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BREVE ENCUENTRO (IV)

Distópico Berlín en el apocalipsis de la Guerra Fría, diálogo entre Sergi Puertas y Johnston/Hart

16/10/2017 - 

Una torre de libros también es un lugar de encuentro, de efímera proximidad entre las cubiertas de dos obras de muy diferente factura, pero que acaban entrando a la par por el sexto sentido lector de manera intuitiva: “esto hay que leerlo… y esto también”. El crossover se produce fruto de la más absoluta improvisación, del azar tan querido por ese gran autor sin nobel llamado Paul Auster, que en breve verá aparecer su nuevo 4 3 2 1 por estas páginas digitales.

Coronando esa torre de lecturas se encontraban, contracubierta sobre cubierta, dos obras de diferente factura y técnicas narrativas sin mucho en común: uno de esos objetos librarios de estética sugerente y diseño sublime, fruto de la mente de Enrique Redel y su editorial Impedimenta, con la camisa de la sobrecubierta (así como las cubiertas desnudas) ilustrada con la colorida y exótica obra del alemán Friedrich Wilhelm Kuhnert “Indianische Kultur”, para la Meyers Konversations-Lexikon, en 1916, la colección de relatos Estabulario, del autor barcelonés Sergi Puertas (Barcelona, 1971), y bajo él, una novedad de la nueva apuesta de la división de cómic del gigante Planeta, Planeta Cómic, por el “cómic adulto”. Una nueva obra híbrida en que autores relacionados hasta ahora con el mainstream del cómic de superhéroes y su nueva etapa de “homologación” entre el llamado público de “cómic europeo”, ofrecen una obra que goza de algunas de las características de los dos mundos de la historieta gráfica, más allá del nuevo estándar de la élite, la “novela gráfica”. The coldest city (La ciudad más fría) es una obra en la que el guionista, novelista y autor de videojuegos británico Antony Johnston (Birmingham, England, 1972), conocido por la distópica serie Wasteland,  ha dejado caer su propio gusto lector. Dibujada por Sam Hart (Reino Unido, 1974), británico también, aunque residente en Brasil,  conocido por su trabajo para las series Starship Troopers y Juez Dredd, con una sobria y ortodoxa utilización del blanco y negro, los vacíos, los primeros planos y una anatomía clásica, junto con una composición lineal de las viñetas, en la que contadas son las veces que rompe la estructura de cuatro viñetas por página, simétricas o en dos proporciones, asumiendo el ambiente, el espíritu del trabajo narrativo de Johnston, mucho más un homenaje a la narración clásica de espionaje, que un pastiche bienintencionado.

 En declaraciones a RTVE Johnston dijo que “siempre me ha encantado el género del thriller. He leído un montón de libros de John le Carré y disfruto mucho con las películas de James Bond y filmes tipo Funeral en Berlín, con protagonistas como Harry Palmer. Tengo la caída del Muro de Berlín clavada en la retina: recuerdo verlo en directo  en la tele. Sabía que estaba presenciando un momento histórico, un evento que podría llevar a la paz mundial y un futuro mejor. Me pareció que esa expectación podría funcionar muy bien como trasfondo para una historia de espías". Y lo consigue con una narración confusa de agentes dobles y triples, donde la KGB, la Stasi, el MI6, la CIA y el DGSE francés mueven sus peones con fría y calculada crueldad en el Berlín pre y post caida del muro, los días previos a esa noche del jueves 9 al viernes 10 de noviembre de 1989, y los días posteriores. El cómic sirvió de inspiración para que en el verano de 2017 se estrenara un film con aspecto de thriller de acción, a la mayor gloria de la, por otro lado, nada desdeñable actriz Charlize Theron, con el título de Atómica, un negativo de vertiginosa acción de la dialogada y contenida obra de Johnston y Hart, digna del mejor Smiley, checkpoint Charlie incluido.

Sergi Puertas también parte de una premisa narrativa no del todo desconocida, la de la ficción apocalíptica de un J. G. Ballard, un Stanislaw Lem o un desatado David Cronenberg. Imagino que la cita a Chirbes que se encuentra entre el material promocional de la obra está referido a que la prosa de Puertas no se centra en su funcionalidad expositiva, sino que además goza de un alto sentido del ritmo de la lengua y una fascinante capacidad por narrar desde la complicidad con un lector tipo ya educado en el mundo digital y en las pautas de conducta impuestas por la creciente tecnificación de la vida diaria. En el caso de este Estabulario, colección de seis relatos de media maratón, el apocalipsis no tiene necesariamente que generar un mundo distópico, y no lo hace porque la diferencia entre el “universo distópico de Black Mirror” citado como referente, y las historias de softwares averiados con deficiente servicio de mantenimiento, de hipotecas para poder trabajar, de charlas intrascendentes entre la violencia las balas, es la hipérbole y el humor, al mismo tiempo que ofrece una vía de escape a la pulsión homicida de los jugadores de rol en acción militar táctica o antihéroes criminales, tipo Rainbow Six  o GTA, creando una narración multinivel con un estilo textual que recuerda (y tal vez bebe conscientemente) a Conrad, a Asimov, a Bradbury: “Avanzamos por la ciudad explosionando vehículos, trenes, edificios. Explosionamos uniformados, personas. Negamos frenta a todo lo vinculado a las malas experiencias. Incrementamos la temperatura de sus moléculas. Incrementamos nuestro número. Somos mil, somos diez mil, somos cien mil. Toda explosión comporta un fin. Toda explosión comporta un principio. Por eso nos gustan las explosiones. Por eso las generamos conforme marchamos por las calles”. Aquí sí, la impronta de Ballard es como un sello con hierro candente.

 

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