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SIN COMPLEJOS / OPINIÓN

Lo que la vacuna no curará

16/11/2020 - 

VALÈNCIA. Hemos recibido con algarabía el anuncio de la farmacéutica Pfizer de que su vacuna contra la covid-19 es efectiva en un 90% y que, si las autoridades lo permiten, en unos meses podría comenzar a distribuirse. De hecho, la Unión Europea ya ha pronosticado que estará preparada para comenzar a distribuirla a la población en el primer trimestre de 2021 y algunos virólogos se atreven a afirmar que volveremos a la ‘normal normalidad’ a lo largo del primer semestre del año que viene.

No es para menos la respuesta que se ha dado desde todos los lugares, desde las bolsas hasta la población en general. En un año dramático, donde unas 55.000 personas han fallecido en España y miles de personas han cerrado sus negocios o han perdido su empleo, es justo que nos permitamos un motivo para la esperanza. Todavía quedan muchos meses por delante, en los que tenemos que mantener la responsabilidad y seguir las precauciones debidas, pero los españoles necesitábamos algún motivo para confiar en el futuro.

No me gusta ser la aguafiestas de turno pero, igual que la Conselleria de Sanidad continúa aumentando las restricciones progresivamente porque la pandemia aún no se ha ido, el resto de administraciones tampoco pueden bajar los brazos. Lo que sí seguro que ya sabemos es que de aquí no salimos más fuertes a pesar de la propaganda del Gobierno. Estamos magullados, heridos, desilusionados y cansados como sociedad. Es nuestra obligación advertirlo para que nadie lance ya las campanas al vuelo.

A pesar de las alentadoras noticias, aún no ha cambiado nada. Los retos que enfrentamos nos esperan en los próximos años, tal ha sido la magnitud de la tragedia que estamos pasando. Igual que los llamamientos a mantenerse cauto respecto a la distancia social y la higiene, lanzo yo otro hacia la necesidad de no caer en la autocomplacencia. Con más de un millar de muertos sería cínico hacerlo.

La prioridad debe ser la recuperación económica. Y cuanto antes, mejor. Hemos pasado meses sin que la Generalitat Valenciana pudiera diseñar un programa de ayudas directas y efectivas a empresas, negocios, comercios y autónomos; el sector hostelero y turístico está en liquidación y los sanitarios hastiados después de tanta presión asistencial. 

Pero parece que en los despachos no entra el grito de la calle. Parecen cerrados a cal y canto. Sus inquilinos están atrincherados no sea que soplen por la ventana los vientos de cambio que ya se dejan ver por España y la Comunitat Valenciana. Su prioridad no es encontrar trabajo para los desempleados, sino no perder el propio.

No se entiende de otra forma los espectáculos que vemos todos los días de un Consell dividido en tres partes, con una vicepresidenta que parece que hayan ido a ‘La Isla de las Tentaciones’ y tenga un ataque de cuernos porque el presidente ha encontrado nueva pareja en un joven efebo de tono anaranjado. Al que falta del trío ni está ni se le espera, ni en el gobierno ni en su propio partido.

La ‘batalla de los 21 millones’, aplazada al próximo año pero de ninguna forma terminada, es este ejercicio de egoísmo aislacionista que ha sido el Botànic en toda su nefasta andadura. Estas actitudes nos las cambiará ninguna vacuna, aunque igual la deberían de inventar. Es muy difícil que quien ha utilizado las desgracias ajenas solo para beneficio propio pueda cambiar por muy grande que sea del drama que tiene delante, como le sucede a los miembros del Gobierno valenciano. El neodespotismo ilustrado instalado en la izquierda nacional es una enfermedad incurable.

A quienes nos han escupido la mano que les hemos tendido lo tenemos muy claro. Pero no ofende quien quiere, sino quien puede y no lo van a conseguir. Hemos hecho todo lo que las circunstancias y la conciencia nos han obligado, y lo seguiremos haciendo. Es nuestro deber con una sociedad valenciana que se levantará, con ayuda o sin ella aunque tarde más. Ahora está enferma, pero todo tiene solución. La vacuna llegará dentro de dos años y medio en forma de miles de votos que hablarán lo que ahora chillan por las calles. Que algunos vayan preparando los culetes.

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