ALICANTE. El peso del silencio, de Vicente de Ramón Producciones, ha sido el proyecto seleccionado para desarrollarse en la VIII Residencia José Estruch de artes escénicas que impulsa el Teatro Principal de Alicante. Una obra de teatro que recupera los principales episodios de la Guerra Civil vividos en la ciudad de Alicante, contados desde el prisma de la gente corriente. Once relatos unidos por el nexo común de las experiencias personales de quienes vivieron esos episodios, que se han plasmado en ese texto a través de testimonios de amigos y familiares. “La lucha y el comportamiento de gentes normales que de repente ven quebrada su vida cotidiana y tienen que adaptarse a unas circunstancias extremas, incluso alterar sus valores morales, por el desespero de un conflicto bélico”, describía el propio autor y director de la obra, Vicente de Ramón, durante la rueda de prensa para dar a conocer al ganador de esta edición y los detalles de la obra.
“El proyecto seleccionado se eligió por unanimidad”, destacaba María Dolores Padilla, subdirectora del Teatro Principal de Alicante, quien había actuado como presidenta de un comité de valoración del que también formaba parte el dramaturgo, escritor, docente y director de teatro Juan Luis Mira, así como Begoña Echevarría, funcionaria de la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Alicante. Una reunión que se producía el pasado viernes, 28 de marzo, día señalado en el calendario por ser la fecha en la que, en 1939, partió desde el Puerto de Alicante el buque Stanbrook con más de 2.600 exiliados de la Guerra Civil a bordo, pero también el día en el que moría Miguel Hernández en 1942. Dos elementos que forman parte de esta obra de teatro y una coincidencia que, según apuntaba Vicente de Ramón, le habían emocionado al recibir la noticia.
“Alicante es una de las capitales de la memoria histórica, no solamente por el periodo de la Guerra Civil, sino porque siempre ha tenido una importancia estratégica fundamental y ahora se dan las circunstancias que hacen que esta historia encuentre similitudes en otras sociedades en conflicto”, describía el director apuntando a la universalidad del relato, más allá de lo local, al tiempo que destacaba que esta obra “llama a las emociones y también a la reflexión”. Y es que, como afirmaba, esto está sucediendo hoy en día. “Queremos que haya un reflejo no solo de lo que ocurrió, sino también de lo que está ocurriendo; nos están pidiendo que preparemos nuestras mochilas y enseres por si acaso caemos en algún conflicto bélico”, afirmaba.
En este sentido, El peso del silencio pretende ser un recordatorio de esos testimonios que han contado los abuelos y familiares, “para quien no tiene abuelos que se los cuenten”, apuntaba. Siempre desde el punto de vista humano, sin hablar de política, sino del sufrimiento al que se aboca a la sociedad. Sin embargo, tiene mucho de relato desgarrador, pero también se hace hueco a la ternura, el amor y el humor, “pues la gente tiene que sobrevivir con ello a pesar de todo”, explicaba el autor. “El humor es necesario para la supervivencia”, afirmaba, al tiempo que destacaba el concepto de solidaridad que se refleja la obra. “La solidaridad del día a día de mucha gente que se ayudaba sin mirar su ideología; esa ayuda de gente espontánea”, apuntaba.
El silencio que más pesa
El título, El peso del silencio, tiene varias lecturas. Una es el silencio tenso que precede a un hecho dramático, “como cuando tenemos el presentimiento de que algo malo va a ocurrir”, describía Vicente de Ramón. Sin embargo, también es el silencio que había en los refugios, el silencio de no hablar para que el espía no pasara información, el silencio que evitaba disputas en un momento de tensión o el silencio de quien esperaba en el puerto para ser evacuado en los barcos que prometía la República y que nunca llegaron. Además, el silencio de la desazón, el de la derrota. Y, por último, “el que más pesa”, destacaba, que es el silencio impuesto, “el obligatorio, aplicado a todos estos episodios después de la guerra”. Historias de las que no se podía hablar y que se empezaron a recordar a partir de los años ochenta.
Estreno el 26 de septiembre
El equipo estará conformado por Francisco Torres, en la escenografía; Alejandro Andreu, en el diseño de iluminación; Marta Villalgordo, en la producción ejecutiva, y Kety Rico, adjunta a la dirección, que ostentará Vicente de Ramón, quien también forma parte del elenco de actores y actrices, que cuenta con Francisco Torres, Gemma Martínez y Fran Palacios. Un equipo que ya ha venido trabajando junto en distintos proyectos de recreación histórica en espacios públicos de la ciudad y la provincia, más de doscientas pequeñas representaciones a lo largo del año pasado. Precisamente, lo que ha impulsado la creación de esta nueva obra de teatro.
Ahora, todos ellos tendrán varios meses para preparar esta producción en la sala Nuria Espert del coliseo alicantino, pero además dispondrán del escenario principal durante los cuatro días previos al estreno, previsto para el viernes 26 de septiembre. Un proyecto por el que recibirán el pago del caché de la función programada, que es de 2.167,75 euros más el 21% de IVA y, además, se otorgará un incentivo a la producción de este espectáculo con un importe de 5.500 más IVA.
Revolver, finalista por segunda vez
Junto a El peso del silencio se ha elegido también el proyecto finalista, Revolver, que ya quedó en la misma posición en 2023, pero que esta vez competía entre las siete propuestas escénicas presentadas con una obra “mucho más cerrada y unida”, describía María Dolores Padilla, quien se lamentaba de que solo podía haber un seleccionado. “Siempre es muy difícil elegir solo uno”, sentenciaba. El elenco de Revolver está conformado por Ana Arrate e Iván Gisbert, con Guillermo Amaya y Manuel Ochoa como directores de escena, Julia Blanco en el vestuario, Toni Martínez en las proyecciones de escenografía y José Antonio Pérez en la escenografía.