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opinión

Cuanto más tarde Italia de cambiar de táctica, mayor será el daño a su economía

El mayor riesgo para el crecimiento económico de Italia es que la alta rentabilidad a vencimiento exigida a la deuda de su gobierno se extienda a los tipos de interés reales de los préstamos

16/11/2018 - 

MADRID. El Gobierno italiano Italia, en su la carta a la Comisión Europea del 13 de noviembre, ha confirmado una previsión de déficit presupuestario del 2,4% del PIB y previsión de crecimiento real del 1,5% para 2019. Roma sólo ha hecho pequeñas concesiones a la demanda de revisar su plan fiscal de Bruselas. Se ha comprometido a aumentar sus esfuerzos de privatización un 1% del PIB y dado a entender que introducirá de cláusulas de seguridad si el déficit se dispara.

El balón está en el tejado de la Comisión Europea y la cuestión es cómo reaccionará, pues, aunque la respuesta de Italia es un pequeño paso en la dirección correcta, probablemente no sea suficiente, pues el plan presupuestario original del gobierno italiano, rechazado por la Comisión en octubre, permanece inalterado. Así que la Comisión tiene que decidir si promueve un procedimiento de déficit excesivo.  

La Comisión estima que con el presupuesto presentado el déficit en Italia en 2019, será muy cercano al 3% sobre PIB, el máximo en virtud del Pacto Europeo de Estabilidad. Así que se justifica la puesta en marcha del procedimiento. A más tardar el 30 de noviembre la Comisión emitirá dictamen final. Si concluye que existe riesgo serio de que no se cumplan con las normas europeas, puede elaborar un informe TFUE por el artículo 126 con la evaluación de si el inicio de procedimiento se justifica.


El nuevo informe puede publicarse desde el 21 de noviembre, cuando los comisionados europeos se reúnen para debatir los planes presupuestarios de los países de la UE. Si se lanza el procedimiento Italia deberá adoptar un conjunto de recomendaciones en tres a seis meses.  Puede ser sancionada si no se reduce el déficit de acuerdo con las recomendaciones. Ello no ha sucedido antes en un país de la euro zona. Pero en principio puede imponerse gradualmente, comenzando con un depósito equivalente al 0,2% del PIB, que se convertiría en multa si no se cumplen las recomendaciones de déficit. 

La Comisión puede imponer esa parte fija de 0,2% del PIB (3.500 millones de euros en Italia) más una variable, para un máximo de 0,5% del PIB anual. Además puede sugerir que se suspendan los compromisos o pagos de fondos estructurales y de inversión europeos a Italia (a quien se ha asignado 42.700 millones de euros para 2014-2020).  Además puede haber sanciones inmediatas (pero no automáticas) a petición de la Comisión una vez que se inicie el procedimiento.

Una situación compleja e incierta

El caso es que la combinación de política nacional y europea hace la situación muy compleja e incierta y un compromiso no será tarea fácil. Como la Comisión Europea carece de medios para obligar al Gobierno italiano, los mercados, encuestas de opinión y factores económicos pueden marcar la diferencia. De hecho la presión de los mercados dependerá en gran medida de cómo responda el Gobierno italiano. Nuestro escenario central es que las tensiones duren más allá de la aprobación de presupuesto por el Parlamento italiano a finales de este año. Así que es previsible que se den picos de volatilidad recurrentes en los mercados, con deterioro de condiciones financieras (como mucho estabilización), aunque contagio limitado a otros mercados de deuda soberana de países periféricos de la euro zona.  

El mayor riesgo para el crecimiento económico de Italia es que la alta rentabilidad a vencimiento exigida a la deuda de su gobierno se extienda a los tipos de interés reales de los préstamos. En este sentido, cuanto más tarde este gobierno en cambiar de táctica, mayor el riesgo de daño significativo a su economía, que ya está debilitándose. La última encuesta de préstamos bancarios del BCE ya muestra endurecimiento crediticio en Italia.  Su economía se estancó el tercer trimestre y es ya 5% menor que antes de la crisis financiera de 2008. Además el cuarto trimestre puede ser más débil. Así que la relajación fiscal de Italia, más allá de la confrontación con Bruselas, puede llegar a ser contraproducente para su crecimiento económico.

Nadia Gharbi es economista de Pictet WM

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