EL CABECICUBO DE SERIES, DOCUS Y TV 

9 de cada 10 raperos recomiendan comer más verdura

El hijo de Quincy Jones locuta un documental que invita a los negros de Estados Unidos a alimentarse con una dieta vegana, hacer ejercicio y meditación, aparte de tocar el tambor para no perder la esencia africana. Estrellas del hip-hop avalan el mensaje. Nosotros, mediterráneos, abogamos inevitablemente por que exijan servicios de Educación, Sanidad y Salud Pública de calidad financiados por los impuestos de las capas que gozan de su condición obrera, a ver qué pasa después… 

14/07/2018 - 

VALÈNCIA. El documental es mejor empezarlo por el final, como el periódico. Feel Rich: Health Is the New Wealth, de Peter Spirer para Netfix y locutado por Quincy Jones III conviene iniciarlo en los créditos. Ahí aparecen una larga lista de raperos muertos por complicaciones con la diabetes o infartos; problemas derivados de una alimentación deficiente, básicamente. Si uno no se pone esas lacrimógenas imágenes, no tomará conciencia del problema que hay en Estados Unidos con la nutrición y creerá que esta película se debe a que el Frente de Juventudes ha tomado el poder de nuevo y la Iglesia tutela y controla las manifestaciones juveniles.  

Hay que admitir que las estéticas malditas del rock y el pop no tienen mucho recorrido. Vivir joven y dejar un bonito cadáver es una filosofía más idiota que asar manteca. Pero claro, uno puede ser temeroso de dios y huir de lo que le puede hacer daño y luego, a la hora de la verdad, ponerse palote con los que viven al límite. Ya sea saliendo a un escenario borracho y drogado, sucio y sin afeitar, gordo, gritando incoherencias y juramentos, ya sea babeando semiinconsciente, esos estados parece que tienen cierta mística en el público. Los héroes nos gustan muertos y también muriéndose. Si Amy Winehouse se hubiera cuidado ya estaría olvidada. 

¿Somos idiotas? Es muy probable. El suicidio, se ejecute como se ejecute, nos excita. Nos produce cierto placer íntimo. El pueblo español ha tenido este fenómeno siempre muy bien ordenadito y con sus normas en la tauromaquia, pero en la segunda mitad del siglo XX con la revolución de la música popular el mundo se ha enfrentado a una profusión de ídolos ridículos, un deseo subconsciente de que mueran y una necesidad de martirologio y dramas estériles que llenen vidas vacías que, por lo que se ve, ahora toca a su fin. Esa es la noticia que trae esta columna esta semana. 

 

Porque Feel Rich: Health Is the New Wealth le ha dejado a quien esto escribe sin palabras. Como una buena novedad, como un auténtico cambio de paradigma. Se trata de un documental en el que una serie de artistas del mundo del hip-hop (Common, The Game, Crystal Wall, Paul Wall, Fat Joe, Russell Simmons, Stic.Man, Afya Ibomu, Jermaine Dupri, Slim Thug y Styles P) intentan fomentar una vida sana entendida al modo estadounidense actual.

En el poblado e hipermercado de la droga de La Rosilla circulaba una hoja informativa en su día que decía “Si te pinchas, no te pinches en la arteria”. Abogaba por que las gentes distinguieran las venas a la hora de picarse la muerte en ellas. En las máquinas recreativas nos decían aquello de “Winner don´t use drugs” cuando echabas los cinco duros. Pues bien, ahora se nos dice que hay que ser vegano de lo que cultivas en tu huerto urbano, hacer un poco de yoga o meditación y, en ese momento, te sentirás… rico. ¡Vaya! justo lo que deseas, y el motivo por el que te has drogado, tanto porque no lo eres como porque lo eres. 

Las teorías que aporta el documental es que los negros, cuando huyeron del sur hacia las ciudades, abandonaron sus hábitos de consumo, que eran muy sanos. En la ciudad se desarraigaron y empezaron a comer mal, pollo frito y lo que pillaban, en lugar de los productos extraídos directamente de la tierra. 

Esta problemática derivó, sigue la línea argumental, en que los artistas de hip-hop cuando se van de gira solo comen porquerías. Igual que cuando pasan largas jornadas en el estudio grabando. Solo se meten KFC y comida china. 

Y luego, vaya, resulta que mueren jóvenes. Alrededor de los cuarenta años. El drama se adereza con pediatras que dicen que están sobrepasados por la oleada de diabetes infantil y la sentencia ya te deja en el sitio. Dice: “Esta puede ser la primera generación que viva menos que sus padres”. Encima será verdad. 

 

Llegados a este punto, los raperos proponen hacer footing con los amigos. Ir al gimnasio. Hacer yoga y meditar. Hay un porqué. La felicidad que se obtiene con el dinero, ya sea ganándolo o gastándoselo en drogas y placeres varios, no es felicidad, es felicidad artificial. 

Ahí pasan a madres solteras, que cuentan lo mal que lo han pasado para criar a sus hijos en la pobreza y lo mucho que las ha ayudado meditar. Se promocionan locamente los huertos urbanos, donde la gente puede comer, dicen, verduras sin descanso cada día y encima hacen comunidad relacionándose unos con otros y compartiendo. 

En un momento dado aparecen delirios nacionalistas. Salen afroamericanos tocando el tambor y explican que el negro que llegó a Estados Unidos nunca perdió sus raíces y que si en algún momento lo hace “será como los demás”. Para a continuación pasar a delirios místicos, cuando un sujeto que gestiona huertos urbanos dice que la agricultura era una comunión con la naturaleza que se estropeó cuando se monetizó. Vale.

 

Solo se puede extraer una lección de toda esta exhibición: qué terrible es la desigualdad en Estados Unidos que, a la gente con menos recursos, tiene que venderle esta moto de la salud. Un artista, de hecho, lo dice abiertamente: "Nuestra responsabilidad es que la gente vea nuestro estilo de vida y empiece a gravitar en torno a él".

El gran Quincy Jones viene a expresarlo de una manera o de otra soltando que lleva diecinueve meses sin beber y que ahora es más creativo que nunca, sobre todo desde que logró seguir con vida después de que su médico le dijera que si seguía comiendo dulces iba a morir. Ok. 

Tú mente cambia según lo que comas, como decía Baroja cuando fue médico en La Mancha, y te sentirás mejor si meditas, haces yoga y eres vegano. Ese es el mensaje. Lo único que olvidan estos nuevos buenos ciudadanos es que para “sentirse rico”, aspiración del target de este documental, no basta con querer comer bien y tal. Es mucho más importante tener dinero; dinerito fresco bien repartido que te da educación. Una ecuación que en un país con servicios tan desiguales y privatizados se cumple con exactitud. 

 

Parece obsceno que se diga que los negros tienen que tocar el tambor cuando descansan de cultivar un huerto urbano para “sentirse ricos de verdad” porque… oye, están sanos. Los negros tienen que exigir servicios públicos que se ganan como la clase obrera que son en amplia proporción y financiados con impuestos. Ciertamente como mediterráneo que sabe alimentarse como una persona y no como un perro canino, no puedo obtener otra conclusión de este aberrante documental new age.