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de modas

Los diseñadores de la antigua URSS revolucionan el mundo del lujo

Son de Georgia, Rusia o Ucrania, se trata de un grupo de diseñadores y estilistas de la era post-soviética que se ha instalado en París y está revolucionando el mundo de la moda con su estética underground. Moda inspirada en el comunismo y la contracultura pero a precios de lujo

3/01/2017 - 

Del “telón de acero” y la Guerra Fría a las pasarelas

Vivieron su infancia tras el “telón de acero”,  pasaron la adolescencia mientras la URSS desaparecía y alguno de ellos tuvo que huir con su familia por una guerra civil. Han vivido en primera persona el cambio de la Guerra Fría a la cultura occidental capitalista y de masas que en los 90s vestía con ropa deportiva, formaba parte del movimiento skate, el hip-hop o la oleada techno.

 Este cóctel de influencias ha convertido la moda de un grupo de diseñadores de la antigua Unión Soviética en una revolución dentro del mundo del lujo. Son de Georgia como Demna Gvasalia, rusos como la estilista Lotta Volkova o ucranianos como el diseñador y fotógrafo, Gosha Rubchinskiy. Todos ellos abandonaron la antigua URSS para instalarse en París y son el torbellino de estética underground que azota desde hace unos meses la industria del lujo donde el cirílico y las prendas sencillas, deportivas y al límite del buen gusto dinamitan lo establecido en la capital de la moda y la elegancia. 

Demna Gvasalia, Lotta Volkova y Gosha Rubchinskiy son quizás el mejor ejemplo de los diseñadores y estilistas de la era post-soviética que se ha instalado en París y está revolucionando el mundo de la moda.

Demna Gvasalia

Este georgiano nacido en la zona noroccidental de Abjasia en una familia numerosa, ha sido el responsable del éxito de la firma -mejor dicho, colectivo- Vetements. De ser casi una completa desconocida, esta firma que se caracteriza por prendas lisas, sencillas y con mensaje se ha convertido en una de las más buscadas y codiciadas. Los precios de algunas de sus prendas se han multiplicado hasta por 10 en venta online ya que se producen en un número muy limitado. 

 

Desfiles en bares gays o restaurantes chinos de barrios poco recomendables, modelos de físicos dispares y alejados de los cánones de belleza habituales, añaden un plus a la irreverencia de la firma que se convirtió en el pasado 2016 en una de las que más atención atrajo en el sector. 

Ahora Demna es el Director Creativo de Balenciaga y aporta su visión transgresora a una de las firmas con más historia del mundo de la moda y parece que tiene la intención de agitar sus cimientos hasta donde le permitan. Esperemos que no acabe desplomándola.

Lotta Volkova


Lotta es estilista y ha trabajado con Demna Gvasalia para crear los looks de Vetements y ahora también, de Balenciaga. A ella se debe el éxito inesperado de la camiseta presentada por Vetements con el logotipo de la empresa de mensajería DHL. 

 

Es rusa, nacida en Vladivostok en 1984 y una de las mayores artífices de que el estilo postsoviético haya conquistado la moda desde sus editoriales para revistas tan influyentes como Dazed, Vogue o Purple Magazine. Aires punk y techno con prendas rotundas, unisex, sencillas que rozan la brutalidad y el buen gusto, son las claves del trabajo de Volkova.

Gosha Rubchinskiy


Nacido en Moscú, el diseñador y fotógrafo estudió en el Colegio de Tecnología y Diseño de la ciudad y, tras el lanzamiento de su marca masculina ГОША РУБЧИНСКИЙ en 2008, ha ganado la atención del mundo de la moda por inspirarse y documentar la cultura juvenil de Rusia.
Con Comme des Garçons como referente, su firma combina la moda masculina de gama alta y la streetwear. 

 

La influencia de la era comunista en sus creaciones es clara, se inspira en la equipación deportiva incluyendo banderas de la antigua URSS, de la actual Rusia así como frases escritas en cirílico. Las líneas son austeras y algo vintage con mucho de la década de los 80 y 90s. Sus ropa es una clara representación del choque entre el estilo del Bloque del Este y la moda occidental. En su trabajo como fotógrafo destacan fotografías sin artificio y algo crudas que retratan la juventud rusa de la era post-soviética.

Estilo postcapitalista y contracultura

Todo comenzó en 2014 y esto, hablando de moda, supone casi una eternidad. Al principio, las siluetas y la ropa se inspiraron en el estilo de los jóvenes que acudían al templo del techno Berghain, en Berlín, una de las discotecas más famosas del mundo. Mezclaron esa inspiración con la moda deportiva que no aspiraba a nada, es decir, aquella que más se alejaba de las connotaciones del sport americano, ropa deportiva que no busca ganar ninguna medalla ni se identifica por un gran logo. Ropa deportiva alejada del capitalismo, inspirada en la calle y en la estética de los suburbios.

 
Demna, Gosha y otros diseñadores se han dejado influir principalmente en la década de los 90 buscando referencias en las minorías, los movimientos contraculturales y la calle llevando su estética al límite del buen gusto. Sin embargo, ninguno de estos diseñadores considera que su moda sea “antisistema”, sino que utilizan el sistema para expresarse a su manera.
Su manera es apostando por estilismos que parecen alejarse de la moda, utilizando un casting de modelos de físicos singulares y localizando sus desfiles en sitios inesperados y políticamente incorrectos. Han conseguido la atención de los medios de comunicación y de la industria con su ropa básica que continúa el espíritu de la antimoda de los 90 pero, paradójicamente, formando parte del sistema y siendo un movimiento de moda que se nutre de referencias inmediatas que resuenan  en las redes sociales.

Actitud underground, precios de lujo 

La actitud underground y las prendas sencillas como sudaderas o impermeables se venden a precios de prendas de lujo. Estos diseñadores son libres en su concepto y también libres para hacer dinero sin dejar de ser independientes. Y cuando llama a la puerta de uno de ellos una gran casa de moda como Balenciaga, es el caso de Demna Gvasalia, aceptan el reto con la mayor seriedad. La arriesgada apuesta de la firma francesa no tiene precedentes.

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