controlados y censurados por el régimen, no pudiéndoles tachar, bajo ninguna circunstancia, de franquistas, ni de colaborar con su propaganda. Como muestra ahí van algunos relevantes nombres, muchos socialistas y comunistas: Josep Pla, Jaime Gil de Biedma, Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Haro Tecglen y Miguel Ángel Aguilar, entre otros.
Y por si fuera poco, esta paracaidista del país de la patata afirma que Esplá comenzó a negociar su vuelta a España y que se aprovechó del interés del régimen franquista por recuperar a referentes culturales para ensalzar los valores del nacionalcatolicismo. Bueno, ¿y qué? Le recomiendo que lea mi artículo Paseando por Alicante tras las conmemoraciones a sus visitantes más ilustres del 9 de febrero de 2025 en que menciono a un alicantino de adopción de nombre Amado Granell (lea el resumen de su biografía). Debe saber que volvió del exilio a España, bajo el amparo de don Juan de Borbón y con el acuerdo de los gobiernos de Francia y España. Seguro que le extrañará que el régimen franquista mostrara su disposición a su regreso, pero esto se explica porque entonces se encontraba en un proceso de apertura al exterior y no podía negarse a la vuelta de un personaje reconocido a nivel internacional, igual que el caso de Esplá.
Por último, entiendo que, como modo de justificación, al ser consciente de sus disparates, reconoce que “es algo enojoso y que nada tiene que ver con sus composiciones musicales, pero que quiere poner de relieve su perfil contemporizador y acomodaticio con los vientos políticos que le tocaron vivir”. ¡Ya estamos juzgando el pasado con ojos del presente! Y, además, en el caso de Óscar Esplá, no hay nada que juzgar.
En fin, eso falta: que el bueno de Óscar Esplá, además de soportar a las SGAE —que dificulta la ejecución de sus obras y su difusión—, aún tenga que aguantar que una historiadora belga, desconocedora de nuestra historia, trate de manchar su nombre.