entrevista

Música experimental con un piano de juguete: el caso de Víctor Trescolí Sanz

El músico valenciano publica 'A: Toy', un EP con cuatro canciones con el que avanza en su investigación sobre las posibilidades sonoras de estos pequeños instrumentos

24/12/2020 - 

VALÈNCIA. “A pobres herramientas, grandes habilidades”. El pianista valenciano Víctor Trescolí Sanz hace suya esta frase de Marcel Duchamp, que define muy bien su relación con el piano de juguete. Él, músico de formación clásica y profesor del Conservatorio Superior de Música de València, disfruta con las limitaciones que imponen estos pequeños instrumentos, que no suelen sobrepasar los 50 centímetros de ancho ni tener un registro de más de tres octavas. Desde hace ocho años, Trescolí ha dedicado su carrera creativa a dignificar el toy piano. Lo hace de dos maneras: catalogando e interpretando el repertorio compuesto para este instrumento en el pasado, y componiendo él mismo piezas originales. Su última aportación es un EP de cuatro canciones -A: Toy- publicado hace unas semanas en formato digital.

“Todo empezó como una válvula de escape -explica Trescolí-. Yo estaban en Ámsterdam, estudiando un máster y esforzándome muchísimo. En esos sitios se estudia con mucha intensidad y con mucha proyección. Pero, en un momento dado, me di cuenta de que necesitaba un poco de aire. Me dije que necesitaba hacer cosas nuevas. En 2010 compré un piano de juguete, y surgió chispa. Me sorprendió comprobar que se podían hacer más cosas de lo que pensaba. Me puse a investigar y descubrí que, además, en ese momento había en el mundo bastantes músicos componiendo obras para ese instrumento. Una vez regresé a España, me matriculé en un máster en la Universidad Politécnica de València. El trabajo de investigación lo dediqué al estudio sobre la historia, interpretación y repertorio del toy piano. Recopilé todo lo que se había escrito hasta ese momento. Y, casualmente, el interés en todo el mundo no ha parado de crecer. Desde 2012 aproximadamente hay una súper explosión de compositores, algunos bastante conocidos, interesados en este instrumento. Desde luego, no todo lo que aparece es bueno, pero sí muchas cosas”.

¿A qué se debe está fascinación? “Con un piano grande puedes hacer lo que quieras, pero es un instrumento con tanto bagaje histórico, que de alguna forma es un atrevimiento pensar que puedes aportar algo nuevo desde el punto de vista de la composición. Sin embargo, la posibilidad de jugar con la limitaciones de un piano de juguete abre una ventana a un mundo nuevo. El reto está en exprimir todo su potencial. Y te aseguro que la gente que asiste por primera vez a un concierto de toy piano alucina con todos los sonidos que salen de algo tan pequeño. Además es muy versátil; por ejemplo, es muy fácil de modular electrónicamente. Para mí, su principal aportación es el impacto que tiene tanto visual, como auditivo. Es una pequeña escultura sonora, que siempre abre puertas a lo inesperado”.

Víctor Trescolí se siente igual de cómodo delante de un piano de cola en el Palau de la Música, que colaborando con Dani Miquel creando música para niños, o sentado en el suelo y golpeando su pequeño piano delante de diez personas en un centro cultural underground como Nvcli o Pluton. No es un disidente del repertorio tradicional del piano, si bien ha encontrado una voz propia en el terreno del arte sonoro. De hecho, las cuatro canciones que componen A:Toy muestran una faceta mucho más accesible que otras obras que ha escrito para piano de juguete, como States (Audioatalaia, 2018). Este último es un LP más experimental, en el que integraba grabaciones de campo para imitar sonidos de la naturaleza.

En su discografía destaca también Sons Petits (Gadgad, 2013) -un trabajo ecléctico con el que se aventuró a escribir música propia por primera vez-, así como el proyecto monográfico sobre el compositor austríaco Karlheinz Essl, realizado en 2012 bajo el auspicio de la UPV, con obras para piano, toy piano y live-electronics. “En Sons Petits quise jugar con la dualidad del payaso, que es un personaje que a unas personas les resulta divertido y a otras tétrico. De forma similar, el sonido del piano de juguete puede sonar alegre o perturbador. Depende de quien lo escuche”, apunta.

John Cage prendió la mecha

Los pianos de juguete comenzaron a fabricarse en 1872, pero no fue hasta mediados del siglo XX cuando pasaron a tomarse en serio. El punto de inflexión lo puso John Cage en 1948 con su Suite for Toy Piano. El músico norteamericano -que en aquella época formaba parte de la mítica escuela de arte experimental Black Mountain College- escribió esta pieza para un ballet de su compañero Merce Cunningham titulado A Diversion. Era un piano de dos octavas que solo tenía teclas blancas.

En su continua búsqueda de nuevos sonidos y formas de derribar conceptos trasnochados de lo que es música y lo que no lo es, Cage había experimentado anteriormente con pianos preparados. Three dances, Book of Music for two prepared piano y Sonatas e Interludes son algunos de los ejemplos de esta línea de investigación. Su siguiente foco de interés fue el de encontrar sonidos nuevos, pero en instrumentos originales, no modificados, y más simples. Y resultó -eso dicen- que vio por casualidad un piano de juguete en el escaparate de una tienda. “Cage había regresado hace poco de Viena, donde Schönberg le había dicho que nunca llegaría a ser un compositor interesante -explica Víctor-. Y luego, ya ves… yo creo que hoy a Cage se le conoce más que a él, dependiendo del círculo estético del que vengas”.

La influencia de Cage en la evolución del toy piano fue importante. Algunas obras del compositor de vanguardia George Crumb (Charleston, Estados Unidos, 1929) o las del argentino Mauricio Kagel (1931-2008) son ejemplos de ello. En 2007, Philys Chen creó un concurso de composición llamado UnCaged Toy Piano para promover la construcción de un nuevo repertorio contemporáneo adaptado a este instrumento. Además, músicos de renombre como los franceses Yann Tiersen y Pascal Comelade o la compositora de Singapur y residente en Nueva York Margaret Leng Tan han contribuido a consolidar la reputación de los pianos de juguete en todo el mundo, y para audiencias cada vez más amplias.

“Aunque parezca raro, si tengo que pensar en mis referentes más claros ahora mismo, estos no son necesariamente compositores de toy piano -señala Víctor-. Nombraría más bien a músicos que hacen música postminimalista como Nils Frahm y Hania Rani. En cualquier caso, soy una persona muy abierta musicalmente, y bebo tanto del romanticismo como de la música ambient electrónica”.

Un Michelsonne de los años ochenta

Compuesto durante los meses de confinamiento -de ahí los títulos de las canciones: “Pasará”, “Quedará”, “Continuará” y “Shhhh”-, A: Toy es un disco vivaz y con cierto espíritu pop, marcado por un timbre muy determinado. Esto se debe a que su autor ha utilizado un solo piano, mientras que en otros trabajos, como Sons Petits, ha requerido de cuatro o cinco distintos.

“En un piano normal puedes generar una variedad inmensa de sonidos, pero evidentemente en uno de juguete tienes mucho menos margen. Un concierto con un solo toy piano puede resultar un poco monótono, así que normalmente utilizo de dos a cinco distintos. En este último disco he utilizado mi favorito, un modelo de la marca francesa Michelsonne que dejó de construirse en los años ochenta, y que tiene un sonido muy característico. ¡Te sorprenderías al ver la cantidad de tráfico de pianos de juguete antiguos que hay ahora miso en el mercado de segunda mano!”.