VALÈNCIA. La palabra “sostenibilidad” se ha convertido, sin duda, en un término más que habitual en nuestro día a día. Y no solo. En publicidad, comunicación corporativa o en el ámbito político se toquetea con mayor o menor acierto. Tanto es así que hay quien también lo ha desvirtuado y, precisamente para advertir de peligros y charlatanes, han aparecido otros conceptos como el de greenwashing, que sirve para nombrar a las prácticas engañosas que buscan aparentar que ciertas políticas o procesos son respetuosos con el medio ambiente.
El vocabulario es importante, faltaría más, como lo es traducirlo en algo tangible. Y en este asunto la cultura también tiene mucho qué decir y qué hacer, no solo desde la reflexión artística, sino también entendida como una gran red de pensamiento, institucional y empresarial. Desde València es el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) el que quiere liderar este viaje, no en vano este es uno de los pilares del proyecto que presentó Blanca de la Torre para el museo así como de su propia trayectoria como gestora cultural. Para muestra, un botón: la 15ª Bienal de Cuenca (Ecuador), de la que fue curadora y que se presentó como la primera bienal sostenible del mundo.
“En un momento de emergencia ecológica como el que nos encontramos, se vuelve imposible hablar de instituciones desligadas de sus competencias ecosociales”, desgrana en el proyecto con el que accedió a la dirección del museo. Esta idea se traduce ahora en una nueva hoja de ruta para caminar hacia ese llamado “museo ecosocial”, una guía creada por el IVAM que servirá como mapa para dirigir el presente y futuro del centro.
Límite a los viajes de larga distancia de obras de arte

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- Foto: JUAN GARCÍA
La guía, en la que desde el museo se ha estado trabajando en los últimos meses, en realidad ya ha tenido una suerte de prueba piloto con la inauguración de la exposición A media lumbre, una muestra colectiva que, de la mano de artistas como Pilar Albarracín, Concha Ybarra o Sandra Mar, pone el foco en las mal llamadas “artes menores”. El propio punto de partida de la muestra, que pone el foco en saberes populares y obras creadas con materiales como la cerámica, textiles o esparto, ya dibuja un espíritu que se expande tanto por los hilos visibles como en los no visibles que componen la exposición.
Algunas de las decisiones que han marcado la configuración de la muestra pasan, por ejemplo, por evitar la presencia física de personas para acompañar el viaje de las obras de arte, que, además, se eligieron de forma deliberada priorizando la cercanía geográfica. Así, incluso las de artistas internacionales, todas proceden de la península y han viajado por tierra, piezas que fueron protegidas por cajas y embalajes reutilizados mientras se desarrollan alternativas más amables con el planeta.
Folletos en papel semilla y estructuras reutilizables

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- Fotos: JUAN GARCÍA
Los propios elementos que acompañan la obra ya en la sala de exhibición también son reutilizados, con estructuras museográficas, cartelas identificativas, banderolas y moquetas que se usarán en las cuatro sedes en las que se verá la muestra. De igual forma, el folleto de la exposición se realizó en papel semilla plantable, aunque a la salida se ha instalado un buzón de devolución para los visitantes que no quieran llevarse el material impreso, al que se dará una segunda vida.
Este “piso piloto” que es A media lumbre, que todavía se puede visitar, ha sido el laboratorio donde aterrizar en la práctica cotidiana del museo algunas de las ideas que se plantean en la guía diseñada desde el IVAM que, en todo caso, va mucho más allá. Reutilizar vitrinas, peanas o marcos; instalar sensores de presencia para reducir el consumo por iluminación; utilizar pinturas o barnices ecológicos; esquivar los derivados del petróleo o limitar la recepción de obras de centros lejanos son algunas de las directrices que marcarán el futuro del espacio expositivo.

Reducir el consumo energético del propio centro es otro de los grandes objetivos que plantea la guía, que también se fija en los ‘pequeños gestos’ del trabajo de oficina del día a día, marcando la necesidad de alargar la vida útil de aparatos electrónicos o incluso planteando la implementación de muros verdes o jardines verticales.
En el ámbito de las comunicaciones, priorizar las reuniones online, reducir el uso de papel en folletos u hojas de sala o revisar otros modelos de tickets y entradas son otras de las cuestiones que se plantea el museo. Así, por lo que respecta a la edición se priorizarán los papeles reciclados y tintas de origen vegetal y se fomentarán iniciativas como las bibliotecas de intercambio para evitar el exceso de producción.

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- Foto: MIGUEL LORENZO