Entrevista

Cultura

Juan Francisco Ferrándiz: "La Lonja de la Seda representa la posibilidad de cambiar tu destino"

El autor alicantino reconstruye en 'La Lonja de la Seda' la València más próspera y contradictoria del siglo XV donde la construcción de la lonja simbolizó una revolución social

  • Juan Francisco Ferrándiz
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ALICANTE. El escritor alicantino Juan Francisco Ferrándiz (Cocentaina, 1971) publica la novela La Lonja de la Seda (Grijalbo, 2026), en la que convierte el edificio histórico de de València en el corazón de una trama de intrigas, ambición y cambio social. Un libro en el que el gran protagonista no es solo un personaje, sino también un lugar. Y es que la Lonja de la Seda se alza a lo largo de la historia piedra a piedra, al mismo tiempo que se construyen las vidas de quienes la habitan. Un templo laico levantado no para Dios, sino para los hombres. Un espacio donde el comercio, el esfuerzo y la ambición sustituyen al orden rígido medieval.

"Es una ficción histórica en la que los personajes principales son en gran parte ficticios, aunque Joan Ibarra existió, pero todo el contexto con la construcción de la lonja, los conflictos, la corrupción, los ataques, etcétera, está basado en hechos reales documentados", explica el autor. Y en sus muros se refleja un cambio de mentalidad con la posibilidad de ascender, de prosperar, de romper el destino heredado. "Es mucho más que un edificio; es un símbolo de cambio porque rompe el patrón en el que nacías y morías en la misma posición social", describe Ferrándiz. "Representa la posibilidad de prosperar, de emprender, de cambiar tu destino, y es tan sobrecogedor como un templo, pero no está dedicado a Dios, sino a las personas que desarrollan su vida dentro", destaca.

La historia siempre está por encima del dato. El rigor es innegociable y, por eso, el escritor no altera hechos ni fechas, pero el contexto histórico sí actúa como un decorado sobre el que se despliega la trama. Un decorado que cobra vida propia porque la lonja no es solo un escenario, sino todo un símbolo. "Quería contar una historia que conectara emocionalmente con un lugar, como hacen otras grandes novelas históricas", justifica el autor. Y a su juicio la lonja es perfecta porque es un edificio civil levantado por los ciudadanos y financiado también por ellos mismos, pensado para el comercio y el progreso.

En ese cruce entre pasado y presente, entre ficción y realidad, es donde la literatura encuentra su mayor logro haciendo que el tiempo deje de ser una barrera. Es por eso que Ferrándiz persigue que el lector establezca un vínculo emocional con un lugar. Que la historia no termine al cerrar el libro, sino que continúe en la experiencia real. Que quien lea la novela sienta el impulso de visitar la lonja, de recorrer sus columnas, de observar sus piedras con otros ojos porque, entonces, el edificio dejará de ser solo patrimonio histórico para convertirse en un escenario vivido.

Para lograrlo se vale de Joan Ibarra. Un personaje histórico, y ahora también literario, del que apenas se sabe nada, pero que aparece en documentos al mismo nivel que el gran arquitecto Pere Comte. "Ese misterio me permitió imaginar quién pudo ser y, para mí, representa ese cambio de mentalidad en el paso de una sociedad rígida a otra donde, gracias al comercio, puedes ascender socialmente", afirma el escritor. A su alrededor, la novela entrelaza géneros. Hay romance, misterio, intriga e incluso una trama cercana al thriller, con muertes que se suceden en torno a la construcción del edificio. Todo ello sin perder de vista el objetivo principal, que es atrapar al lector.

La ciudad que ya era moderna

Una historia que se desarrolla en la València del siglo XV y su peculiar modernidad. "Era una gran metrópolis, una de las ciudades más importantes de Europa, con rutas comerciales que llegaban a todo el continente", recuerda. Durante el proceso de documentación, el autor se encontró esa ciudad sorprendentemente contemporánea. No era un rincón aislado del pasado, sino una urbe vibrante que Ferrándiz describe "casi como la Nueva York de su tiempo". Una ciudad dinámica, poblada y llena de oportunidades, "pero también de contradicciones porque, junto a la riqueza y el esplendor artístico, convivían las sombras", afirma. Corrupción, desigualdad o problemas de vivienda, muy parecidos a los actuales y que establecen ciertos paralelismos con la actualidad.

"Por aquel entonces ya se llevaban las mordidas hinchando facturas y desviando fondos; ocurría entonces exactamente igual que ahora", apunta, recordando el caso real de la llamada piedra vermella que se empleó en uno de los suelos de la Lonja de la Seda. "Su sobrecoste destapó un escándalo en la construcción que acabaría después con penas de cárcel para los promotores", explica. Un escándalo que podría encajar sin dificultad en cualquier titular actual.

El abogado que aprendió a contar historias

Con La Lonja de la Seda, Ferrándiz continúa su prolijo camino literario especializado en la novela histórica, sobre todo ambientada en la Edad Media, con historias que mezclan aventura, intriga, política, religión y contexto social. Una trayectoria que inició como evasión de su rutina como abogado. “Siempre había sido muy lector, pero nunca me había atrevido a cruzar esa barrera”, recuerda. Y sus primeros pasos fueron discretos, con una obra en valenciano publicada en una pequeña editorial, pero el punto de inflexión llegó en 2010, cuando Penguin Random House apostó por él. Desde entonces, ha construido una carrera constante marcada por la disciplina y la fidelidad a un género que combina documentación y emoción.

Sin embargo, antes que novelista, Ferrándiz fue abogado y, lejos de quedar eso al margen, su formación ha moldeado su manera de escribir. En su oficio jurídico aprendió a hacer algo esencial para cualquier narrador, como es ordenar el caos. "Relacionar datos dispersos, construir un relato coherente y, sobre todo, hacerlo convincente; convencer a un juez o convencer a un lector no son tareas tan distintas", explica. "En ambos casos, se trata de lograr que quien escucha o lee crea en lo que se le está contando, que lo sienta verosímil, que no pueda apartarse de la historia", añade.

Esa capacidad se percibe en su forma de entender la literatura, con capítulos ágiles, mezcla de géneros y una narrativa que avanza con ritmo contemporáneo, incluso cuando el escenario se sitúa en pleno siglo XV. Con su nueva novela rompe incluso su propia cadencia de publicación, porque ha llegado antes de lo habitual, pero también con una ambición mayor, que es convertir un edificio histórico en el corazón de una historia de intrigas, ambición y cambio social.

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