Juan Tallón: "El móvil fagocita nuestro estilo de vida y rompe nuestra capacidad para estar concentrados"

Entrevista

CULTURA

El escritor gallego visita el lunes Benicàssim para proponer lecturas para el verano

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CASTELLÓ. Uno de los autores más demandados en las ferias del libro que en los últimos meses han recorrido España llega este lunes a Benicàssim. Con su última novela, 'Mil cosas', Juan Tallón tomará asiento en Villa Ana para participar en el ciclo Entre libros, una iniciativa impulsada por el consistorio y la Librería Noviembre en la que compartirá conversación con los lectores. El gallego no ha querido desvelar a Castellón Plaza las cinco recomendaciones literarias que propone la iniciativa para mantener intacta la sorpresa, pero como previa nos invita a leer su último libro, un trabajo que se mantiene en pie atravesado por la ansiedad contemporánea, el vértigo cotidiano, el lugar que ocupa el tiempo en la ficción y nuestra dependencia de un teléfono móvil.

Autor también de la conocida 'Obra maestra', la novela en la que reconstruyó la desaparición de una escultura de 38 toneladas de Richard Serra en el Museo Reina Sofía, Tallón ha convertido su literatura en una herramienta con la que explorar algunas de las contradicciones de nuestro tiempo. 

-¿Cómo explicamos al lector lo que se va a encontrar en 'Mil cosas' sin darle pistas de nada?

-Le podemos contar que se va a encontrar con la historia de dos personajes, Travis y Anne, que viven de un modo bastante parecido a como lo está haciendo el conjunto de la sociedad hoy en día. Es decir, absolutamente sometidos por sus trabajos, que son el centro de sus vidas. Los dos han asumido que hemos venido al mundo a producir y a consumir, y de un tiempo a esta parte también a estar entretenidos. Por cierto, eso implica consumir porque no hay casi entretenimientos gratuitos. Parece ser que está menos admitido en este sistema de descarnado capitalismo no hacer nada, tener hilos de pensamiento o leer sin consultar cada cinco minutos el teléfono para chequear los WhatsApps, los e-mails o las notificaciones. Los protagonistas del libro viven como muchos lo hacen, con unas agendas sobrecargadas, sin tiempo para hacer las cosas que les gustaría y cuando se generan espacios para poder disfrutar los cargamos todavía con más actividades. Los dos personajes van de un día a otro con la sensación de que no hay interrupción y no se puede descansar ni hablar. Están siempre permanentemente conectados.

-¿Es tu libro una invitación a que, a través de la ficción, los lectores meditemos sobre la realidad?

-El libro da para una conversación. Una vez lo lees o mientras todavía lo estás leyendo te genera la inquietud de si realmente vamos a alguna parte viviendo de ese modo, porque quizá el lector también esté en su día a día así. De todos modos, cuando yo concibo mi novela no lo hago buscando que con ella el lector reflexione sobre el contenido y en qué medida el libro le habla a él o a ella. Pero sí es cierto que las novelas pueden acabar interpelando a uno aunque al escribirlas no te hayas propuesto expresamente que eso sea lo que se suscite. Yo quiero contar una historia que genere fricciones en el lector y que experimente el estrés, la velocidad y la ansiedad que experimentan los personajes.

-En tu libro, si algo no hay es descanso. Así como de algunas novelas se dice que la ciudad es un personaje más, ¿es en 'Mil cosas' el tiempo un personaje?

-Sin duda. El tiempo es un personaje en el sentido de que adquiere protagonismo en la obra. La novela está hilvanada sobre el ritmo. Cuando escribía era consciente de que el libro tenía que ser vértigo y de ritmo en permanente aceleración. Pienso que cuando lo lees se manifiesta la velocidad y el tiempo. Está absolutamente lleno, no hay huecos, no hay respiro, todo es pura acción. La novela está redactada sobre verbos, muchos, y sobre frases cortas que te llevan inmediatamente a las siguientes y a las siguientes. Y todo escrito desde el presente indicativo, que es un tiempo verbal que siempre transmite inminencia.

Foto: A. PÉREZ MECA/EUROPA PRESS

-¿No es en parte lo que le da sentido al libro? 

-Claro. Sería otra novela si no fuera así. Piensa que en 'Mil cosas' los personajes no tienen pasado. Se nos cuenta en puntuales situaciones lo que Travis y Anne han hecho en otros momentos de la vida, y cuando eso ocurre es únicamente para entenderlos en el presente. 

-¿Todo transcurre en el presente?

-Exacto. Todo sucede en el momento en el que el lector está leyendo.

-El móvil aparece como un elemento omnipresente en la historia. ¿Hay alguna manera de protegernos de él o llegamos tarde?

-El móvil ha fagocitado nuestro estilo de vida y ha roto nuestra capacidad para estar concentrados en algo. El teléfono se ha convertido en una forma de interrumpir los pensamientos y en una forma de gesticular. Nuestras manos han adquirido un nuevo aprendizaje y se mueven siempre hacia el teléfono. ¿Qué podemos hacer? No lo sé. Es cierto que individualmente sí que se pueden cambiar algunos aspectos, pero me temo que este problema ya no se puede resolver a escala individual. Debería ser algo que nos concierne a todos, y no es así. Si hubiera una solución o un tratamiento tendría que pasar por otra educación ciudadana. Oiga, como sociedad no podemos estar esclavizados de esta manera en la que lo estamos ahora por el teléfono. Tenemos que aprender a desprendernos y aprender a atender al mundo más allá de ese mundo que reclama nuestra atención a través del teléfono. Algo hay que hacer.

-Juan, hablábamos antes de lo difícil que es preguntar sobre tu libro sin desvelar nada, pero aun así, dinos: ¿el final lo tenías claro antes de comenzar? 

-Sí. De hecho, la resolución de la novela es el comienzo de la escritura de 'Mil cosas'. La idea de la historia surge como su final. La pregunta que yo me planteé antes de empezar a escribir el libro es, ¿cómo llego a este suceso último? ¿Qué tiene que pasar para que la novela acabe como yo planeo que acabe? Esa construcción, esa respuesta, es el comienzo del libro. Al plantear esas preguntas es cuando decido que los acontecimientos se van a desarrollar de una manera concreta para que desemboquen en esta otra. Así que no comencé por el principio sino por el final. ¿Qué personajes necesito para escribir una historia que ha de acabar de esta forma? ¿Qué han de hacer hasta llegar a ese punto? Con esas preguntas empieza la construcción del libro.

-Y empiezas a escribir…

-Lo escribo muy rápido. En 20 días. 

-¿En serio? 

-Sí. 'Mil cosas' se escribió exactamente en 23 días. Tenía que ser así. Es una novela en la que los hechos que experimentan los personajes transcurren a toda velocidad y el lector se contagia de esa velocidad y de esa angustia y ansiedad. Convenía escribir a toda velocidad para que se leyera de esa manera. 

Foto: A. PÉREZ MECA/EUROPA PRESS

-El diseño de la portada, contraportada y lomo de ‘Mil cosas’ es muy original y parte de una propuesta tuya. ¿Como se forjó la idea? 

-Es un trabajo en colaboración con el equipo de Anagrama. En novelas anteriores ya se dio este interés por realizar juntos la parte conceptual de la cubierta. Ellos, además, tuvieron la valentía de llevar la cubierta mucho más allá de la tapa: en la contra, en el lomo y en la solapa. La solapa es fundamental para entender la propuesta de la cubierta. Y, en cierto sentido, entender la novela.

-Lo que ocurre es que cuando lo ves antes de empezar la novela no alcanzas a adivinar la dimensión que luego coge.

-No. Es cierto. No se aprecia en ese momento.

-No podemos cerrar la entrevista sin mentar 'Obra maestra'. Si me permites el juego de palabras, ¿es tu obra maestra?

-Bueno, no seré yo tan cretino de decir que he escrito una obra maestra. En absoluto. Pero sí diré que es el libro que más me ha exigido en todos los sentidos. También en cuanto a tiempo dedicado. Desde que empecé a soñar con el libro, a documentarme y a averiguar cómo escribirlo hasta que salió publicado transcurrieron diez años. En ese sentido creo que es la obra con la que he intentado ir más lejos. Ojalá no, pero entendería que con el tiempo fuese la obra que más se asociase a mi nombre.

-Si no fuera así significaría que has publicado algo con mayor repercusión que 'Obra maestra'.

-Ojalá. Uno siempre quiere subir la apuesta de un libro a otro. Yo intento que lo siguiente sea mejor que lo anterior. 

-Por cierto, la portada de 'Obra maestra' es magnífica…

-Esa portada, de la que no soy el mayor responsable, me parece una genialidad por parte de Anagrama. 

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