ALICANTE. Todos somos opinólogos. Hasta el punto de que hay opinólogos de las opiniones de otros opinólogos. Las redes sociales han fomentado esa escalera de respuestas, porque el feedback ya no es bidireccional, se expande en muchas direcciones y origina conversaciones abiertas e incontrolables. Y eso también ha salpicado a la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl, donde se comentan casi más las reacciones que otros han tenido del show que el propio arte/espectáculo -depende de a quién le preguntes- que el puertorriqueño desarrolló en la final de la NFL el pasado domingo, 8 de febrero.
Aquí probablemente tu pensamiento ya se haya ido a un señor que interviene países y luce como un personaje de Angry Birds. No le gustó la actuación -"es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos", fueron sus palabras exactas-, pero es que no estaba diseñada para que precisamente él la disfrutara. No era el target. Y probablemente tampoco muchos de los y las estadounidenses que ocupaban una butaca del Levi's Stadium. Porque Benito cantó en castellano, sobre una cultura que les es ajena y un país que ven como su Marina d'Or.
Solo hacía falta fijarse en el público para comprobar que no les invadió el espíritu del reggaeton perreador. Ni el de la salsa o el folklore boricua. Todo muy identidad latina, en general, y puertorriqueña, en particular. Pero claro, Bad Bunny pretendió ser Caballo de Troya, porque uno de los temas que escogió interpretar fue Lo que le pasó a Hawaii, de su último disco Debí tirar más fotos. Una sacudida de hombros a EUA para gritarles mediante el canto que Puerto Rico es de los y las boricuas y que no quiere perder su identidad cultural a causa del control externo y de la gentrificación y el desplazamiento.

- Foto: Charles Baus / Zuma Press / ContactoPhoto/ EP
De hecho, una gran periodista de EFE Puerto Rico y amiga cercana, Esther Alaejos, da voz a la realidad boricua en la agencia de noticias. Y recuerdo que, cuando la visité en el país latinoamericano en 2023, me contó que la construcción de hoteles y proyectos de lujo estaba echando de sus casas a quienes habitan la isla para recibir a quienes la ven como destino vacacional.
Pero volvamos a la Super Bowl. El conejo malo parece que también quiso ser bueno y añadió a su setlist NuevaYol, una canción que tiene presente a la ciudad de la libertad y que representa a quien vive entre los dos países. También se pudieron escuchar temas de álbumes anteriores, como Tití me preguntó, Yo perreo sola, El apagón o Mónaco; acompañando a las que más presencia tuvieron, las del álbum con el que girará en España a partir de finales de mayo. De este trabajo destacan Baile Inolvidable, Café con ron, Debí tirar más fotos o Voy a llevarte pa PR.
Otra vez identidad cultural. Y es que quien obtuvo su fama con el trap, se aseguró de que su isla no solo entrara por el oído, sino también por la vista: el puesto de piraguas (una especie de granizado de fruta), el shot de pitorro (bebida alcohólica), la presencia del cuatro (guitarra tradicional), la pava (sombrero), los postes de luz (por los constantes apagones que sufre la isla) o la salsa (creo que esto no necesita explicación).

- Foto: Charles Baus / Zuma Press / ContactoPhoto/ EP
El nivel de canto en directo fue lo de menos. ¿Lo de más? Lo demás: el plano secuencia inicial, aprovechar el espacio para la crítica política, para la reivindicación cultural y para intentar hermanar los países latinos. Dar cabida a otros artistas, como la Lady Gaga más salsera y el Ricky Martin más posicionado, junto a otros invitados especiales que ejercieron el papel de disfrutones en la casita, como Karol G, Pedro Pascal, Cardi B, Jessica Alba o Young Miko.
Quizás la primera vez de un espectáculo íntegramente en español en el medio tiempo de la Super Bowl sea la última. O quizás no. Pero siempre es buena señal tener la oportunidad de las primeras veces. Y para quien piense que dársela a Bad Bunny fue un fracaso, una pregunta: ¿quién ganó el partido? Si lo sabes sin buscarlo, enhorabuena, me pongo un puntito en la boca; si no, eres del equipo de fijarse más en el halftime show. No hace falta que finjamos que nos importa la final de una competición que, probablemente, muchos de nosotros no consumimos con frecuencia.