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NORMA EDITORIAL EDITA EL HOMENAJE AL CENTENARIO DE ALBERT CAMUS REALIZADO POR JOSÉ LENZINI Y LAURENT GNONI 

Albert Camus, un discurso en imágenes

9/12/2017 - 

ALICANTE. Si la novela es el gran género fagocitador, capaz de incorporar cualquier formato discursivo e integrarlo en una narración que sumerja al lector en los entresijos de su propia vida, la de los otros, o la nada absoluta, el cómic se está convirtiendo en su aliado más fiel. Ahora mismo ya sirve tanto para un roto como para un descosido, no en vano se ha creado el socorrido híbrido de la ‘novela gráfica’ justo para establecer esa relación de yuxtaposición y solapamientos de un gran cajón de sastre, con una a veces empachosa tendencia a la autoficción y la biografia mas o menos encubierta, aunque en algunos casos ha producido obras de magnífica factura que se encuentran entre lo mejor de la historia del cómic, como en el caso del canadiense Seth o el norteamericano Pekar.

Desde hace unos años se ha abierto una nueva vía que recorre el camino entre el álbum ilustrado, como aquellas biografías de los años setenta que en cada capítulo incorporaba un par de páginas enfrentadas de viñetas, aportando información complementaria al texto o, incluso, haciendo avanzar la narración. Tengo un especial recuerdo de una dedicada al Papa Pablo VI, uno de los referentes morales de mi abuela. No tenía nada de experimental aquello, sino más bien un inocente intento de popularización. 

Las hagiografías han vuelto al mundo del tebeo, dejando en manos del aparato gráfico los aspectos más críticos de la biografía. Lo hemos visto este mismo año en el ‘Cortázar’ de Jesús Marchamalo y Marc Torices, editado por Nórdica, donde el texto de Marchamalo se construye sobre el elogio encendido y la fascinación, dejando en los trazos de Torices los aspectos más sórdidos y las obsesiones del argentino universal. 

Norma Editorial ha editado el volumen que el especialista en Albert Camus José Lenzini, junto con el dibujante Laurent Gnoni, dedicaron al pensador francoargelino en el centenario de su nacimiento, bajo el título ‘Camus. Entre justicia y madre”, centrando el discurso en la filiación maternal que lo mantendrá unido al Argel nativo, y la vertiente periodística del filósofo, fundamentada en su compromiso con la justicia: 

“Corresponde al periodista, mejor informado que el público, presentarle a este con la máxima cautela una información cuya precariedad él bien conoce”, será una de las citas que Lenzini seleccione para caracterizar el personaje.

Con trazo limpio y una utilización de las tramas de colores planos que recuerda los tiempos heróricos de las láminas y los cutters, con un cromatismo sencillo en ocres y azules, intercala composiciones de tres o cuatro viñetas, en horizontal y también en vertical, incluso viñetas de página completa enfrentadas, con un uso intensivo de cartelas, más que de bocadillos, con páginas de texto ilustrado, en las que se establece un monólogo dirigido al propio Camus, utilizando como eje temporal el momento de su discurso de aceptación del Premio Nobel.

Especialmente memorable es el epílogo que reconstruye la memoria de Saïd Kessal, el joven argelino que se enfrentó a Camus en la rueda de prensa posterior a la recepción del Nobel, y su sinceridad a la hora de reconocer que en aquel momento no se dirigía más que a la figura pública, cosa que Camus ha seguido siendo durante mucho tiempo, tal vez demasiado, conociddo mucho más que leído.

“El papel del escritor no está exento de complejas tareas. No debe ponerse al servicio de aquellos que hacen la historia: tiene que estar a disposición de aquellos que la padecen”. Esta cita también escogida por Lenzini, tiene la misma importancia en el desarrollo moral y humano de Camus que aquella con la que se dirigió a Kessal para zanjar la discusión: “Creo en la justicia, pero antepondría a mi madre a defender la justicia”.

Desde la portada, la mirada melancólica y a la vez seductora de Albert Camus, con su sempiterno cigarrillo colgando indolente en la comisura derecha de la boca, aportando al conjunto un pequeño aire socarrón que humaniza aún más al personaje, magníficamente reproducido por el pincel de Gnoni.

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