EL CAMPELLO. Si Rafael Altamira descansa en paz en el cementerio municipal de El Campello desde febrero del año pasado, diversas instituciones públicas dieron el lunes 25 de mayo otro gran paso para preservar y difundir su legado, tal y como planteaba el “Año Altamira”, que, promovido por el Ayuntamiento de El Campello, ha conseguido el apoyo de organismos de los más altos niveles.
La Generalitat Valenciana ha asumido formalmente la custodia de buen parte del legado del jurista español con mayor proyección internacional. La Conselleria de Educación, Cultura, Universidades y Empleo formalizó el traslado de un importante fondo documental, hasta ahora custodiado por el Instituto Jorge Juan de Alicante, al Archivo Histórico Provincial de Alicante, con el objetivo de garantizar tanto su conservación como su difusión pública, tal y como señaló su directora, María del Olmo.

Del Olmo fue la conductora del acto oficial, en el que también participaron la secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso; el director del instituto Jorge Juan, Jorge Llorca, e Ignacio Ramos Altamira, bisnieto del jurista y humanista. Especialmente invitados, acudieron el alcalde de El Campello, Juanjo Berenguer, y la concejala de Cultura, Dorian Gomis.
El fondo documental trasladado estaba a buen seguro hasta ahora en los archivos del Instituto Jorge Juan. Se trata de 84 cajas repletas de documentos, dibujos, manuscritos y parte de la correspondencia que Altamira mantuvo con diversas instituciones y personajes diversos.

De ese legado epistolar, ayer se expuso en una vitrina una carta muy especial para El Campello, fechada el 1 de enero de 1935, en la que el entonces alcalde del municipio, Vicente Payá, le comunicaba al ilustre personaje la decisión del Ayuntamiento de poner su nombre a una calle, que perdura, así como la organización y celebración de un homenaje.
Artículos, informes, proyectos, memorias, cursos, lecciones, discursos, conferencias, estudios, monografías, notas y apuntes personales forman parte también de ese legado, así como expedientes académicos y profesionales, acreditaciones, certificaciones, contratos, nombramientos, títulos y diplomas, además de placas conmemorativas y medallas, y documentación relacionada con la candidatura de Rafael Altamira al Premio Nobel de la Paz entre 1933 y 1951.

La incorporación de ese legado al Archivo Histórico Provincial de Alicante se traducirá en mayores facilidades al acceso y consulta para investigadores, especialistas e interesados en general.
Para que el ingente trabajo de Rafael Altamira en los más variados campos del conocimiento se conozca al completo en un mismo espacio, faltaría, como señaló la familia, que la Residencia de Estudiantes de Madrid abriera sus puertas de par en par para mostrar lo que custodia, que es mucho.
