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MEMORIAS DE ANTICUARIO

Dichos y jerga en las Antigüedades y el coleccionismo

15/07/2018 - 

VALÈNCIA. Después de un artículo serio, por reivindicativo, del pasado domingo nos vamos a poner más ligeros, puesto que el verano no es tiempo de sofocones. Como cualquier gremio, también el del arte y más si cabe el de los anticuarios es un mundo con sus anécdotas, de las que hablaremos en otro momento, y también sus chistes, dichos y su jerga.

Existe un chiste que conoce mucha gente de la profesión porque nos identificamos bastante con el mismo. Los protagonistas son dos anticuarios y una talla. Uno de ellos camina por la calle con una antigua talla de una Virgen bajo el brazo, que acaba de adquirir, un compañero de profesión al ver la pieza le pide precio y tras una negociación se la compra. Pasado un tiempo el primero ve, de nuevo, la Virgen en el escaparate de la tienda del segundo y le entran ganas de recuperarla. Dicho y hecho, le paga una diferencia y la acaba recuperando. Pasadas varias semanas el despojado siente morriña por la susodicha Virgen y se la vuelve a comprar al primero, logrando que la pieza incremente paulatinamente el precio, fruto de las sucesivas transacciones. Esta operación se produce en varias ocasiones más, entre nuestros dos protagonistas, hasta que un día en un despiste la talla cae al suelo, en medio de ambos y se parte en varios pedazos, a lo que uno de los dos anticuarios exclama: “ché! con lo bien que nos estábamos ganando la vida…!”.

Cuadro de Antonello di Messina “Cristo sostenido por un ángel” hoy en el Museo del Prado 

Dichos

Algunos dichos son también conocidos por quienes nos dedicamos a esto y también por los coleccionistas. Así a botepronto se me ocurren unos cuantos:
“No hay cobre bueno ni tabla mala”.

Un dicho bastante antiguo, que es realmente absurdo, al simplificar el hecho de que, antiguamente, se pensaba que el tamaño importaba y por tanto que los encargos de retablos de iglesia los llevaban a cabo importantes artistas y las obras pequeñas sobre cobre, pintores de tercera. Una creencia creencia que, con el tiempo, no hace falta ser un especialista para darnos cuenta que está alejada de la realidad. Hay maravillosos cobres firmados por Rubens y grandes retablos realizados por un artista local de poca entidad.

“Cuando estás en la galería no pasa nada, cuando te marchas pasa el cliente de tu vida”.

 Como explica el anticuario de Barcelona Artur Ramón en su recomendable libro “Nada es bello sin el azar” (Ed. Elba), existe una ley de Murphy por la cual tras una tarde aburrida en la que saliste de la galería media hora para hacer una gestión, fue durante ese preciso laspso de tiempo cuando pasó un cliente que o bien venía con clara intención de adquirir algo importante que tenías, o lo que traía, para vender, era una obra importante, incluso muy importante, para vender. Lo cuenta a colación de una historia que le sucedió a un anticuario de Madrid que dejó la tienda un pare de horas, a cargo de su mujer, que no se dedicaba al negocio, para ir a ver unas tallas que le habían ofrecido. En el ínterin una mujer entró en la galería y le ofreció a la esposa del anticuario una tabla del Quattrocento italiano por quinientas mil pesetas. La mujer le dijo que no podía tomar la decisión de adquirir el cuadro (y los móviles todavía no existían para avisar a su marido). Cuando le contó lo sucedido, el anticuario, intrigado, hizo averiguaciones sobre la pieza, resultando ser una obra maestra. Ni más ni menos que un Antonello di Messina que, finalmente, fue vendido al Museo del Prado. Al menos podemos disfrutarlo todos.

 Plato de engaño de Alcora, siglo XVIII

“El anticuario es un comerciante que empieza con una silla y mil pesetas y acaba con mil sillas y una peseta”

Los dichos son exageraciones pero que de alguna forma reflejan cierta realidad. El anticuario además de llevar un coleccionista dentro, en cierta medida, frustrado, es difícil que se resista a adquiri aquello que le ofrecen siempre y cuando le guste y pueda permitirse la inversión. Muchas veces se ve rodeado de algunos de sus errores (aquel mueble del que se enamoró, pero poco comercial, aquella otra pieza para la que sólo tenía un cliente que nunca más volvió…).

“Mueble medido, mueble no vendido”

Se trata de un dicho que encierra una premonición que, curiosamente, se cumple en la casi totalidad de los casos. Si el cliente pide que le midan el mueble para comprobar cuando llegue a su casa si cabe en el lugar reservado, sucede que no se suele saber más del posible comprador. De ahí que cuando durante ese impasse de duda se escucha la fatídica pregunta ¿me apunta las medidas?, ya se sabe que esa cómoda, espejo o escritorio no saldrá rumbo a casa del cliente. 

Plato del siglo XVIII de Manises, llamado del “Pardalot”

Pequeño glosario de términos equívocos

Los anticuarios y coleccionistas utilizan el lenguaje común para emplearlo como símil y darle un significado aplicable a su profesión, lo cual en más de un caso puede llevar a equívoco para quien no esté familiarizado con este mundo. Es ni más ni menos que una jerga y como la empleamos con bastante habitualidad, escribo tal como me vienen a la cabeza algunas de estas acepciones que, como tales, no suelen venir en el diccionario de la RAE.

Una Boda. Aplicable este término generalmente al mundo del mueble, se trata de una boda cuando siendo una pieza, a priori antigua, su configuración actual es el resultado de eliminar, añadir o sustituir elementos del mueble original. Imaginen una mesa de escritorio española del siglo XVII que tenía muy deterioradas las patas y que fueron cambiadas en su momento, quizás hace más de un siglo, por otras de otra mesa que se hallaban en buenas condiciones. Cuando un mueble es una boda su valor económico desciende sensiblemente.

Encontrarse un pelo en un plato. Decimos que tiene un pelo un plato de cerámica cuando puede observarse una rotura que recorre parte del plato pero que no ha producido la separación en varias partes. La apariencia es como si hubiera un cabello sobre el plato sin que la pieza se haya llegado a separar.

Este plato es de engaño. No salimos del mundo de la cerámica. Se trata de un tipo de plato también comida que suele ser fruta o bien vegetales realizados con tal nivel de destreza que parecen reales, sin embargo, son también de cerámica policromada y forman parte del propio plato. Es lo que llamamos,  trampantojo.

Papelera para guardar, no para tirar. Cuando decimos que hemos comprado una “papelera valenciana” no nos referimos a un objeto con un hueco, fabricado en valencia, destinado a depositar los desperdicios. La papelera era un tipo de escritorio y a la vez cómoda que en el siglo XVIII fue habitual en Valéncia y Cataluña, donde se le llama más comúnmente “canterano”, aunque también se fabricaron en Italia. Las papeleras, al igual que otros muebles como los bargueños tienen en ocasiones “secretos” que vienen a ser cajones ocultos dentro de otros que se empleaban para guardar documentos, joyas o dinero.

“Cap i pota” Una talla de un Santo o una Virgen “cap i pota”, como el nombre indica es aquella que está únicamente tallada la cabeza, las manos y los pies (y no siempre). El resto es un armazón de madera, que no se ve, al estar cubierto por las ropas. Fue habitual a finales del siglo XVIII y el siglo XIX cuando las tallas empiezan a vestirse con ropas de tela.

En el mundo de la cerámica donde los motivos son recurrentes y a su vez de una enorme variedad, siendo, además un mundo de mucho coleccionismo donde la jerga se ha ido imponiendo. Las pometas son uno de los azulejos más característicos del siglo XVIII y su nombre viene por el motivo decorativo. Según el motivo de los azulejos góticos valencianos a unos se les llama “Escarabajo”, a otros “el pensamiento”, otros son “volaorets” o de “las tibias”. En los platos de reflejo está el popular “pardalot” o el de “tetón”.

Azulejo gótico “de tibias"

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