València

EL CALLEJERO

Antonio, el meteorólogo de À Punt con dos Emmys

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Antonio pide que la entrevista no sea muy tarde. Dice que no puede acabar mucho después de las ocho y media. Y luego contará que es porque cada día se levanta a las cinco de la madrugada porque en un par de horas tiene que estar en la tele, en À Punt, hablando del día que va a hacer en la Comunitat Valenciana. Porque Antonio Sánchez es el hombre del tiempo. Un hombre del tiempo condecorado con dos Emmy logrados durante los años que trabajó en Estados Unidos.

El geógrafo y meteorólogo, de 33 años, cuenta después que esto de levantarse tan pronto no es nada comparado con el horario que tenía cuando vivía en Houston. Allí, en el Estado de Texas, el despertador sonaba a la una, cuando muchos estaban metiéndose en la cama. “Yo siempre quise ser hombre del tiempo. Siempre me ha gustado mucho la geografía y a partir de los 12 años me empecé a interesar más por las plantas y, en concreto, por las palmeras”. Eso fue después de un viaje a Canarias con sus padres. Al regresar a casa, a Teruel, aquel niño se extrañó de que en su tierra no hubiera palmeras. “Entonces me hice la pregunta de por qué no había y empecé a saber más cosas sobre el clima. A raíz de ahí me empecé a interesar por las heladas y la meteorología y todos esos temas. Me convertí en un friki”.

Su madre es de Casas Bajas, un pueblecito del Rincón de Ademuz, y parte de la familia es de València de La Marina. Y, además, para mucha gente de Teruel y de otros pueblos de Aragón, València es su ciudad grande. Su vínculo con esta tierra se acentuó cuando vino a estudiar con 18 años y poco después lo hizo su hermana. Ahora viven los dos en las Moreras, en la parte pija del castizo barrio de Nazaret. Ella es profesora de educación física y vive en el bloque de al lado. La semana anterior estuvieron de viaje para celebrar su despedida de soltera antes de una boda en la que Antonio se ha querido involucrar mucho.

  • Foto: KIKE TABERNER

Antes, en los tiempos del instituto, a Antonio le encantaba ver a Roberto Brasero hablar de borrascas y anticiclones. “Luego me fui aficionando más a la meteorología y me empezaron a gustar perfiles más técnicos en Televisión Española como Albert Barniols o Lluís Obiols. Y antes, a Mario Picazo”.

Luego vinieron la carrera y los trabajos esporádicos para pagarse los vicios en sus años de estudiante: socorrista, dependiente, cajero, camarero… "He hecho de todo. Después, ya como meteorólogo, empecé en Valencia Radio 99.9. Tenía una sección pequeña en un programa de tarde cuando estaba en Madrid estudiando el máster. Ahí hice prácticas también en Antena 3 y luego  Teruel Televisión”.

Tres años en Houston

Su primer trabajo remunerado fue en el eltiempo.es. Allí estuvo haciendo artículos durante unos meses hasta que, en febrero de 2022, entró en Canal Extremadura, en Mérida. Ahí se colocó por primera vez delante de un croma con el mapa que anuncia si va a llover o va a hacer frío. Al fin era el hombre del tiempo. Durante ese año, después de haber hecho una entrevista, subió un vídeo de lo que hacía a LinkedIn y se convirtió en un cebo que mordió Univisión en Estados Unidos. Antonio salió de Extremadura en octubre y aterrizó en Texas para empezar a dar el tiempo en castellano desde la sede de Univisión en Houston.

Lo primero que comprobó en su nuevo destino es que los fenómenos meteorológicos tenían poco que ver con los de España. La información sobre tornados y huracanes se incorporó a su día a día. “Y además es una televisión con un público muy específico, que es la población hispana. Dábamos como mucho consejo y medidas de seguridad, algo que aquí no se hace porque se limitan al pronóstico. La precaución allí es importante porque los fenómenos meteorológicos son muy peligrosos. Especialmente los tornados y los huracanes. Las tormentas allí son más bestias”.

En julio de 2024 le tocó hablar de Beryl, un huracán monstruoso, de categoría 5, que pasó por el Caribe, perdió algo de fuerza en la Península de Yucatán y el golfo de México, y llegó a Houston menos feroz, rebajado ya a categoría 1. Aunque antes había registrado vientos de hasta 270 km/h. “Fue el primero de categoría 5 que se ha formado en junio. Aquí llegó debilitado y, aún así, se llevó un toldo metálico que tenía en casa. “Y toda la ciudad inundada. Lo peor fue que se cayeron muchos postes de la luz y nos quedamos sin electricidad  la mitad de una ciudad con siete millones de habitantes. Allí las construcciones dejan mucho que desear”.

Durante esos años, este joven turolense creció como profesional en un empleo que solo le dejaba 15 días de vacaciones al año. Solo pudo hacer algunas escapadas breves a México y otros Estados. Antonio no desaprovechó la oportunidad de ver un rodeo, un acierto en un Estado como Texas. “Es impresionante. Se hace en el NGR Stadium -tiene un aforo de 72.000 localidades-. Hacen el rodeo con caballos y toros, y luego cada día, durante una semana, hacen otros espectáculos. Hay uno con ovejas que al ganador le dan una beca para la universidad. Cuando acaba el rodeo, retiran todo rápidamente y hacen un conciertazo en un escenario enorme. Yo vi a Major Lazer, pero también ha actuado Post Malone y este año va J Balvin. Siempre van artistas importantes”.

Allí estuvo tres años. De octubre de 2022 a septiembre de 2025. Tiempo suficiente para recibir dos premios Emmy, en 2024 y 2025, por su labor divulgativa. “El primero fue por un especial sobre riesgos de tiempo severo. Se hace una especie de semana de preparación y mi parte era explicar el riesgo en el mar. Yo hablaba de las corrientes de resaca, las tormentas que se acercan en el mar, de los animales… Y me metí en el agua helada, en pleno mes de marzo, con un traje de neopreno para explicar de primera mano cómo se tiene que actuar en caso de que hubiese corrientes de resaca. Como yo ya había trabajado como socorrista…”. El segundo fue por un trabajo en común sobre los huracanes que realizó con sus compañeros. “Mis padres se quedaron un poco flipados. Sobre todo con el primer Emmy”, recuerda.

Persecución a los latinos

No aguantó más de tres años. Suficiente para descubrir también las miserias de un país como Estados Unidos. “Me volví porque ya echaba de menos la forma de vivir en España. Allí todo el mundo va en coche, por ejemplo. A mí me gusta salir a la calle y pasear tranquilamente, disfrutar de nuestra gastronomía, estar con mi familia y mis amigos de siempre… Ya lo he vivido y ya está”.

Sus últimos meses, además, coincidieron con el inicio de la persecución a los inmigrantes. “Cuando yo me fui de Estados Unidos ya había empezado lo del ICE y las deportaciones.

En Houston el 50% de la población es hispanohablante, y de esos, el 20% no tiene documentación. Es duro porque ves sufrir a gente que conoces. Había persecuciones y redadas. Mi peluquero es indocumentado y sigue abriendo, pero otros cerraron sus negocios. Y mucho clientes sin papeles dejaron de ir a la peluquería por miedo a que hicieran una redada . Eso tuve un coste económico para el peluquero. Hay una gran parte de la población que vive con miedo.

  • Foto: KIKE TABERNER

Yo lo que he aprendido es que nadie se va de su país si no tiene una necesidad”.

Por eso, quizá, Antonio se emocionó, con tantos otros millones de personas en todo el mundo, por el ‘show’ de Bad Bunny en la Superbowl. “Me pareció una maravilla. Porque, además, yo he vivido mucho el reguetón. Ahora me he hecho más cercano a la cultura latina y me pareció una actuación necesaria”. Aunque allí también descubrió que a un español, quizá por su condición de europeo, lo tratan diferente que a un latino. Antonio aún recuerda el día que lo detuvieron porque era latino y que, cuando vieron su pasaporte, le dijeron: “Ah, español, ¡qué guay!”.

El 22 de septiembre acabó en Univisión y el 29 ya estaba trabajando en À Punt. Ahí surgió el reto de la lengua. Ahí, obligado a utilizar la jerga de la meteorología, dejó de valer el valenciano que aprendió de niño, en Casas Bajas, viendo ‘A la Babalà’. Ni las comidas con la familia de Benissa, Xaló o Xàbia. “Cuando vine a València a hacer el grado de Geografía, el 60% de las clases eran en valenciano, y la mayoría de mis compañeros hablaban en valenciano. Pero me faltaba terminar de aprenderlo bien, sobre todo el lenguaje técnico de la meteorología. Los lingüistas me han ayudado muchísimo y me hacen correcciones. Aún me queda, pero ahí voy”.

De Houston se volvió también con un marido que sigue en esta ciudad texana hasta que pueda mudarse, como mínimo, a Europa. Su chico es de Alburquerque, del Estado de Nuevo México, pero se conocieron en Houston. Allí le sorprendió la dana. Aunque lo de sorprender es un decir… “Yo creo que esos días estaban todos los datos ahí. Pero si yo hice un vídeo desde Estados Unidos tres días antes diciendo lo que iba a pasar. Y Aemet creo que puso los avisos rojos un poco tarde, pero, aun así, creo que se hizo con tiempo, a las ocho de la mañana. Otro problema es que la gente no se lo tomó en serio. Llovió una cantidad enorme de agua. Se veía que iba a caer muchísima agua, pero no tanta. La historia es que durante toda la tarde se iba viendo lo que estaba pasando, que se iban llenando los caudales de todos los ríos y todas las ramblas. Se podría haber hecho mejor. Y debería existir un plan de evacuación, como hacen en Estados Unidos”.

  • Foto: KIKE TABERNER

Antonio se queda descolocado ante la pregunta de si algo así volverá a pasar. Se queda unos segundos en silencio y luego responde. “Ostras, no sé si volverá a pasar. Espero que no. Danas siempre va a haber, dónde es lo que cambia todo; ojalá no caiga donde cayó la otra vez. Hay zonas que están mejor preparadas que otras. Estamos en un contexto de cambio climático en el que el Mediterráneo cada vez está más caliente y quizá no en cinco años, ni en diez, pero es posible que vuelva a ocurrir.

El meteorólogo mira el reloj  se despide. Ahora subirá a casa, se pegará una ducha, pondrá una luz tenue y encenderá unas velas. Luego dejará el móvil y cogerá el libro. Se acabaron las pantallas. A las nueve y media, o a las diez, como mucho, se irá a dormir. A las seis sonará el despertador y a las 7:25 estará delante de la cámara informando de que se espera otro día con viento.

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