autor de 'un buen tío', crónica sobre el 'caso de los trajes' y francisco camps

Arcadi Espada: "Camps hizo muy bien en mantener a Blasco cuando fue denunciado"

3/03/2018 - 

VALÈNCIA. El periodista Arcadi Espada (Barcelona, 1957) tiene el convencimiento de que Francisco Camps es un político inteligente, trabajador y honrado, el mejor gobernante que pueden recordar los valencianos vivos, además de un buen tío. Un buen tío (editorial Ariel) es el título del libro que ha publicado para criticar con su habitual acidez –escribe regularmente en El Mundo– el tratamiento periodístico, en particular de El País, del caso de los trajes, la pieza del caso Gürtel en la que Camps fue juzgado y absuelto. 

El provocador título ha resultado aún más provocador después de que, pocos días antes del lanzamiento, dos jueces hayan abierto sendas piezas en las que Camps está investigado, que se suman a la imputación que ya tenía en el asunto de la Fórmula 1. Ni eso ni la cantidad de excolaboradores de Camps imputados –algunos condenados– debilitan el buen concepto que tiene del expresidente.

-El libro se centra en el tratamiento del caso de los trajes por parte de El País, pero extiendes el problema a toda la prensa. Dices que fue un ejemplo de posverdad antes de que surgiera esta palabra. ¿Qué diferencia a este caso de otros excesos de la prensa en el tratamiento de casos penales? Porque no es el único.

-Sí, excesos de la prensa con casos penales hay abundantes. Hay una manera muy gráfica de explicar la singularidad del caso y por qué yo me ocupo de él, y es hacer un lead clásico de lo que hizo el diario El País con este asunto. Y el lead podría decir algo así como "el diario El País dedicó 169 portadas durante tres años a un hombre que se había comprado cuatro trajes en Milano".

-No sería tanto por los trajes sino por el personaje, un presidente del un gobierno autonómico imputado. A Betoret o a Costa no les dedicaron el mismo espacio.

-Sí, pero insisto, el diario El País dedicó 169 portadas en tres años a un hombre que se había comprado unos trajes. 

-¿Y el resto de los medios?

-Fueron seguidistas en general de este tratamiento, lo que sucede es que ese seguidismo, primero, fue algo más moderado y, en segundo lugar, casi nunca estuvo en la vanguardia de las noticias. Las grandes exclusivas sobre el caso las dio el diario El País. Por otra parte, es elegido porque es el diario más influyente de España.

-Afirmas que hay un populismo mediático contra el Partido Popular nacido con el ‘No a la guerra’ y el ‘Prestige’.

-Todo incidente tiene unos precedentes. Evidentemente aquí hay una cacería populista… Al Prestige también se le dedicaron muchas páginas, y muchas páginas absurdas, pero no es lo mismo que se le dediquen páginas a la destrucción de una parte del ecosistema de un lugar en Galicia, que es un hecho real, que, insisto, a la compra de cuatro trajes en la tienda Milano.

-En el año 2000 publicaste Raval, que analizaba el tratamiento de la prensa en otro proceso penal, en aquel caso por abuso de menores. ¿Son los mismos errores los de los periodistas del caso del Raval que en el de Camps?

-Hay una diferencia sustancial, primero, entre los dos casos. Uno es un caso de corrupción política, otro es un caso de corrupción sexual. Pero hay una diferencia fundamental, y es que el caso del Raval es un caso que yo escribí cuando no había sentencia, por tanto tenía que ocuparme de los hechos en sí. Estos están juzgados y no es necesario ocuparse de ellos. Y hay otra gran diferencia, que es el método de cómo se cuenta la historia del Raval y cómo se cuenta esta. En Raval el método que se utiliza es el sumario y aquí son los periódicos, las 169 portadas… bueno, las 124 que al final publico sobre el caso.

-¿Está el periodismo español peor que hace 18 años?

-No, yo creo que está mejor, como creo que el periodismo mundial está mejor. Es verdad que se ha producido una ruina en el negocio, pero eso no tiene nada que ver. Esa ruina ha provocado una proletarización de la profesión, pero las posibilidades de hacer hoy un buen trabajo periodístico son mucho mayores de lo que lo eran hace veinte años.

-En el libro hablas de sectarismo y pereza como causas de la criticada cobertura del caso de los trajes. ¿Qué debe hacer el periodista cuando el juez instructor dice que un político es sospechoso y lo sienta en el banquillo, como lo había en este caso? ¿Debe investigar por su cuenta y sacar sus propias conclusiones?

-No, eso sería… Bueno, si puede investigar por su cuenta y sacar sus propias conclusiones…

-Sería un juicio paralelo.

-Vamos a ver, que un juez investigue a un señor no impide a un periodista investigarlo. Pero lo que debe hacer un periodista con un caso en marcha es, primero, tener conciencia de que está trabajando en un instante de la verdad que admite versiones. Es decir, la verdad existe, y es una. Pero hasta cristalizar como tal pasa por unas fases, y esas fases son las versiones. Una de las características de este relato infame al que nos estamos refiriendo es que prácticamente solo se oye la voz de la acusación, la voz de la defensa apenas aparece. Por lo tanto, una de las primeras cosas que debería hacer un periodismo responsable es intentar ser ecuánime en la presentación de los hechos cuando están sometidos todavía al régimen de las versiones. Cosa muy distinta es que tengan que ser ecuánimes cuando esa verdad ya ha cristalizado, porque entonces sería como poner verdad y mentira en el mismo fiel de la balanza. 

-Además del análisis de las 169 portadas, escrutas la instrucción que hizo el juez José Flors, que no sale bien parado en el libro…

-Hombre, es uno de los principales responsables.

-¿No es un poco ventajista cargar contra el instructor cuando el reo sale inocente? Se podría hacer con cualquier instructor si el juicio acaba en absolución, cuando su trabajo no es juzgar sino llevar al reo al banquillo si ve indicios.

-En efecto, lo que sucede es que el trabajo de un instructor puede verse alterado en el juicio oral, y muchas veces así sucede, por la aparición de testimonios nuevos, por el cambio de las versiones de los hechos. Por ejemplo, ahora tenemos un caso clarísimo relacionado con todo esto, el señor Costa, que ha cambiado en el juicio oral, y tú no puedes culpar al instructor. Efectivamente, ha trabajado con buena fe. Incluso, el instructor puede equivocarse. Pero, desgraciadamente, no es el caso del señor Flors. El caso del señor Flors no se desacredita por el juicio oral, por algún cambio... Imaginemos por ejemplo, que al señor Flors el señor Tomás (sastre de Camps) le hubiera dicho 'A' y luego hubiera dicho 'B'. Entonces podría justificar el señor Flors, oiga, si a mí el señor Tomás me dijo que era culpable y resulta que en el juicio oral dice que era inocente, pues yo qué quiere que le diga. Todo eso serían justificaciones. Pero no es este el caso.

-Hubo algunos casos, como el de Isabel Jordán, que dijo una cosa en la instrucción y en el juicio dijo que no recordaba.

-No. Isabel Jordán dijo en la instrucción que había oído… que había oído. No hubo ningún cambio significativo. Es más, el señor Flors se negó, por ejemplo, a incluir en la instrucción el testimonio de los escoltas del señor Camps que pagaron su chaqueta. El señor Flors no quiso incluir en la instrucción las conversaciones subrepticiamente grabadas al señor Pablo Crespo en conversación con su abogado en las que decía que no había pagado nada a Camps. El señor Flors no quiso introducir en su investigación los archivos de El Corte Inglés que demostraban una costumbre del señor Camps que era la de pagar sus trajes en efectivo durante muchos años. Es decir, el señor Flors hizo cosas que atentaban contra la verdad y contra el sentido común. Por eso no es ventajista decir que su trabajo fue de un necedad absoluta, por no decir algo peor, que seguramente me llevaría a mí ante el señor Flors o ante otro juez similar.

-En el libro pasas por alto que cuatro de los nueve miembros del jurado no consideraron a Camps inocente. A lo mejor no era tan evidente.

-Me habría dado igual que el resultado hubiera sido al revés. Con todo lo que yo sabía y sabía cualquiera, es evidente que el caso no debió nunca llegar a juicio ni nunca debió traspasar la aduana de la instrucción. La obligación de la Justicia es que cualquier ciudadano pueda opinar en los términos en los que lo estoy haciendo yo, porque la Justicia tiene una obligación, que es la de mostrarse transparente e inteligible. Por lo tanto, cualquier persona alfabetizada, examinando unos documentos y el conjunto de un sumario debe llegar a las mismas conclusiones a las que llegó el tribunal popular. Por lo tanto, yo opino que aunque el resultado del jurado hubiese sido el inverso, el señor Camps, que habría sido declarado culpable, evidentemente no sería, a mi juicio, responsable de los hechos que se le imputaban. Y por lo tanto, que hubiera cuatro personas que votaran eso revela que esas personas no habían analizado con exactitud y con precisión los materiales que tenían entre las manos.

-Dices que el título del libro proviene de una frase que atribuyes al juez Flors en una noche de copas con dos amigos. ¿Lo tienes contrastado, lo has hablado con él?

-No.

-Lo digo porque en el libro criticas el uso de fuentes anónimas por parte de los periodistas, pero en esta cita no se identifica a la fuente.

-No es una cita. Lo explico también en el libro (si no va entre comillas no es textual), por lo tanto, yo respeto la posibilidad de que eso sea una transcripción aproximada de una conversación. Yo podría hacer lo que hacemos los periodistas habitualmente, que es atribuirla a fuentes de su entorno, a personas presentes aquella noche en la cena… No me da la gana. Creo que quien tiene que asumir la responsabilidad de lo que cuenta no son unas fuentes ignotas, sino el propio periodista. De todo lo que no está entrecomillado, asumo yo la responsabilidad.

-Has hablado durante cuatro año con Francisco Camps y con su esposa. ¿Has hablado con más implicados en el caso, otros acusados, abogados…?

-Con su esposa no he tenido conversaciones, con él he tenido bastantes conversaciones en las que siempre ha habido una parte que podía revelarse y otras que no. Eso ha pasado con decenas de testimonios que hacen lo mismo, es decir, no ponga usted que ha hablado conmigo o que yo he dicho esto. Lo que es la investigación típica en un caso como este, que todavía levanta pasiones. Ante esto, he preferido utilizar ese método de asumir yo la responsabilidad del relato antes que escudarme en fuentes cercanas a...

-En tus columnas en El Mundo, has llamado más de una vez presunto delincuente a Artur Mas o a Carles Puigdemont. ¿Es Camps, imputado en tres causas por corrupción, un presunto delincuente?

-Eso no es así. Yo he llamado delincuente al señor Mas, no presunto delincuente, porque el señor Mas es un delincuente juzgado y condenado. Hemos tenido un presidente delincuente, es una cosa muy importante. 

-¿Y Camps?

-¿Por qué es un buen tío Camps? Voy a contestar y contesto así de paso a lo de presunto delincuente. El libro se titula Un buen tío por la frase de Flors, que es la anécdota, pero por debajo hay una evidencia mucho más complicada. Tú eres un buen tío, esta señora (señala a la fotógrafa) es una buena tía, yo soy un buen tío… Y la única autoridad para quitarnos, aunque sea episódicamente, esa condición es la sentencia de un juez. Llamarle a Camps un buen tío, aparte de que me parece un buen tío en el sentido coloquial de la expresión, era sobre todo una forma de reivindicar con una cierta elegancia discursiva la presunción de inocencia. El señor Camps no ha sido condenado nunca por un tribunal y por lo tanto tiene derecho a algo más que la mísera, vil e infame cacería a la que le han sometido.

-Escribes que Camps es "un político inteligente, trabajador y honrado", pero presidía un partido cuya cúpula, excepto él, está sentada en el banquillo por financiación ilegal y un Gobierno del que han salido, de momento, nueve imputados sin contarle a él, incluidos tres de los cuatro vicepresidentes que tuvo. Quizá como gobernante no era tan bueno.

Mis conocimientos de la política valenciana no son profundos, pero tampoco inexistentes, y por supuesto, el señor Camps es el mejor gobernante que ha tenido la Valencia moderna. Su calidad política y su calidad humana están muy por encima de los actuales gobernantes valencianos. Pero esto es una opinión sin mayor tonelaje, es mi opinión. Lo que indica tu pregunta es una cosa distinta, lo que indica es hasta dónde llega la famosa responsabilidad política. Uno no es un corrupto, pero está rodeado de corruptos. El señor Camps tenía en su círculo al consejero Blasco, que está en la cárcel por un asunto además especialmente feo. Y luego hay otra persona importante en el entorno del señor Camps, que es el señor Carlos Fabra, condenado por delito fiscal. Bueno, son dos, y esas dos son las dos únicas noticias a las cuales me pienso referir. 

-Hay otra exconsellera condenada.

-Sí, Milagrosa (Martínez), pero no es firme la sentencia, está recurrida al Supremo. Por tanto solo voy a hablar de estos dos asuntos, porque sería como traicionar mi tesis. Es una desgracia, efectivamente, que el señor Camps tuviera un consejero que está en la cárcel. Es una desgracia que el señor Camps, el Partido Popular, tuviera a una persona tan importante en su zona como el señor Fabra y que este señor haya estado en la cárcel. Es muy lamentable, terrible, es una cosa realmente espectacular… ¿Qué vamos a hacerle? En Cataluña, por ejemplo, puedo hacer la lista de los consejeros, de qué ha pasado con las personas que rodeaban al pujolismo, con su propia familia… Porque solamente hay una manera de comprender, que es comparar. Y comparando, la Comunidad Valenciana –que por cierto, los valencianos os habéis dejado decir que es un nido de corrupción apestoso, que es un lugar infame lleno de gentuza vil y lamentable– es, según las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial, recientes, la octava comunidad española en número de procesados por corrupción, la octava. Por debajo de Asturias y por encima del País Vasco, y, desde luego, por debajo de Cataluña y Andalucía. Serán los valencianos los que tendrán que responder por qué han aceptado el estigma de convertirse en la cloaca corrupta de Europa cuando la realidad de los hechos es que ocupa el octavo lugar de todas las comunidades españolas. Es un asunto periodísticamente muy interesante para analizar.

-Cuando Rafael Blasco fue denunciado por robar el dinero destinado a Haití, Camps no hizo nada, lo mantuvo como conseller más de un año. Y cualquiera que conociera la política valenciana sabía quién era Blasco, expulsado del gobierno socialista y del PSOE por corrupción y con una larga fama de irregularidades.

-Hizo muy bien el señor Camps en mantener al señor Blasco.

-A pesar de las evidencias.

-Ninguna. Evidencias, no. Las palabras se han de utilizar con precisión: indicios.

-Indicios bastante consistentes.

-Si fueran indicios bastante consistentes estarían en el juicio.

-Hubo juicio, bastante rápido, y condena.

-¿Y qué pasó cuando lo condenaron?

-Cuando se dictó la apertura de juicio fue apartado del PP, pero eso fue ya con Alberto Fabra.

-Muy bien hecho, ese es el momento.

-Hablabas antes de Cataluña. A lo mejor lo de la corrupción en Valencia lo verías de forma diferente si vivieras aquí y te hubieran subido los impuestos para pagar todos los excesos que cometieron los gobiernos de Camps.

-Por desgracia, pago más impuestos en Cataluña de los que pagáis los valencianos.

-¿Porque hay más corrupción?

-Efectivamente, yo estaría encantado de estar en Valencia, sería para mí una absoluta felicidad, porque dados los corruptos valencianos, los prefiero a los catalanes, aunque solo sea por volumen.

-Pero al final es una apreciación personal del periodista. Aquí seguramente somos más críticos con Camps porque lo hemos sufrido, aún lo estamos pagando. 

-Yo lo único que puedo hacer es compadeceros, daros toda mi solidaridad, no puedo hacer otra cosa. Y aparte de eso, os digo: antes que sufrir tanto, mirad las estadísticas que sitúan con precisión en lugar de Valencia en el mapa de la corrupción española.

 

Noticias relacionadas