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Hoy es 24 de agosto y se habla de benidorm baleària alicante supersano POLOP DE LA MARINA

En el caso de Silicon Valley, la clave está en la Universidad  

El impacto del ecosistema en el éxito de una 'startup'

Foto de recurso: Startups & Investors Connect, celebrado en València
17/09/2018 - 

VALÈNCIA. “¿Sabes cuál es, según empresas como Facebook, Airbnb, Didi Chuxing o Blablacar, uno de los factores que mayor impacto tuvo en su éxito? No, no es la financiación, es el ecosistema”.  Esta  frase se extrae de la web de la Asociación Valenciana de Startups y es que la base que impulsa a la comunidad startup es esencial. 

Por ecosistema puede entenderse todo el ambiente que rodea a un emprendedor y su capacidad para impulsar u obstaculizar el desarrollo de sus proyectos. Dentro del mismo se incluyen numerosos actores, desde los emprendedores, hasta las instituciones públicas y privadas, inversores, centros de investigación, incubadoras y aceleradoras, medios de comunicación o la misma sociedad, entre otros. 

Decir cuál de los actores mencionados juega un papel más determinante en el ambiente emprendedor es complicado, pero son varios los expertos que apuntan a la Universidad como motor principal. Al menos esa es la opinión de Diego Moya, CEO de entrenar.me y tesorero en la Asociación Valenciana de Startups, quien ha tenido ocasión de conocer de primera mano ecosistemas como el de Silicon Valley, Nueva York, Suecia o Helsinky. De la comparativa, se queda con el de Silicon Valley, en California, donde resalta el papel fundamental que juegan las universidades de Stanford y Berkeley en esta materia. De sus aulas han salido los fundadores de Instagram, Google o el CEO de Microsoft, además de 81 galardonados -en Stanford- con el Premio Nobel.

Pero cuando uno se interesa por averiguar cuáles son las causas que hacen de Stanford mejor que otras universidades, la respuesta la encuentran sus responsables en la innovación de sus planes educativos y en el profesorado, todo ello orientado al mercado. Esa falta de adecuación de la oferta docente a las necesidades reales de la empresa es la que echa de menos Ignacio Santamartina, director del Master de Emprendeduría e Innovación en la EAE Business School. Se refiere, sobre todo, al déficit actual de programadores o ingenieros informáticos cuyos servicios requieren la mayor parte de empresas de nueva creación. “Hay proyectos que no progresan porque no encuentran o no pueden contratar estos perfiles”, declara. Santamartina defiende también que debería fomentarse la formación empresarial en todos los planes de estudios, aunque sea de manera transversal, porque, “ese va a ser el mundo en el que nos movamos, sea por cuenta propia o ajena, pero todos deberíamos saber, al menos en la base, cómo funciona una empresa”.

La conexión

Además de la formación, existen otros factores que influyen en el fortalecimiento de la comunidad emprendedora. En Endeavor, organización global de apoyo al emprendimiento de alto impacto, consideran que un ecosistema fuerte es aquel  “en el que hay emprendedores dispuestos a compartir su experiencia y conocimiento con los demás. Esto genera un efecto de red virtuoso para todos los miembros del ecosistema, en especial para aquellos con menos experiencia o con proyectos en etapas más iniciales, ya que pueden acudir a la red para buscar todo tipo de apoyo: mentores, inversores, instituciones, etc. Un ecosistema fuerte es aquel en el que sus miembros están bien conectados entre sí y así logran que el total sea mucho más que la suma de todas las partes”, afirman.

La otra diferencia que observa Moya para distinguir entre un contexto robusto y otro débil es la disponibilidad de recursos económicos para abordar planteamientos globales. “Aquí parece que seguimos preocupándonos cada uno por nuestro barrio, con una mentalidad local”. También María González Picatoste, Community Engagement Manager de Endeavor, opina que “no se puede hablar de un ecosistema a nivel España, sino por ciudades”, pero no le parece un problema que así sea dado que cada cual tiene sus limitaciones y su propia idiosincrasia. “Son las ciudades donde se generan y prosperan los núcleos de emprendimiento. Y en ese sentido, los diferentes ecosistemas en España están avanzando y creciendo rápidamente, en especial Barcelona, Madrid y Valencia”, dice.

Otra tendencia incipiente que observa Santamartina es la clusterización, es decir, la agrupación de startups y empresas de un mismo sector o región en busca de colaboración estratégica. El fenómeno se da también a escala global con ciudades como Londres, con cada vez más presencia de emprendedores Fintech, o ciudades como Phoenix y Pittsburgh, fuertes en el desarrollo del vehículo autónomo.

El rol de las administraciones

Pero en la receta del éxito no hay un solo ingrediente protagonista, exige un entorno sólido en el que cada parte cumpla su rol con eficacia. En el que compete a las Administraciones, y aun sabiendo, como dice Moya, que “los ecosistemas no se crean sólo gracias a la iniciativa pública”, todas las fuentes consultadas reconocen la mejora y el esfuerzo realizado en materia de infraestructura y centros de formación y apoyo al emprendimiento. Pero en Endeavor añoran, a nivel país, mayor “esfuerzo por parte del Gobierno nacional a la hora de apoyar a estas empresas, sobre todo a las que están desarrollando proyectos con un alto componente innovador o las que están encargándose de dar salida a proyectos de investigación universitaria que no pudieron crecer dentro del ámbito que las vio nacer por falta de políticas claras y homogéneas sobre la transferencia tecnológica”. 

La otra carencia que detecta esta organización es la equidad de géneros, con un predominio claro de hombres emprendedores y al frente de las compañías. “En la lista de tareas a nivel país creemos que está el de ser capaces de empoderar a las mujeres desde niñas para que no descarten convertirse en fundadoras, CEOs y líderes”, dicen. Una carencia que tampoco parece exclusiva de nuestro país si se tiene en cuenta que también en el ecosistema mundial de referencia, el de Silicon Valley, las empresas fundadas por mujeres recibieron apenas el 2% del total de los fondos otorgados, según un artículo de The Economist.

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