Llega la semana más esperada no solo todos los entes festeros, sino para la mayoría de la población ilicitana. Una larga semana repleta de eventos para todos los gustos, desde las cábilas y cuartelillos de Moros y Cristianos a la descarga pirotécnica del 13 de agosto, pasando por conciertos, las comisiones de fiestas en colegios, dinamizando los eventos patronales más allá del Ayuntamiento, y por supuesto todo lo que tiene que ver con las representaciones del Misteri d’Elx. Motivo especial de esta cuarta edición de este ‘Elche, Patrimonio de la Humanidad’.
Con la declaración de París en mayo de 2001, La Festa cumple un cuarto de siglo como Patrimonio de la Humanidad. En este caso, entre las primeras 19 manifestaciones culturales del mundo a las que la Unesco catalogó como Obras Maestras del patrimonio inmaterial. Un hito que reconoce la importancia del drama asuncionista, con más de 500 años de vida, y cuya edad habla tanto de la relevancia de la denominada ‘comunidad portadora’ que ha luchado siempre para que siga vivo; esto es, el pueblo de Elche, como de lo que supone para la identidad de los y las ilicitanas.
Una efeméride que llega con un cambio de presidencia en el Patronato del Misteri d’Elx, ahora con José Manuel Sabuco a la cabeza, sustituyendo al veterano industrial Francisco Borja, que ha cumplido ya su ciclo de 8 años. Uno de los objetivos que se marca es la proyección externa, precisamente uno de los ámbitos que llevó a presentar la declaración —como alternativa de impulso turístico ante la crisis industrial de finales de los 80s—, pero también la interna, para una mayor difusión entre mucha parte de la sociedad ilicitana que quizá en los últimos tiempos se ha sentido más despegada de La Festa, o que simplemente, aún no ha participado de ella.
Dos ámbitos, sobre todo el interno, importantes para cumplir con el mantenimiento de esa ‘comunidad portadora’, el pueblo que siempre la mantuvo viva, al igual que hace 500 años. En época contemporánea, la sociedad ilicitana sigue haciendo suyo el Misteri, así como las fiestas, a pesar de su fuerte motivo religioso, aunque uno no sea creyente. Ese carácter popular sigue definiendo, al menos en parte, también a quienes siguen yendo año a año a ver su Festa, independientemente de sus creencias.
En esta cuarta edición de la revista el lector encontrará varios reportajes y opiniones que abordan cómo se logró por una parte esa declaración en tiempo récord, con el carácter pionero por estar en la primera tanda de declaraciones de patrimonio inmaterial, otras cuestiones vinculadas al Misteri, por esos 25 años dentro de la lista Unesco; pero también facetas más reflexivas sobre qué se podría mejorar. Precisamente vinculadas a esa mayor implantación interna, o respecto a qué camino tomar y mantener el equilibrio entre algo que siga sintiéndose popular, en tanto que del pueblo ilicitano, y una difusión o crecimiento internacional que no pueda dar lugar a desvirtuar los cambios en La Festa. Teniendo en cuenta que han sido muchos los cambios a lo largo de cinco siglos de vida.
Por último, esa forma de lograr la declaración fue un ejemplo de colaboración interadministrativa, un caso de éxito en poco tiempo gracias a la unidad y el trabajo conjunto de diferentes instancias y entidades. Un valor a reseñar hoy en tiempos de crispación. La declaración Unesco es también un ejemplo de ese éxito colectivo y de colaboración.
En cuanto a las fiestas, con un crecimiento turístico cada vez mayor de la ciudad, consolidándose cada vez más como un destino que mira más allá del sol y playa, poniendo su patrimonio cultural y gastronomía al frente, el equipo de gobierno también debe tener el reto de ese crecimiento controlado. Cada año se aspira a más, lo que muestra la mayor inversión o diferentes iniciativas nuevas, con más carne en el asador. Por segundo año consecutivo se seguirá manteniendo un horario de descanso en barracas y cuartelillos por la tarde para el descanso vecinal. Pero más allá de estos necesarios gestos, ese equilibrio entre el crecimiento exacerbado y unas fiestas que sigan siendo controlables, disfrutables y para todos, es más necesario que nunca. Precisamente al calor de la subida turística en la provincia, algunas ciudades ya han tenido problemas en sus fiestas patronales por esa crecida sin límites. Elche aún está a tiempo de buscar ese equilibrio.